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FÚTBOL

Lo que hay detrás de la catarsis del Clásico e ilusiona al Real Madrid

Lo que hay detrás de la catarsis del Clásico e ilusiona al Real Madrid
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(Foto: EFE)
martes 27 de octubre de 2026, 23:36h
A Mourinho le salió perfecto el plan y sacó varios aprendizajes del triunfo ante el Barcelona. Esa es la receta del inesperado éxito merengue.

El Real Madrid descubrió el pasado domingo que no necesita contar con un mediocentro creativo de élite ni con un zaguero legendario para ganar a los mejores equipos del mundo. Para competir como le corresponde a su pedigrí. En el Camp Nou y frente al todopoderoso Barcelona (que lo había ganado todo en LaLiga, en el mejor arranque de curso de la historia) entendió que no le hace falta contar con Andrea Pirlo, Xavi Hernández o Toni Kroos en el eje para combinar con fluidez, ni alinear a Franco Baresi, Paolo Maldini o Sergio Ramos para limitar al máximo las ocasiones rivales. El inesperado triunfo por 1-2 que de repente les devuelve a la pelea por el liderato liguero supuso un eureka que puede resultar trascendental: el trabajo colectivo, de todos los peones, multiplica sus opciones de competir por la gloria. Porque si todos se implican en el achique, los creativos brillan más y se sufre menos.

Esa es una lógica tan consabida como olvidada en el césped del Bernabéu. Los futbolistas merengues llevan dos años de sequía y se han convertido en una trituradora de entrenadores porque algunos de ellos se han desentendido de sus responsabilidades sin balón con una continuidad impresentable. Y eso no significa que deban presionar con ardor a cancha completa, vaciándose de energía y mermando su potencia ofensiva. Ni mucho menos. Basta con que los delanteros también se apliquen a las vigilancias cuando toca replegar. Se trata de ser un bloque compacto, sin importar la altura del campo en la que se sitúe. Y para ser compacto, el sistema ha de disfrutar de la concentración y el rigor de todos los jugadores, incluidos artistas y 'vacas sagradas'.

Mourinho logra el compromiso de sus jugadores, incluido Mbappé

Jose Mourinho sabía cuando aceptó regresar a Valdebebas que su gran desafío consistía en convencer a todos sus subordinados de la obligatoriedad de sudar por el bien común. Desde que deshizo las maletas en la capital española el pasado verano ha peleado por mimar a Kylian Mbappé y a Vinicius en público y en privado, en un ejercicio de seducción que hasta la fecha no había tenido los frutos esperados en el funcionamiento defensivo. La dejadez de esa dupla torpedeó el inicio de temporada madridista hasta el punto de colocarles al borde de la crisis ya en octubre. No obstante, a estas alturas ya habían perdido dos veces en LaLiga y escapado de las llamas in extremis en otros tantos duelos. Las sensaciones no eran buenas y los resultados finalmente se volvieron coherentes con el rendimiento coral ofrecido.

 

 

La preocupación estaba servida. El sufrimiento padecido en la visita a la manejable Roma y las derrotas encajadas en los desplazamientos al Villamarín y el Metropolitano se debieron a dos falencias distintas. El primero responde a la impotencia creativa y los segundos, a la descomposición táctica. Sin embargo, ambos se corresponden con una raíz primigenia compartida: el descontrol defensivo, la desorganización que ofrece espacios, regala la iniciativa y genera una inferioridad automática. En el fútbol moderno no caben las desatenciones continuadas porque hoy en día casi cualquiera sabe construir jugadas prometedoras saliendo desde atrás. En Concha Espina lo llevan sufriendo mucho más tiempo del que el madridismo está dispuesto a admitir. Si no se cierran las líneas con cohesión la incomodidad se perpetúa y llega a nublarse la claridad cuando se recupera la pelota, pues se tarda un mundo en robar el cuero y los jugadores merengues no están acostumbrados a pasar gran parte del minutaje defendiendo.

Esos sinsentidos estratégicos habían subido la temperatura del asiento de un Mourinho que ha repetido una y otra vez que su segundo proyecto merengue está en construcción. La realidad es que no le falta razón, pero también es cierto que ha regresado a Madrid en un contexto de paciencia exigua. Por eso arribó al pasado fin de semana conviviendo con un clima enrarecido. Pero está en su identidad, y en la del club madridista, salir a flote cuando más aprieta la tormenta. Y la fortuna posee requiebros profundos que no se desnudan en la superficie a la primera vista. La sanción a Vinicius (que llevaba mucho tiempo malgastado en ambas fases del juego) parecía, a todas luces, un hándicap contundente para afrontar el Clásico. Mas le ha permitido al estratega luso ordenar sus piezas y mejorar la competitividad del colectivo. Porque el hambriento Yan Diomande sí juega con chispa y 'se come' el verde tras pérdida.

Defender bien para atacar con fluidez

La energía defensiva del costamarfileño equilibra el esquema y eso es muy importante. A partir de ahí Mourinho ya no tiene que sacar de sitio a varios compañeros para que maquillen la dejación de funciones de 'Vini' cuando toca replegar. Es decir, con el esfuerzo del juvenil recién llegado al extremo zurdo las piezas pueden jugar en su lugar adecuado. Con esa tranquilidad en mente, el técnico portugués decidió, además, reforzar la nómina de centrocampistas para combatir a las hordas de Hansi Flick. Porque las situaciones límite (si perdían quedaban a nueve puntos del Barça), como la tristeza, no son negativas, diría la psicología, sino que son el motor que empuja a efectuar cambios. Sacó del desuso al creativo Bernardo Silva y le colocó al lado de Aurelien Tchouaméni, con Jude Bellingham por delante y Arda Güler tendido a la derecha. Y con Fede Valverde de vuelta a un lateral diestro que propulsa sus virtudes y esconde los defectos de Denzel Dumfries y Trent Alexander-Arnold. Así sumó otro obrero para una batalla del mediocampo crucial y que les entregó la supremacía en el templo azulgrana. Los favoritos amasaron la pelota pero ellos no perdieron pie. Es más, en amplios segementos se jugó según sus condiciones. 

 

 

La estadística final ofrece la derrota madridista en la mayoría de los parámetros (41% de posesión, siete remates producidos por los 12 completados por el bloque local y menos pases ejecutados y porcentaje de acierto en el pase que el cuadro catalán). En cambio, hubo un ratio en el que salieron vencedores y que resulta descriptivo. Ganaron más duelos que los barceloneses. La intensidad aplicada por los merengues apocó al talento del líder del campeonato, al que superó en intercepciones. El ritmo volcánico implementado en el primer tiempo por la delegación de Chamartín (de mayor capacidad física) sorprendió a un Barça maniatado. Sólo así cobra sentido la planificación de la directivas. Y 'Mou' tejió un nudo táctico que sus muchachos siguieron al pie de la letra. Bernardo se pegó Pedri y Bellingham hizo lo propio con Rodri, para 'cegar' a los catalanes, y Tchouaméni estiró su soberbia actuación hasta los 11 robos. Mas no se quedó ahí el destructor galo. Como el conjunto aseguraba tranquilidad en un bloque medio-bajo estricto, pudo llegar a un 96% de acierto en el pase. A más esfuerzo, más precisión. Es una matemática sencilla para plantillas dotadas técnicamente.

La concentración y el compromiso de todos es condición indispensable también para atacar bien, y para, incluso, ser valientes con balón. En su oda a la supervivencia, Mourinho ordenó hacer frente a las abrasivas presiones azulgranas con el pecho por delante. La presencia de Bernardo y de Güler en el once no sólo no hizo resentirse al sistema defensivo, gracias a la actuación solidaria de los visitantes, sino que engrasó una salida de balón pulcra conformada por la superioridad numérica de centrocampistas descrita. Antes del descanso los madridistas le encontraron huecos al despliegue local de forma consistente girando el juego hacia el lado débil. Así desactivaron la mejor arma táctica de Flick y encontraron espacios para explotar en transición. Ahí, en el escenario más favorable para las aptitudes de la ofensiva merengue, disfrutaron de verdad y aplicaron la receta más prescita por los analistas para erosionar al Barça: amontonar desmarques desde segunda línea y, así, romper la estrategia 'culé' del fuera de juego.

Mourinho bate a Flick y sus jugadores, al Barcelona

No cabe minusvalorar un factor importante que también explica este resurgimiento: todos los futbolistas jugaron a gran nivel. Al fin. A la exhibición de Tchouaméni se le unió una dirección solvente de Bernardo y de Güler; Bellingham se exprimió en las vigilancias, conectó entre líneas y trazó desmarques venenosos, en un rendimiento imperial; Dean Huijsen e Ibrahima Konaté espantaron fantasmas con solidez; Fede Valverde cumplió como lateral; Marc Cucurella autografió una obra maestra defensiva en la contención de Lamine Yamal; Andriy Lunin respondió a la sensible baja de Thibaut Courtois con cinco paradas (una de ellas clave, a Gerard Martín en el minuto 66); Diomande lució sus cualidades y su derroche altruista; y Kylian Mbappé se reivindicó en el gran escenario. El astro anotó un doblete que decidió el marcador, le permitió llegar a los 100 goles anotados en el Real Madrid y las 12 dianas marcadas al Barça en su carrera, y ayudó a sus compañeros más que nunca.

Y a Mourinho le salió todo bien. Le puso una diana a la desidia defensiva de Lamine Yamal y ordenó a Cucurella incorporarse al ataque en las salidas de juego que empezaban, intencionadamente, en la banda de Fede Valverde. Por ahí cojearía un colectivo de Flick que tampoco pudo combinar con la facilidad y precisión acostumbrada. Incluso la entrada de Eduardo Camavinga, por un Bernardo Silva desfondado, le permitió al Madrid recobrar la primacía física y, para sorpresa del respetable, convirtió al interior francés en héroe al perforar a los catalanes con un desmarque de ruptura que derivó en el tanto definitivo de Mbappé. Sin duda fue una noche feliz para el madridismo la del domingo pero la masa social merengue se ilusiona al proyectar esta actitud de su equipo hacia el futuro. "He aprendido que tener una combinación de talentos en el centro del campo nos da más que tener dos jugadores de características parecidas. Nos da equilibrio a la hora de defender y más calidad a la hora de salir en la organización defensiva", resumió el entrenador portugués en la sala de prensa del Camp Nou. Ahora queda por comprobar si todos sus pupilos también han aprendido la lección.

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