La última semana no pudo empezar mejor (política y crisis –qué crisis- aparte): el lunes a medio día el escritor Francisco Ayala festejaba su 103 cumpleaños en la Biblioteca Nacional que le homenajeaba en presencia de algunas de las más relevantes personalidades de la cultura (ministro Molina incluido).
Horas más tarde, en los salones del Teatro Real, el mismo Ministro acudía a una cena entre profesionales del teatro, con ocasión de la elección entre los finalistas y la entrega al elegido del Premio Valle Inclán de Teatro, que organiza El Cultural de El Mundo y patrocina la Fundación Feima. Días después, un estreno esperado del grupo Animalario, en el Teatro del Arenal: Baile, solo parejas. Y el miércoles, la misma Fundación Feima celebraba en el Teatro Amaya el estreno de “De cerca nadie es normal”, de Galán y García-Araus, bien dirigida por Marta Álvarez. Al día siguiente, el Teatro María Guerrero recuperaba un “Chejov joven”: “Platonov”. Así, los teatros llenaron durante el puente de la misma semana que comenzó con el homenaje a Francisco Ayala; el escritor que nunca escribió teatro pero posee la Medalla de Oro de la SGAE y, aunque no escribió teatro, alumnos de la Real Escuela Superior de Arte Dramático le obsequiaron con la lectura escenificada de un capítulo de su obra: “Glorioso triunfo del príncipe Arjuna”. Francisco Ayala, candidato propuesto este año para el Premio Nobel de Literatura, nunca escribió teatro pero, maestro en narrativa y ensayo; tuvo y tiene ideas que buscan la mágica dimensión del teatro. Obras como, “Tragicomedia de un hombre sin espíritu”, “El rapto”, “El hechizado”… Merecen la atención de empresas y adaptadores en busca de argumentos ante la escasez actual de nuevas obras.
Los siguientes días, henchidos ya de teatro, tras la concesión del Premio Valle Inclán (dotado con cincuenta mil euros) a Juan Mayorga, autor de “La paz perpetua”, nos ofrecieron el ya mencionado estreno de Animalario, de Andrés Lima y Alberto San Juan; lo de Chejov en el María Guerrero y “De cerca nadie es normal”, en el Amaya, donde se presentaba con fortuna una promesa para las tablas, el joven actor Fede Rey (¿por qué no el rotundo Federico?). La semana “teatral” comenzó con el homenaje al tan vigente escritor que afirma a sus 103 años: "ningún escritor que se precie debe usar otro instrumento de trabajo que la última máquina producida por la industria electrónica". Pero… ¿llegará una semana en que escriba en su ordenador algo para el teatro?
