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los mejores de la csota del sol

Elogio de los huevos fritos con patatas fritas

lunes 27 de abril de 2009, 20:34h
Durante mi reciente y breve descanso con motivo de la Semana Santa, tuve el placer de disfrutar en una agradabilísima casa particular de Marbella de una experiencia interesantísima. Acudí allí para comprobar que Juan Pablo, el cocinero de la casa, hacía, como aseguraba, los mejores huevos fritos de la Costa del Sol.
Y fui con gran interés porque muchos de ustedes ya sabrán que considero que los huevos fritos con patatas fritas, bien hechos, son tan buenos como el mejor caviar o el mejor foie-gras.

Aparte de su humildad, es una de las recetas españolas más antiguas, cuya larga tradición viene confirmada por el cuadro “Vieja friendo huevos” de Diego Velázquez. También Lope de Vega habla de sus huevos fritos en su fecunda obra literaria.

Huevos de gallina de maíz, patatas de arenal y aceite Hojiblanca
Pero volvamos con Juan Pablo, que, efectivamente, consiguió unos huevos de gallina de maíz, extraordinarios y unas patatas de arenal de la zona de Marbella, sencillamente fantásticas. Y el aceite, como es natural, no desmerecía, pues se trataba del Hojiblanca de Antequera.

En mi opinión, lo fundamental para hacer un buen huevo frito es, en primer lugar, la calidad del huevo y luego del aceite. Debe estar muy caliente y hay que hacerlo de manera que tenga puntillita alrededor y la yema esté poco hecha.

En cuanto a las patatas fritas para el huevo, no deben estar nunca demasiado fritas sino por el contrario, más bien blandas y si es posible, cortadas en formato alargado y pequeñas.

Para acompañarlo, nos sirvieron dos tipos de panes, uno “de pueblo” y otro de chapata. Yo creo que la mejor alternativa es el primero, que tiene más miga.

¿Champagne o vino tinto?
Y lo más curioso fue que, puestos a experimentar, tratamos de hacer una cata de los huevos fritos con patatas fritas con un Champagne extraordinario, un Don Perignom del 90 y con un vino tinto de la Rioja Alavesa, el Luis Cañas de 2005. La parte masculina eligió el tinto y la parte femenina el Champagne. A la hora de votar, el Rioja alcanzó en algún caso los 10 puntos y el Champagne llegó hasta 9.

En todo caso, lo que resulta verdaderamente interesante con estos platos tan tradicionales es descubrir la armonía ideal con el vino. Optamos, como divertimento, por catarlo junto a dos alternativas extremas: un Champagne excelente, que teóricamente no debería haber ido bien con los huevos y las patatas, y un tinto de Rioja que, supuestamente, era una combinación ideal. La sorpresa fue que esta receta tan tradicional nos gustó mucho a todos con ambos vinos.

Pero yo quiero valorar, sobre todo, el trabajo de Juan Pablo, que cocinó los huevos y las patatas en su punto exacto. Esa es quizás la tarea más difícil de un cocinero. Dar a cada producto, a la materia prima de calidad, el punto adecuado para que mantenga su sabor, su aroma y su textura.