crítica
Joanna Bourke: Sed de sangre. Historia íntima del combate cuerpo a cuerpo en las guerras del siglo XX
jueves 17 de septiembre de 2009, 19:43h
Joanna Bourke: Sed de sangre. Historia íntima del combate cuerpo a cuerpo en las guerras del siglo XX. Traducción de Luis Noriega. Crítica. Barcelona, 2009. 608 páginas. 39 €
Este libro fue publicado originalmente en Gran Bretaña hace ya diez años, pero hasta hace poco no hemos tenido la oportunidad de encontrar su traducción al castellano. A simple vista, podríamos pensar que Joanna Bourke tratase de ilustrar con palabras las formas que tuvo el odio de fluir entre los soldados que participaron en los conflictos bélicos más significativos del siglo pasado. Sin embargo, aunque sea ésta la emoción principal que articula el libro, conviene señalar el modo en que cuentan igualmente con una posición indispensable otros sentimientos complementarios como el miedo o el amor. A lo largo de esta obra, la autora analiza las motivaciones, formas y justificaciones empleadas a la hora de preparar a miles de soldados para su principal objetivo: matar. Para ello, dicho análisis se vale de tres países concretos (Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña), y se centra en las dos guerras mundiales y el conflicto de Vietnam.
El resultado es un trabajo complejo, minucioso y crudo. Aunque pueda parecer extenso, un tercio de las páginas son notas y bibliografía, las únicas posibilidades de percibir el texto como un relato repetitivo se encuentran dentro de cada capítulo, no a lo largo del libro. La documentación utilizada sobrecoge y fascina al mismo tiempo, y se basa principalmente en diarios, cartas, testimonios, encuestas y estadísticas. Además, cada capítulo está introducido por alguna historia personal a modo de recurso novelístico que ilustra el tema tratado, consiguiendo involucrar de forma más íntima en la lectura, y creando momentos de distracción entre las partes más propias de un ensayo.
Tanto el ritmo como la estructura del libro están bien cuidados. Al principio quedan reflejados los procesos a través de los cuales se despierta la “sed de sangre”; a continuación se trata la justificación, individual y social, de tales actitudes dentro de los conflictos bélicos; finalmente, se menciona con brevedad la dificultad de reintroducir en un contexto no bélico a quienes habían sido preparados para matar. Alrededor de la línea argumental principal, afloran diferentes cuestiones como la camaradería entre militares, el sentimiento de culpa, el papel de la Iglesia y la comunidad científica, la mujer dentro de las fuerzas armadas, el asesinato de no combatientes, etc. A la hora de explicar sus reflexiones, la historiadora muestra cierta inclinación por el bagaje conceptual que ofrece la psicología.
Bourke nos permite ver todo un abanico de posibilidades entre concebir la guerra como un acto ennoblecedor (con reglas “caballerescas”, enfrentamientos ritualizados y complicidad entre enemigos) y percibirla como la más sucia de las empresas (exenta de escrúpulos, llena de atrocidades, y ejecutada por soldados fuera de sí). La obra no sólo analiza los éxitos logrados a la hora de estimular instintos homicidas entre las filas de las fuerzas armadas, también se muestran y explican las disfuncionalidades y los fracasos: la falta o el exceso del deseo de matar, las dificultades del regreso a la vida civil (el problema de la “bestialización” del soldado), el surgimiento de ansias de luchar por quienes no deberían (sacerdotes, mujeres). No hay duda de que después de leer este libro, se ve a la guerra (no sólo en general, sino también en el sentido histórico apreciando estas contiendas concretas) de un modo completamente diferente.
El alcance de la investigación llevada a cabo está elegido de forma inteligente, pues abarca todo un período en el que las tendencias bélicas van en consonancia con la época industrial, y los enfrentamientos cara a cara pierden gran importancia en favor de los bombardeos, el uso de minas, la actuación de francotiradores, etc. A día de hoy, sería necesario cambiar el enfoque y adaptarlo a las nuevas formas de guerra “informacional”. De hecho, para esta reedición en castellano, hubiese sido óptimo un epílogo, o al menos una introducción, que hiciese mención, por ejemplo, a los conflictos más recientes en Oriente Medio. Se echa de menos también, aunque el motivo de su ausencia es obvia, ciertas alusiones al caso de los ejércitos del bando contrario. Centrado el libro en las filas estadounidenses, británicas y australianas (y con una comprensible insistencia en el conflicto de Vietnam), arroja la duda de hasta qué punto se pueden aplicar los resultados al otro lado de la trinchera.
Es necesario resaltar que la escritora se esfuerza en mantener una línea bastante neutral en cuanto a un hipotético eje belicista-pacifista (no retrata al soldado ni como una bestia, ni como un héroe, ni como una víctima, sino todo al mismo tiempo). Pero, aunque uno no deja de disfrutar con las exposiciones y argumentaciones, le queda la sensación de que al final sólo obtiene unas conclusiones poco claras y contradictorias. Bourke parece mostrar hacia el mundo castrense la misma relación amor-odio de la cual el lector se contagia a lo largo de la obra.
Por José María Zavala