reseña
Miklós Bánffy: Los días contados
domingo 30 de agosto de 2009, 08:31h
Esta novela –primera de las que integran la “Trilogía Transilvana” de Bánffy– es una crónica, social y política, de la aristocracia húngara en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. En su título, Los días contados anuncia el drama que sufrieron los transilvanos al presentir, en los albores del siglo XX, que el Imperio Austrohúngaro (al que pertenecían) daría sus últimas boqueadas pocas décadas después. Al mismo tiempo, Bánffy, utilizando al personaje principal –su “alter ego” Bálint Abády–, muestra el saqueo histórico que, en perenne agonía, ha sufrido la aristocracia del país magiar.
Esta novela –primera de las que integran la “Trilogía Transilvana” de Bánffy– es una crónica, social y política, de la aristocracia húngara en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. En su título, Los días contados anuncia el drama que sufrieron los transilvanos al presentir, en los albores del siglo XX, que el Imperio Austrohúngaro (al que pertenecían) daría sus últimas boqueadas pocas décadas después. Al mismo tiempo, Bánffy, utilizando al personaje principal –su “alter ego” Bálint Abády–, muestra el saqueo histórico que, en perenne agonía, ha sufrido la aristocracia del país magiar.
Ferviente nacionalista –como su creador–, el conde Abády asiste a suntuosas fiestas, y participa desde cierta distancia en los vacíos flirteos y en el ambiente de despreocupada ostentación que viven sus amigos y familiares aristócratas: personajes decadentes, satíricos, frívolos… Entre los más cercanos a Bálint, el infortunado László y las heroínas de la historia, Adrienne y Klára, que, abocadas a un matrimonio concertado por sus familias, se aventuran sin embargo, ávidas de libertad y estimuladas por la efervescencia del amor, a trastocar su destino. A todos ellos, jóvenes románticos, surcados por un melancólico lirismo –cuyo momento álgido emerge en sus encuentros íntimos– les atraviesa el mismo deseo de ser amados.
El autor imagina, desde lo sucedido en la Gran Guerra (Los días contados fue publicada en 1934 y prohibida poco después), ese sombrío pasado, utilizando por un lado a personajes disolutos de los que procura demarcarse; y por otro, a los sensibles antihéroes que buscan su identidad mientras afrontan el dilema de renunciar a lo más preciado. Estos últimos ayudan –tal vez– al escritor a mitigar la culpa por apenas haber evitado, desde su cargo de ministro, el desmembramiento de su país tras la derrota del Imperio.
Por Inmaculada López Molina