Un equipo internacional de investigadores ha descubierto unos fósiles humanos de 773.000 años de antigüedad que podrían estar muy cerca del último ancestro común de los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos. El hallazgo, publicado en la revista Nature, aporta nuevas pistas fundamentales sobre los orígenes africanos de la especie humana.
Los restos proceden del yacimiento de Thomas Quarry I, en Casablanca (Marruecos), y han sido analizados por un consorcio científico liderado por Jean-Jacques Hublin (Collège de France y Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva), junto con investigadores de Marruecos, Francia, Italia y Alemania. Se trata de uno de los conjuntos fósiles mejor datados del Pleistoceno africano.
Un yacimiento excepcionalmente bien datado
Determinar la edad exacta de los fósiles humanos antiguos suele ser una tarea compleja. Sin embargo, este yacimiento destaca por una circunstancia extraordinaria: los sedimentos que contenían los restos registraron con gran precisión la última inversión del campo magnético terrestre, conocida como la transición Matuyama–Brunhes, ocurrida hace unos 773.000 años.
Gracias al análisis de 180 muestras magnetoestratigráficas, una resolución sin precedentes en un yacimiento humano de esta antigüedad, los investigadores pudieron situar los fósiles en un marco temporal extremadamente preciso. De hecho, los restos humanos se depositaron justo durante el breve periodo —de entre 8.000 y 11.000 años— en el que el campo magnético de la Tierra cambió de polaridad.
Décadas de excavaciones en la costa atlántica marroquí
El descubrimiento es fruto de más de 30 años de trabajo continuo en el marco del programa franco-marroquí Préhistoire de Casablanca. Las excavaciones sistemáticas y los estudios geológicos han revelado que la costa atlántica de Marruecos es una auténtica “caja fuerte” del Pleistoceno, con condiciones ideales para la conservación de fósiles y restos arqueológicos.
Thomas Quarry I se sitúa en una región famosa por sus antiguas líneas de costa, dunas fósiles y sistemas de cuevas formados por antiguos ascensos del nivel del mar. En este entorno se documentan algunas de las industrias achelenses más antiguas del noroeste de África, con una presencia humana que se remonta a 1,3 millones de años.
Restos humanos con rasgos primitivos y modernos
Los fósiles proceden de la llamada Grotte à Hominidés, una cueva que probablemente funcionó como guarida de carnívoros. Entre los restos se han identificado una mandíbula adulta casi completa, otra mandíbula parcial, una mandíbula infantil, vértebras y dientes aislados; uno de los fémures presenta incluso marcas de mordeduras.
El análisis mediante micro-tomografía computarizada (micro-CT) y técnicas de morfometría geométrica revela una combinación de rasgos arcaicos y derivados. Los investigadores destacan que estos homininos no encajan plenamente ni con Homo erectus ni con Homo antecessor, y se diferencian claramente de los neandertales.
Según los especialistas, estas poblaciones podrían representar una forma humana basal, cercana al tronco evolutivo del que más tarde surgirían Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos.
África noroccidental, clave en la evolución humana
El hallazgo refuerza la idea de que el noroeste de África desempeñó un papel central en la evolución temprana del género Homo. Durante el Pleistoceno, los cambios climáticos habrían abierto corredores ecológicos a través del actual desierto del Sáhara, facilitando contactos entre poblaciones africanas y euroasiáticas.
Los fósiles de Casablanca son casi contemporáneos de los hallados en Atapuerca (España), anteriores a los ancestros directos de los neandertales, y unos 500.000 años más antiguos que los primeros Homo sapiens conocidos, descubiertos en Jebel Irhoud, también en Marruecos.
Un candidato para el último ancestro común
Las evidencias genéticas sitúan al último ancestro común de humanos modernos, neandertales y denisovanos entre 765.000 y 550.000 años atrás. Los fósiles de la Grotte à Hominidés encajan especialmente bien en la parte más antigua de ese intervalo.
En palabras de Jean-Jacques Hublin, estos restos “podrían ser los mejores candidatos que tenemos actualmente para representar poblaciones africanas cercanas a la raíz de esta ascendencia compartida”, reforzando la idea de un origen africano profundo para nuestra especie.