El mundo de la pintura callejera lleva un largo tiempo debatiéndose entre el vandalismo y la categoría artística. Leyes municipales multan a aquellos que pintan en los muros de las ciudades, mientras que algunos ayuntamientos contratan a grafiteros para decorar calles y comercios. Muchos de los pintores que exponen sus obras en museos europeos, fueron en sus inicios multados por vandalismo pictórico callejero. El Imparcial analiza la situación actual del graffiti.

El graffiti como cultura urbana tiene un recorrido que no supera los 50 años de antigüedad, pero su
carácter clandestino El graffiti como cultura urbana tiene un recorrido que no supera los 50 años de antigüedad, pero su
carácter clandestino le ha conferido una frenética evolución y transformación. Desde que se empezaron a pintar algunos muros en Filadelfia con
tags (firmas), a finales de los años 60, hasta las obras de grafiteros que son consideradas como arte de vanguardia, el mundo de la pintura en spray ha tenido que transformarse y diversificar sus estilos para sobrevivir.
La necesidad de cambio ha generado una gran división dentro del
graffiti: el artístico y el “vandal” o vandálico. El primero es el considerado como disciplina artística, y tiene sus representaciones más identificables en algunos comercios y muros que han sido reservados para ser decorados con graffiti, o en museos que exponen obras pictóricas vanguardistas. Para su realización se requiere horas de trabajo y diseño, y el grafitero es remunerado por elaborar la pieza. Uno de los ejemplos más famosos del graffiti artístico es el recreado en el
Muro de Berlín, una vez derribado, en el que se representa el
beso entre Leonidas Breznev y Erich Honecker. La localización de esta obra corresponde al
East Side Gallery, un conjunto de graffitis elaborados sobre el tramo más largo del Muro de Berlín que aún queda en pié. El carácter pacifista de estas obras se han convertido en todo un icono.
Existen famosos representantes de este tipo de graffitis. Uno de ellos es un madrileño conocido como
Suso33. Este artista, que comenzó llenando la capital española de
manchas de pintura (obra por la que se hizo popular), es uno de los pintores de arte urbano más reconocidos a nivel internacional. Suso33 ha expuesto sus obras en el
Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid, el
Instituto del Arte de Sarajevo o el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Bucarest, y cuenta con clientes como el
Teatro Real, la Pasarela Cibeles 2007 y el Ayuntamiento de Madrid.

Suso33 nos explica que el graffiti ha sufrido una evolución en el trato que le ha otorgado la sociedad.
Se ha pasado de criminalizarlo a considerarlo como un arte, siempre en una relación constante de amor-odio. El artista madrileño define al graffiti como el elemento que le permite “sentirme vivo dentro de la sociedad y en la ciudad en la convivo con otras personas a las que respeto”; pintar en la calle hace que las personas sean partícipes y creadoras de las escenas que representa, y define al espacio público como su principal escenario de trabajo desde 1984.
El
graffiti vandálico es radicalmente distinto al artístico. Ocupa cualquier lugar de las ciudades, muros privados y públicos, escaparates de comercios, camiones, trenes… Este tipo de pintura esta
penada con multas e incluso arresto (esta semana se ha hecho público el arresto de un graffitero americano que colgó un vídeo en Youtube en el que realizaba un graffiti encaramado a un puente sobre una autopista). Su elaboración es rápida, sencilla y visible, se sitúa en zonas por las que hay afluencia de personas, de ahí el carácter exhibicionista de este tipo de pintadas. Es ante este tipo de expresión del graffiti sobre las que las administraciones trabajan por limitar y abolir.
Las
medidas adoptadas por los ayuntamientos han sido innumerables desde que el movimiento del graffiti irrumpió en nuestro país de manera definitiva. La decisión más represora frente a las pintadas callejeras la tomó la
delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid. Con
Ana Botella a la cabeza, las multas leves se elevaron de 300 a
3.000 euros, y las graves de 600 a
6.000. Además se debía acarrear con los gastos de la limpieza, aunque la multa se podía conmutar con trabajos sociales y cursos de concienciación.

Una de las decisiones más significativas se sitúa en
Murcia. En esta comunidad autónoma se ha creado un
cuerpo de policía especializado en la identificación de tags (firmas) para la posterior detención del autor. Se está trabajando con un programa informático para archivar y comparar las tags que identifican a las pintadas y las zonas donde más aparecen, y así poder posteriormente investigar si el autor ha cometido esta falta en distintas ocasiones, pudiéndose agravar de este modo la tipificación penal y sancionándole por todas ellas. Para ello, se está elaborando un estudio exhaustivo de las zonas donde se han identificado pintadas. Esta medida contará con la ayuda del
Departamento de Policía de Nueva York, experto en la identificación de grafiteros.
La última medida adoptada por un ayuntamiento se ha concretado en
Barcelona, con el acuerdo entre el consistorio de la ciudad condal y la
Confederación de Comercio de Cataluña. Según nos explica el
Consejero de gremios,
Benet Boix, el acuerdo consiste en la
limpieza y mantenimiento de las persianas de los comercios de Barcelona en lo que a graffitis se refiere. La medida ocupará un espacio temporal de cuatro años, y su objetivo es mejorar la imagen de la ciudad. Boix ha precisado que el comerciante deberá cubrir la mitad de los gastos de la limpieza inicial y dos de los 4 años de mantenimiento. La medida, a la que ya se han adherido algunos comerciantes barceloneses, estará perfilada para la campaña de navidad. El consejero de gremios añade que en el proceso de la elaboración de la propuesta entablaron conversaciones con grafiteros de la zona, pero la falta de organización y de respuestas ha hecho imposible el acuerdo entre comerciantes y grafiteros barceloneses.
El camino del graffiti ha sido difícil desde que nació y todavía no se ha sacudido el carácter clandestino. A pesar de que algunos grafiteros enfocan su carrera hacia los museos y exposiciones, las multas acechan a la mayoría de los representantes del este mundillo.
Nuria Mora, grafitera y diseñadora, que ha expuesto sus obras en el
Espace Beaurepaire de París, en la Scion Gallery de Los Ángeles o en la
Noche en Blanco de Madrid, nos explica que la ilegalidad es parte importante en el concepto de graffiti. La artista critica el hecho de que se multe a los grafiteros y a la vez las administraciones les contraten para decorar.

Ante la posibilidad de
habilitar muros para “legalizar” esta actividad, Nuria comenta que el
graffiti no entiende de acotaciones, es pura espontaneidad.
Ladypsico, una grafitera vasca que cursa estudios universitarios, desestima esta medida ya que considera que
se podrían producir “piques” entre grafiteros que se disputaría el espacio habilitado, provocando enfrentamientos; además considera muy complicada su legalización, ya que cualquiera puede comprar un spray y pintar en un muro, y no todos los grafiteros tienen el civismo necesario.
Diego, trabajador de la tienda
Monkey Business, especializada en pintura con spray y con inicios en el graffiti callejero, argumenta que las zonas habilitadas junto con iniciativas como por ejemplo
talleres de graffiti, ayudaría a muchos jóvenes a
encontrar una salida a sus pintadas vandálicas. Diego explica que el endurecimiento de las multas no han conseguido acabar con el graffiti, sino que se ha transformado, y utiliza como ejemplo Barcelona: “Antes era un icono de la pintura, iba gente de todo el mundo a pintar, pero hoy esta más pintada que nunca, pero de peor calidad”.
El graffiti siempre estará en el punto de mira. Expresión de cultura urbana, icono pacifista en el muro de Berlín, símbolo de reivindicaciones raciales, y vandalismo y quebradero de cabeza de administraciones públicas y comerciantes. Nuria Mora lo define como: un concepto amplio y de margenes difusos y en esa amplitud hay discursos interesantes y serios,y hay otros que no lo son. Esta diversidad comprende
actitudes ilegales y obras reconocidas como arte vanguardias y expuestas en museos de todo el mundo.