Entre el 10 de diciembre y el 4 de enero, el Teatro Real programará 16 representaciones de Carmen, de Georges Bizet, en una producción realizada junto a la Royal Ballet and Opera de Londres —donde se estrenó en abril del pasado año y fue repuesta posteriormente— y el Teatro alla Scala de Milán, que la incorporará a su escenario el próximo mes de junio.
La dirección musical estará a cargo de Eun Sun Kim, actual responsable de la Ópera de San Francisco desde 2021. La maestra inició su trayectoria internacional precisamente en el Teatro Real, tras recibir en 2008 el primer premio de la segunda edición del Concurso Jesús López Cobos, de quien fue asistente durante dos años en Madrid.
El montaje escénico corre a cargo de Damiano Michieletto, que propone una lectura naturalista y de marcado carácter psicológico. La acción se traslada a los años 70 en un pequeño enclave mediterráneo dominado por un clima opresivo. En este entorno, Carmen aparece como una figura que desafía abiertamente las normas sociales y que actúa desde una posición de autonomía personal que acaba chocando de forma directa con el orden establecido.
La producción contará con tres repartos: los papeles de Carmen serán interpretados por Aigul Akhmetshina, J’Nai Bridges y Ketevan Kemoklidze; los de don José, por Charles Castronovo y Michael Fabiano; Escamillo estará encarnado por Lucas Meachem, Luca Micheletti y Dmitry Cheblykov; y Micaëla por Adriana González y Miren Urbieta-Vega.
Eun Sun Kim dirigirá al Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y a los Pequeños Cantores de la ORCAM en todas las funciones, salvo las previstas para el 3 y 4 de enero, que estarán bajo la batuta de Iñaki Encina.
La presentación de esta nueva puesta en escena coincide con los 150 años de la creación de Carmen, estrenada en 1875 en la Opéra-Comique de París. Aquel estreno, marcado por la controversia, contrastó con el aprecio inmediato que músicos como Brahms, Chaikovski, Saint-Saëns y Nietzsche mostraron hacia la obra. Su autor, Georges Bizet, no llegó a ser testigo el éxito posterior del título, ya que falleció por un ictus tres meses después de la première, con solo 36 años.
El clima cultural de la Francia posterior a la guerra franco-prusiana no favorecía la irrupción de una protagonista de carácter libre, ajena a los modelos morales convencionales y situada entre ambientes marginales y militares. A ello se sumaba el momento de transición que vivía el género: la opéra-comique, con su alternancia entre música y diálogos, comenzaba a aproximarse a la grandiosidad de la grand opéra, influida progresivamente por el universo wagneriano.
La adaptación de la novela Carmen (1845), de Prosper Mérimée, emprendida por Bizet junto a Henri Meilhac y Ludovic Halévy, exigió superar numerosos condicionantes impuestos por la Opéra-Comique. Pese a ello, se mantuvo la esencia del relato y su ambientación exótica, aunque se suavizaron aspectos del original y se añadieron personajes que reforzaran la cohesión dramática. La tensión creciente entre Carmen y Don José se convierte así en el eje estructural de la obra, que avanza hacia un final inevitable.
Musicalmente, la partitura destaca por la riqueza orquestal, la variedad rítmica y la identificación inmediata de los personajes mediante el tratamiento temático, además de una eficaz relación entre música y acción escénica. La escritura coral y de conjunto confiere a las escenas colectivas un dinamismo casi cinematográfico.
En la propuesta de Michieletto, el espacio escénico diseñado por Paolo Fantin se organiza mediante un gran elemento giratorio que representa un entorno cerrado y asfixiante, situado en una zona rural que evoca tanto la Andalucía más árida como ciertas imágenes mediterráneas próximas al cine de Sergio Leone. Los interiores reducidos —como una comisaría, un almacén o un club nocturno— contrastan con un exterior extenso y desolado, reforzando la idea de un mundo sin escapatoria. El vestuario de Carla Teti enmarca la acción en los años 70. En este contexto, se plantea el enfrentamiento entre una sociedad rígida y la figura de Carmen, cuyo impulso vital acaba chocando con un sistema que solo le ofrece una salida trágica. La presencia simbólica de la madre de don José intensifica el peso de ese entorno conservador.
Desde la reapertura del Teatro Real, se han presentado dos producciones de Carmen: en 1999, con dirección musical de Luis Antonio García Navarro y puesta en escena de Emilio Sagi —repuesta en 2002 con Alain Lombard—, y en 2017, dirigida musicalmente por Marc Piollet en el montaje de Calixto Bieito. El pasado año se ofreció una versión en concierto con la partitura original de 1874, bajo la dirección de René Jacobs.
La nueva lectura escénica de Damiano Michieletto y la dirección musical de Eun Sun Kim se suman así a la historia del título en el Teatro Real, ofreciendo al público una aproximación distinta a una ópera que mantiene intacta su capacidad de impacto siglo y medio después de su estreno.
Las funciones cuentan con el patrocinio de la Fundación BBVA. Asimismo, se han organizado diversas actividades relacionadas con Carmen en el Teatro Real, la Universidad Nebrija, el Museo Cerralbo, la Biblioteca Regional de Madrid y en colaboración con ACNUR.