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ENTREVISTA

J.K. Franko: "Mi propósito es construir novelas que atrapen profundamente"

J.K. Franko: ' Mi propósito es construir novelas que atrapen profundamente'
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viernes 22 de mayo de 2026, 12:06h

Conocido para los lectores españoles como J.K. Franko, Raúl Rodríguez Calvoz ha consolidado una voz propia con La ley del Talión y Hasta que tu muerte nos separe, publicada por Roca Editorial (Penguin Random House) en noviembre de 2024. Su narrativa indaga en la delgada frontera entre la acción y su justificación, combinando tensión psicológica con una serena indagación moral. Este octubre, Penguin Random House España lanza su nueva novela, Navidad en Madrid. Hablamos con él sobre caminos recientes —literales y literarios—, la arquitectura de su ficción y las preguntas que siguen impulsando su obra.

Recientemente completó el Camino de Santiago con su esposa: 34 días andando desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela. ¿Cómo ha influido ese viaje, junto con otras actividades desde Hasta que tu muerte nos separe, en esta nueva etapa de su trabajo?

El Camino fue una experiencia profunda: exigente físicamente, clarificadora por dentro y rica en una estructura inesperada. Esas semanas de movimiento constante a través del paisaje y el silencio ofrecieron un ritmo distinto para pensar. Desde que la novela salió a finales de 2024, terminé un doctorado en literatura, publiqué varios artículos en revistas académicas

Mirando hacia atrás, ¿cómo se fue configurando su camino como escritor?

Se configuró de forma gradual, como un largo viaje cuyo sentido solo se revela en el movimiento. Empecé a escribir para poner orden en lo complejo, para dar estructura a lo que resistía una explicación sencilla. Con el tiempo, ese impulso evolucionó de la aclaración a algo más deliberado: la construcción consciente de una experiencia en la página, guiada por la intención. Ese cambio, de seguir simplemente un camino a construirlo activamente, marca el verdadero inicio de mi trabajo como novelista.

Su formación incluye escritura analítica y jurídica. ¿Cómo influyó esa base en su ficción?

Me transmitió un respeto duradero por la precisión y la consecuencia. En el derecho, el lenguaje nunca es inocente; cada palabra, cada secuencia, tiene peso. Trasladé esos hábitos a la ficción, aplicándolos a la experiencia humana más que a los sistemas: las formas en que las personas asumen, niegan o redistribuyen la responsabilidad. Esa base no fue un capítulo aparte, sino una preparación esencial para las novelas.

Sus novelas se mueven a menudo en el terreno del crimen y la tensión moral. ¿Qué le atrae de ese espacio narrativo?

El crimen crea un escenario moral inmediato: se produce un acto, las consecuencias se propagan y todos los implicados deben interpretar, justificar o eludir lo ocurrido. Lo que realmente me interesa no es el acto en sí, sino la arquitectura posterior de la responsabilidad: cómo se extiende, cómo se oculta y cómo se construyen narrativas para contenerla. El género ofrece un marco claro; en su interior surgen las preguntas más esquivas sobre la verdad moral.

Suele situar sus historias en lugares reconocibles y vividos. ¿Qué aporta eso al relato?

Los lugares reales llegan ya cargados: con códigos sociales, memoria acumulada y jerarquías tácitas. Ofrecen una resistencia y una densidad que rara vez logran los escenarios inventados. Trabajar dentro de esa estructura previa ayuda a anclar la historia al tiempo que la complica sutilmente, dotando a las cuestiones morales y psicológicas de mayor inmediatez y peso.

Navidad en Madrid, su nueva novela que Penguin Random House publicará este octubre y que transcurre en la capital durante la Navidad, ¿qué pueden esperar los lectores?

Funciona en varios niveles. El propio viaje constituye un componente estructural fuerte —que remite, a su manera, tanto al Camino como al espíritu del Quijote—, pero la novela ahonda también en la tensión entre realidad e historia: cómo moldeamos nuestra realidad percibida a través de las narrativas que construimos y creemos. Es tanto una historia sobre la autoridad narrativa como sobre sus personajes.

Publicar con Penguin Random House en España supone un paso relevante. ¿Cómo afronta un lanzamiento de este nivel?

Con claridad y foco. Lo esencial es comprender exactamente qué es el libro —sus intenciones y su estructura— y alinear con ese núcleo cada aspecto del lanzamiento. Mi editora, Carol, ha sido una guía excepcional en todo el proceso; su perspicacia y precisión han resultado inestimables. Cuando el posicionamiento permanece fiel a la obra, todo lo demás fluye con mayor naturalidad.

¿Cómo equilibra las exigencias de la promoción con la soledad que requiere la escritura?

Protegiendo ante todo el propio acto de escribir. La promoción tiene su momento una vez que el libro existe, pero no puede convertirse en el centro. La ficción exige atención sostenida e ininterrumpida, y cierta forma de aislamiento. Si ese espacio se erosiona, la profundidad y la integridad de la obra se resienten.

¿Qué papel desempeñan los lectores y las comunidades literarias en su proceso creativo?

El lector está presente de forma constante, no como un elemento posterior, sino como lector implícito desde la primera línea. Mientras escribo, construyo siempre una experiencia plenamente desarrollada: un instante de realidad cargado de emoción, profundidad y textura. Eso se logra no solo a través de la historia, sino también mediante elecciones cuidadosas en el lenguaje, la dicción y las alusiones.

En Navidad en Madrid, espacios históricos como el Café Gijón adquieren un peso simbólico notable. ¿Qué le atrae de esos lugares?

El Café Gijón no es un espacio neutro. Acumula más de un siglo de memoria literaria: tertulias, voces y representación cultural entretejidas en su atmósfera. Cuando un lugar posee esa densidad, deja de ser mero decorado y empieza a moldear la historia, añadiendo capas de resonancia a las tensiones morales y psicológicas en juego.

¿Qué le gustaría transmitir a los lectores de El Imparcial?

Que me tomo al lector muy en serio. Mi propósito es construir novelas que atrapen profundamente y al mismo tiempo permanezcan abiertas a la interpretación: historias erigidas con intención que siguen resonando y cuestionando mucho después de la última página.

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