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Colorida puesta en escena

Una innovadora versión de Rigoletto triunfa en el Teatro Real

miércoles 03 de junio de 2009, 17:49h
Esta semana el Teatro Real no da tregua. Después del enorme éxito del recital de Juan Diego Flórez el martes por la noche, con el público entusiasmado dentro del teatro y también fuera, en la plaza, donde se había colocado una enorme pantalla para que se siguieran los prodigios del rey indiscutible del belcanto, esta noche se ha estrenado, también con un gran triunfo.
Un escenario desnudo ocupado por los miembros del magnífico coro Intermezzo, contratado por el coliseo madrileño especialmente para la ocasión, ha sido el encargado de recibir al espectador para centrarle, ya desde los primeros compases interpretados por la Orquesta Titular del Teatro Real dirigida por Roberto Abbado, en "Rigoletto": un espectáculo que ha rebosado fuerza y color tanto en las voces como en las imágenes.

Hay un dicho italiano sobre esta gran ópera de Verdi: “Il Rigoletto è come il maiale, non si butta via niente”, cuyo equivalente en nuestro idioma sería algo así como que del cerdo se aprovecha hasta el rabo. Así es, en "Rigoletto" nada hay que sea superfluo. La música es bellísima, no faltan la acción ni el drama y sus personajes abarcan todas las bondades y las miserias del género humano vigentes, por supuesto, aún hoy en día. Es una ópera perfecta, pero también complicada.

Escena de la ópera de Verdi, Rigoletto, en el Teatro Real

Por ello, escoger una producción en concreto supone arriesgar en cualquier caso. Seguramente, el peligro sea menor en el caso de elegir una producción clásica, pero "Rigoletto" ha sido representada tantas veces que quizás se trate de una obra por la que merezca la pena arriesgar en la escena. Pero, cuidado. Moderno, sí, pero sin caer en vanguardistas extravagancias que desvirtúen su esencia.

Un reto para la directora
La directora de escena, Monique Wagemakers, ha logrado, ayudada por la cuidada iluminación de Reinier Tweebeeke y el impactante vestuario de la oscarizada Sandy Powell, que la escena sea moderna e inquietante, que llame la atención de forma inteligente pero sin caer en excentricidades de mal gusto. Lo cierto es que Wagemakers no había vuelto a representar su minimalista producción de "Rigoletto" que tanto éxito tuvo en su país, Holanda. Pensaba, además, que nunca volvería a hacerla a causa de las complicaciones técnicas que conllevan la instalación y el manejo de la plataforma hidráulica móvil que ha de colocarse en el escenario y sobre la que se desarrolla la acción. Pero desde el Teatro Real insistieron. Le aseguraron que contaría con todos los medios técnicos para que la empresa llegara a buen puerto y así fue como la escena de Wagemakers ha aterrizado para asombrar.

Es una propuesta tremendamente original que no desvirtúa el espectáculo lírico propiamente dicho, aunque lo cierto es que ver a Roberto Frontali, un excelente Rigoletto, “pasearse” por los estrechos laterales de la plataforma inclinada, mientras deleita al público con su voz potente y plena, de un atento fraseo, provoca al principio tal sensación de vértigo que casi dan ganas de cerrar los ojos. Y es que es precisamente el bufón el que se lleva la peor parte a la hora de llevar a cabo los equilibrios más circenses y las caídas con más vueltas de campana.

Escena de la ópera de Verdi, Rigoletto, en el Teatro Real (Foto: Javier del Real)

Voces cálidas, refinadas...
Menos mal que Frontali es, además de uno de los barítonos verdianos más reconocidos del mundo, un entregado y eficaz actor que da vida a un Rigoletto capaz de amar, odiar, sufrir, recordar, temer y llorar, cantando todas esas emociones en un papel que descubre, seguramente como ningún otro, la infinidad de posibilidades para la voz de barítono tan desaprovechada antes de Verdi.

Gilda, la soprano italiana Patrizia Ciofi, también se las tiene que ver con una estrecha escalera que sube hasta el cielo y uno sólo deja de preocuparse por su integridad física cuando interpreta, con voz cálida y estilo refinado, el bellísimo aria Gualtier Maldé, el “caro” y falso nombre del crápula duque de Mantua, interpretado por el correcto tenor español José Bros en sustitución del esperado Juan Diego Flórez, quien este verano dijo basta a un papel que le exigía una tesitura demasiado baja para su habitual registro, de carácter más agudo.

El legado de Verdi irrumpe así en la programación del Teatro Real que demuestra que los grandes clásicos nunca mueren. "Rigoletto" es uno de ellos. Hasta el 23 de junio hay tiempo para sorprenderse con esta producción.



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