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Raúl Alfonsín, limitando poderes fácticos

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
miércoles 08 de abril de 2009, 20:37h
Contrastando mis recuerdos, con las fechas de su mandato presidencial, creo que estuve con Raúl Alfonsín, unos meses después de que dejara de ser presidente de Argentina, escuchando jazz una noche en Madrid. Voy a reconstruir un curioso encuentro, que revela la madera de un estadista que, además, era una persona atractiva y accesible. Un grupo de senadores amigos, entre los cuales, recuerdo que estaba Juan Barranco, nos disponíamos a cenar velozmente en el “Vip´s” de Plaza de España, para asistir a continuación a una sesión de jazz en un pequeño local de los alrededores. Cerca del establecimiento donde pensábamos comer algo y comprarnos, de paso, una revista o un libro, nos encontramos con Raúl Alfonsín. Debió de ser entre mayo y octubre de 1989, pues él ya no era presidente de Argentina, y yo todavía no había sido elegido presidente del Senado. Juan Barranco le conocía personalmente, de cuando le recibió como alcalde de Madrid. Se saludaron alegremente, y cuando se enteró de cuáles eran nuestros planes, preguntó modestamente, si no nos importaba incluirle en nuestra expedición nocturna. Raúl Alfonsín se integró como uno más.

Entonces yo no sabía que Alfonsín, entregó a Menem la presidencia de la República, siete meses antes de que finalizase el plazo legal del mandato. Ese ha sido uno de los rasgos de su personalidad moral: un admirable desprendimiento personal, cuando se trataba de las instituciones civiles. Por lo que he leído y escuchado, millones de argentinos han sentido su muerte, como la pérdida de un hombre honrado, que en medio de dificultades inauditas, lograría que su país limitase democráticamente el poder de los militares, de los sindicatos peronistas y de la jerarquía católica más reaccionaria de América, y tal vez, del mundo.

De hecho, cuando entregó la banda presidencial a su sucesor, fue un gran éxito personal: era algo que no sucedía desde 1916. Antes de ese hecho, Alfonsín sometió a juicio a los responsables de la violencia criminal durante la dictadura militar. A veces se olvida, pero también fueron juzgados los dirigentes de las organizaciones armadas revolucionarias, como los Montoneros y el Ejército Revolucionario Popular. Pero lo más notable fue el juicio y condena de la Junta Militar: los generales Videla y Massera sentenciados a cadena perpetua, y los demás, a fuertes penas de prisión. Hizo falta mucho valor. El ejército argentino había dejado el poder por dos motivos: su derrota en las Malvinas ante Gran Bretaña, sin apoyos internacionales en aquella delirante guerra, salvo la que tácticamente les prestó la URSS, ¡a unos gobernantes que se justificaron por su anticomunismo! Y la terrible situación económica que dejaron a su sucesor democrático. Pero su amenaza armada, estaba intacta. Alfonsín, durante la guerra de las Malvinas, rompió el clima de exaltación patriótica, denunciando el oportunismo suicida de la Junta Militar. Después, en plena campaña electoral, denunció vivamente un siniestro acuerdo entre los dirigentes sindicales peronistas y el gobierno militar, que les garantizaba a sus miembros impunidad ante la Justicia.

Una vez en la presidencia, Alfonsín los sentó en el banquillo. Pero la crisis económica impidió obtener todos sus objetivos. Fueron años de “la década perdida” en los países de América del Sur: cuando los carapintadas del teniente coronel Aldo Rico, le echaron un pulso a la presidencia de la República, con riesgo cierto de guerra civil, Raúl Alfonsín cedió para evitarla. Fue la ley llamada del “punto final”, con la que se terminaba la búsqueda de responsabilidades entre los militares. Era la Semana Santa de 1987, con un 43 por ciento de los argentinos viviendo en la pobreza, con una inflación mensual del 30 por ciento. Los sindicatos peronistas paralizaron con sus huelgas muchas veces el país. Estaban en coalición de hecho con el otro poder influyente: una parte de los obispos, amenazaron de excomunión a los legisladores que aprobaron una tímida ley del divorcio. Era escandaloso saber que los mismos altos representantes del catolicismo, no habían abierto la boca cuando se produjo la tenebrosa actuación contra los opositores a la dictadura, en la que clérigos conocidos, participaron en la distribución de niños robados a las victimas, a favor de sus verdugos uniformados. Es importante conocer que la Santa Sede ha celebrado un funeral con ocasión de su fallecimiento. El peronismo ha vertido abundantes lágrimas de cocodrilo.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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