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crítica

"Faust-bal": dosis de voces poderosas y surrealismo no evitan las protestas

sábado 14 de febrero de 2009, 18:52h
Pese a que el aplauso con que el público del Teatro Real acogió anoche el estreno mundial de Faust-bal fue largo, cuando Fernando Arrabal, autor del surrealista libreto, apareció en el escenario para saludar junto con el resto del elenco, tuvo que escuchar las protestas de una muy reducida parte del público, en desacuerdo con “esta simbiosis lírica con orquesta de vanguardia”, según la definición que hace de la obra su ecléctico compositor, el catalán Leonardo Balada, que firma una partitura con efectos de lo más diverso.


La original obra transcurre en una hora y media, sin entreacto, y nos sitúa, de la mano de Joan Font y de Joan Guillén, en un escenario sobrio y fijo, con unos pocos elementos móviles que acompañan una arquetípica lucha entre el bien y el mal, repleta de mensajes simbólicos, pero carente de intensa emoción. Dios aparece sentado cómodamente en una atalaya, leyendo el periódico o degustando un sabroso picnic, entre indiferente y respetuoso con lo que ocurre en la Tierra, de forma que interviene en contadas ocasiones, sólo cuando los ángeles reclaman su ayuda porque las cosas ya no pueden ir peor. Mefistófeles, sin embargo, no deja nada al libre albedrío de los hombres, y aprovecha cualquier ocasión en una sociedad que le es propicia, en su camino hacia el fin de las utopías, la guerra del fin de las civilizaciones, la corrupción más absoluta y la violencia gestada desde la propia naturaleza humana.

Pero el autor ha querido que el mensaje de esperanza sea el que prevalezca después de tanta brutalidad encarnada por el mundo masculino, perdido y desconocedor de la ternura, de la justicia y, por supuesto, del amor. Por eso, la última palabra la tiene Dios, cantando, y a través de pasquines de colores que inundan el teatro desde lo alto cuando se baja el telón: “Desdichada creación para guerreros. Desdichado mundo para inmundos. Desdichado globalizado globo. Desdichado universo masculino que oídos tiene para no oír, que ojos tiene para no ver, que creé como primer ser del cosmos a mi imagen y semejanza porque mujer soy como Faust-bal”.
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