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el drama verdiano llega al Teatro Real

[i]Rigoletto[/i]: el gafe ronda a la producción de ópera más popular

miércoles 27 de mayo de 2009, 18:50h
Se trata sin duda de la ópera más conocida y alabada por la mayoría del público. Con su famoso aria “La donna è mobile”, el drama verdiano de Rigoletto se ha convertido desde hace mucho tiempo en el referente operístico de todo el mundo, muy especialmente para los no aficionados. Y, por supuesto, su extraordinaria popularidad hace que se trate de la ópera más querida del repertorio.
En Madrid, por ejemplo, ha sido representada 379 veces y la nueva producción que se estrena el próximo 3 de junio contará con 18 representaciones, algo que nunca se había hecho antes en el Teatro Real y que supondrá que cerca de 35.000 personas asistan a alguna de las funciones durante todo el mes de junio, a parte de las personas que el sábado 6 acudan a verla en la pantalla instalada en la fachada principal del teatro.

Sin embargo, que sea la ópera más representada y más popular no quiere decir que se trate de una obra sencilla. Muy al contrario, Rigoletto es una ópera extremadamente complicada para los cantantes, para el director musical y también para la elección de una producción concreta. Si además, las cosas se complican con imprevistos de última hora, sacar adelante el importante proyecto se convierte en una pesadilla de la que parece imposible salir. Al menos, esa ha sido la idea que Antonio Moral, director artístico del Real, ha transmitido esta mañana en la rueda de prensa para la presentación de esta coproducción con el Gran Teatre del Liceu.

En primer lugar, tuvieron que afrontar la decisión el pasado verano de Juan Diego Florez de no volver a meterse en el papel del Duque de Mantua, con lo que perdieron al tenor del primer reparto, que fue sustituido por José Bros. Más tarde, cuando el tiempo ya empezaba a correr demasiado deprisa, los otros dos tenores, Francesco Meli y Fabio Sartori enfermaron y hubo que emprender la difícil tarea de encontrar otros dos tenores que todavía no estuviesen comprometidos para esas fechas. Finalmente, se pudo contar con Roberto Aronica y Celso Albelo para completar el reparto que interpreta al libertino duque. También en el reparto de sopranos hubo una baja de última hora. Inva Mula no pudo venir para los ensayos, así es que al final las tres Gildas que se turnarán en las dieciocho representaciones serán Patricia Ciofi, Cinzia Forte y la española Mariola Cantarero. Y siguiendo con esta especie de “maldición”, el director musical Roberto Abbado, sobrino del famoso Claudio Abbado, no ha tenido más remedio que llegar a Madrid apoyado en unas muletas para que su rotura del talón de Aquiles no le impidiera estar por primera vez en el Teatro Real.

Salvados todos estos inconvenientes, no es de extrañar que el Teatro Real quisiera alejar la incertidumbre de una posible huelga del coro titular, con la que se lleva tiempo amenazando en plena negociación para su continuidad. Por eso, se ha contratado al coro bilbaíno Intermezzo, que debutará en el coliseo madrileño en un rol fundamental en este drama verdiano. Pero esta claro que el papel titular de la obra es el del jorobado Rigoletto y los barítonos encargados en esta producción de encarnar al carismático bufón (Roberto Frontali, Zeljko Lucic, Anthony Michaels-Moore y el veterano Leo Nucci, que sólo cantará el día 22 de junio) llevan ya tiempo en Madrid, ensayando a las órdenes de la directora de escena, la holandesa Monique Wagemakers, que desde el principio puso como condición que ningún cantante subiera al escenario si no había podido acudir a todos los ensayos. Su exigencia, ha explicado ella misma esta mañana, no era gratuita, porque la escena que ha creado es de una complicación técnica tan importante que todo tiene que estar milimétricamente calculado para que funcione, con los evidentes problemas de seguridad que surgen de la enorme plataforma que se mueve hidráulicamente en todas direcciones y que ha de soportar el peso de 50 personas en el escenario. Una escenografía que, sin embargo, da la impresión de ser muy sencilla, ya que juega con el minimalismo de los espacios cerrados y en la que destacan especialmente la iluminación y los estudiados trajes diseñados por Sandy Powell.
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