Cuando se tienen dos Oscar en casa, ¿una teme haberse puesto el listón muy alto?Nunca me planteo que no voy a saber enfrentarme a las expectativas. Siempre aspiro a mejorar, si no tendría que dedicarme a otra cosa. Cada proyecto es diferente y, por lo tanto, mi aportación también parte de cero. Me enorgullece tener los Oscar en mi vitrina, pero eso no hace que descanse. Creo, de verdad, que mi peor crítico soy yo. Nadie me exige más que mis propias ansias de superación.
Imagínese que no he visto “Australia” y que tengo que estar la primera en la taquilla el día de Navidad, que es cuando se estrena en nuestro país. ¿Cómo me convencería de que es el mejor plan que puedo desear?(Risas) Si le gusta el buen cine, una gran superproducción, una historia de amor fascinante y recrearse con el físico de Hugh Jackman, ésta es la película que tiene que ver. ¿No le parece suficiente motivo ver cómo Hugh se quita la camisa?... ¡Yo no lo dudaría! (risas).
Sin duda, la escena es un gran reclamo. Pero “Australia” es mucho más…Esta película es el resultado de muchas ilusiones. Es un relato épico de amor y aventura, que rodamos en “el más allá del más allá”, que es como el mundo habla de Australia. Mi marido estaba empeñado, desde hace tiempo, en hacer una película épica ambientada en su país. Siempre quiso que el atractivo de esa idea se centrara en los clásicos que le influyeron desde su infancia, como “Lo que el viento se llevó”, "Ben Hur” o incluso “Titanic”. Por eso en “Australia” hay gente de todas las generaciones y procedentes del mundo entero. Baz dice que unir a las personas aporta consuelo al corazón y al alma en este mundo tan impredecible en el que vivimos.
¿Trabajar con su marido es garantía de complicidad y, por consiguiente, de éxito?¡Ojalá el secreto de que una película funcione esté en que un matrimonio trabaje unido! (risas). Complicidad sí que hay, eso es indiscutible, pero no siempre estamos de acuerdo en todo. Cuando discrepamos no pretendemos que uno convenza al otro, si no que procuramos encontrar el término medio para que no haya “vencedores y vencidos”. No nos tomamos nuestro trabajo como una competición.
¿Su caso confirma el refrán que dice que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”?Ninguno camina detrás del otro, los dos lo hacemos a la misma altura y procuramos que al mismo tiempo. Baz es brillante, le admiro y respeto. Y él también a mí. Ahí está la clave de nuestro matrimonio y también del “feeling” que existe cuando trabajamos juntos.
¿Se llevan el trabajo a casa o se queda en el set de rodaje?Procuramos no caer en el error de no disociar la vida personal del trabajo. Es inevitable que en casa hablemos de trabajo, pero nuestra prioridad fuera de los rodajes es nuestra familia. Los dos intentamos dejar el “traje de faena” en el set. Eso nos permite disfrutar mejor de nuestra intimidad.