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ENTREVISTA

Jaime Ruiz de Infante: "Cada novela tiene su personalidad y va guiando al escritor"

Jaime Ruiz de Infante: 'Cada novela tiene su personalidad y va guiando al escritor'
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miércoles 22 de abril de 2026, 16:16h

“Yo soy yo y mis circunstancias”, dice una de las citas más célebres de Ortega y Gasset. En la tensión entre lo que somos y en quiénes nos transformamos, moldeados por lo externo, es cuando el descubrimiento, a veces inesperado e inevitable, actúa como punto de partida para recuperar el pasado y enfrentar el presente. Sombras de un legado, obra de Ana Abella y Jaime Ruiz de Infante, retoma estas ideas y las convierte en el eje de una narración que explora cómo enfrentarnos a lo que nos define sin haberlo elegido y cómo, a pesar de todo, seguimos teniendo la capacidad para decidir quiénes somos.

Ruiz de Infante, escritor y periodista, escribió la novela a cuatro manos junto a su mujer, Ana Abella, aunque ella ya no esté para acompañarle. Su experiencia como director de informativos y Jefe del Servicio de Documentación Escrita de TVE le ha permitido reconstruir de forma rigurosa la historia de los orígenes de la protagonista de la obra, Lucía, una periodista galardonada que descubre que es hija adoptiva. Con ayuda de un compañero, decide investigar sus raíces y averiguar cuál fue el legado familiar que le dejó Carmen, su madre biológica, al tiempo que nuevos caminos se abren en su vida.

La novela, una oda al periodismo, la historia y la resiliencia, está basada en hechos reales y cuenta lo que Abella descubrió de sí misma y su familia en Punta Umbría en los años sesenta.

La génesis de la novela es el descubrimiento por parte de su mujer de sus orígenes. ¿Cómo se desarrolla a partir de ahí la idea de convertir su historia en un libro?”

Teníamos datos, pero había que investigar mucho y viajar porque había personas muy mayores que aún podían informarnos. Primero hicimos una escaleta, pero como se suele decir, la novela sigue su curso y transcurre sola, por lo que también discutimos mucho. Mi mujer me decía: “Tu personaje es peor que un cardenal del Renacimiento”, y yo le decía: “Tus chicas se comportan como la reina Margot”. Viajamos mucho e intentamos documentarnos en todos los sitios que aparecen en la novela. Empezamos en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, que es donde arranca la historia. Nos enseñaron mucha documentación de lo que se servía entonces y las personalidades que iban.

¿Cómo solucionaban los desencuentros?

Al empezar a escribir, acordamos que mi mujer ‘tocara’ el alma femenina, que yo como hombre no podría haber alcanzado por su complejidad. Ella se encargó de la sensibilidad, el romanticismo y la sutileza. Yo me dispuse a escribir sobre cuestiones como la trata de blancas y la situación en Gibraltar, temas más contextuales, y la documentación corrió más por mi cuenta.

Es una historia que transcurre en varios escenarios, desde la Argentina de los años 30 hasta la Guerra Civil en Madrid. ¿Cómo fue el trabajo de documentación y de campo?

Al empezar a escribir, me inventé nombres de periódicos de la época. Pero pensé, “¡debieron existir de verdad!” Me puse a investigar y descubrí cómo se llamaban los directores de los periódicos, los redactores jefes y los fotógrafos. Casi todas las personas que aparecen son auténticas. Eran personas con nombres y apellidos. Al final del libro hay una lista con sus nombres, aunque muchos de ellos son pseudónimos para proteger su identidad, y porque hay muchos que ya han desaparecido.

La historia de Lucia, la protagonista, es una mirada constante al pasado y al presente. ¿Cómo decidieron qué partes del pasado eran “verdad narrativa” y cuáles correspondían a la imaginación?

Es fruto de muchas conversaciones y dudas, sobre todo sobre qué hacer con los personajes y dónde acaba cada uno. Por ejemplo, en el libro se trata la búsqueda de una gran cantidad de dinero. Lo primero que se plantea con el estallido de una guerra es qué hacer con el dinero y cómo llevarlo a un sitio seguro. Durante la Guerra Civil española, uno de esos sitios era Gibraltar. Buceando entre los grandes bancos, resulta que hay muchas entidades imposibles de intervenir y que cuentan con grandes sumas de patrimonio que pertenecen a familias que jamás llegaron a reclamarlos. Hicimos varios finales y decidimos uno entre todos ellos con los datos que teníamos respecto a esto. Cada novela tiene su propia personalidad y va guiando al escritor. Aunque planteamos así la novela, el final fue inesperado para nosotros, aunque era muy posible que hubiese ocurrido así.

¿Hay alguna parte del libro que surgió a raíz de esa tensión entre dos formas de ver la misma historia?

Algunas de nuestras discusiones acabaron en portazos. En la escritura había momentos de tensión y nos echábamos la culpa de lo que pasaba con nuestros personajes porque entre ellos hay un abismo de circunstancias, emotivas y sociales. Hubo momentos en que metíamos la historia en un cajón para retomarla dentro de un mes, otros en los que no sabíamos seguir y otros en los que no estábamos de acuerdo el uno con el otro. Ella quería hacer una novela romántica porque era encantadora y estaba muy sensibilizada con los temas muy íntimos del alma.

¿Qué fue más difícil: no juzgar el pasado de los personajes a la hora de recrearlo o no idealizarlo?

Había que salir de esos dos extremos. Carmen se ve obligada a hacer algo que no quiere, cae en manos de quien no debe y la única salida que tiene es la que le ofrecen. Termina viviendo una situación muy dura hasta que conoce un gran amor. Ambos influimos en los personajes y demuestran que ninguno de ellos es tan bueno ni tan malo, por el componente humano. Si empiezas a escarbar momentos reales de personas reales, hay muchas historias que conviven a la vez.

¿Qué descubrieron el uno del otro al intentar reconstruir un pasado que ninguno vivió?

Descubrí que ella era mucho más culta de lo que yo pensaba y a día de hoy pienso que las mejores páginas de esta novela son suyas. Ella siempre tuvo gran gusto por la literatura y empezó a hacer creaciones literarias a través de envíos postales. En nuestra casa tenemos siete estanterías y al menos un 70% de los libros fueron elegidos por ella. Pensé: "¡Me he casado con una mujer tremendamente culta y lectora!" Cuando era periodista, yo no podía leer tanto porque los informativos absorbían mucho tiempo. Descubrí de mí mismo que tenía que haber leído mucho más.

¿Qué parte de usted se quedó escondida dentro del libro sin que lo hubiera planeado?

Los descubrimientos que hice. En Madrid durante la Guerra Civil había una docena de periódicos y tiradas. Al investigar hemerotecas, descubrí El Heraldo de Madrid, que lanzaba 500.000 ejemplares. Esta cifra es sorprendente porque en la época la población de la capital era de 500.000 personas. Tuvieron gran papel a la hora de descubrir el golpe de estado, porque la prensa sabía cosas que el Gobierno no conocía. También la existencia del Hotel Florida en Madrid, donde se reunían las grandes personalidades.

Imagino que también sería un reto para usted relatar con tanto detalle el conflicto habiendo vivido la posguerra en primera persona…

Lo peor que le puede pasar a un país es una Guerra Civil. El ser humano nunca aprende. Para redactar, utilicé libros de autores que narran la guerra desde ambos bandos. En esta novela he intentado ser equilibrado en el tema, por las barbaridades que se cometieron en los dos frentes.

En la novela relata el caso de Ricardo, un monárquico señalado por el gobierno republicano, socorrido y ayudado por un portero comunista.

Sí, y esa historia es cierta. Yo me enteré de su historia… Le protegió y le escondió para que no le hicieran nada. Demuestra la amistad y el cariño que logra superar de nuevo a las circunstancias.

Si el lector tuviese que quedarse con una idea de su libro, ¿cuál sería?

Me basta con saber que ha disfrutado mucho con la novela.

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