Una corrida de entrega ante el peligro. Pocas tardes vemos a los tres diestros dispuestos a jugársela ante los animales complicados y peligrosos. El público hoy ha sido lamentable: protestaba a los Victorinos por ‘anovillados’ o por supuesta falta de peso. Lamentable criterio que tienen unos 10-15 talibanes taurinos que arrastran a los indecisos. Además, los mismos que pitaban al toro por anovillado, luego aplaudían a las alimañas en el arrastre.
Morenito de Aranda estuvo firme con el capote abordando a sus contrarios, mereciendo ovaciones. Milanés (1°3/22) se dejaba por el pitón derecho, pero por el izquierdo fue una alimaña. Un epílogo de muletazos de castigo y una estocada. Cobrapastos (4°1/21) iba a la defensiva nada más pisar el albero. Morenito lo probó al natural, pero el animal lo buscaba y parecía imposible proseguir por ahí. Sin embargo, el empeño del diestro fueron unos naturales de gran trazo. La espada se fue baja.
Fernando Adrián lidiaba con varias alimañas: por un lado los ‘Victorinos’ por otro lado la hidra del público. Nada más salir su toro comenzaban los palmeros a darle al compás de la protesta. Adrián apechugó a Buscaliebres (2°12/21) con un manejo de capote acertado para pararlo y, ya con la muleta, por doblones y luego con la mano derecha. El toro se volvía enseguida, obligando a perder pasos. La obra con Jarretero (5º1/21) ya no tenía este defecto porque el diestro se puso firme ante el morlaco y le sacó la faena que tenía dentro por ambas manos.
Román se enfrentó a Gallarete (3°2/21) sin preludios: con la derecha le sacó unas tandas breves, rápidas, henchidas de emoción. Al natural el bruto acechaba. La estocada hasta los gavilanes y dos orejas.
Verdadero (6°1/22) ni tubo clase embistiendo: remataba muletazos con cabeza alta y mirando al tendido. La espada se estancó, pero la merecida Puerta Grande quedó abierta para Román.