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Docta, gorda, roja

Bolonia, una ciudad bella, fascinante y muy viva

miércoles 11 de noviembre de 2009, 10:03h
Docta, gorda, roja... los adjetivos de Bolonia nos hablan de una ciudad bella, fascinante y muy viva en las estribaciones de los Apeninos. Pórticos y soportales -45 kilómetros en la ciudad- palacios, iglesias, torres medievales que cortan la respiración, la Universidad más antigua de Europa y una gastronomía que no deja indiferente a los turistas de fino paladar. Como sus gentes, apasionadas y defensoras de su rica historia.
Los medios de comunicación españoles hablan todos los días de Bolonia y ese plan universitario, polémico, atrevido y rompedor en la Europa del Siglo XXI que lleva su nombre. Para la mayoría, sin embargo, esta ciudad de Emilia Romagna sigue siendo una gran desconocida, como incluso lo es para los italianos, que la 'olvidan' en ese cruce de caminos entre Florencia y Venecia.

Pero Bolonia embauca por su casco histórico, el segundo más grande y mejor conservado en Italia tras el de Venecia, impregnado de misterio y romanticismo. Con sorpresas constantes, como la de algún canal de agua al estilo veneciano que ha sobrevivido a la red creada antaño para que comercialmente la ciudad estuviera conectada con el mar; o la de sus callejuelas y casas con muros de madera y sus puertas, doce, que cerraban el viejo recinto amurallado de diez kilómetros.



En el pasado la ciudad nació con el nombre de Felsina como espolón etrusco en la Llanura padana. Luego fue colonia romana (Bononia) y tras pasar por el rico Medievo, donde ya alcanzaba la misma población que París, pasó a manos de la Iglesia. Trescientos años estuvo bajo el poder papal para convertirse en el siglo XX en "la ciudad roja", no solo por el color de sus tejados y fachadas sino por su tendencia política que todavía se mantiene en la actualidad entre sus vecinos.

Bolonia es hoy la ciudad de los museos gratis. "Aquí la cultura no se paga", comenta Giorgia Zabbini, de la oficina de turismo de la ciudad, al tiempo que nos pasa una lista con más de treinta museos. De todas las materias y gustos. Pintura, Escultura, Música, Radio -Marconi es el boloñés más famoso de todos los tiempos- Motos (Ducatti), Judío, de la Resistencia... a los que hay que añadir los de las iglesias, libres también de pago, y sobre todo el de su vieja Universidad, la más antigua en el viejo continente pues lleva 900 años entregando doctorados.

Y en ella, una joya, el Teatro Anatómico, donde ya en el siglo XVII se hacían autopsias por Carnaval para convertirse después en una sala de prácticas, a causa de la presión de los estudiantes, que dirigía un profesor bajo la vigilancia de una autoridad eclesiástica que se asomaba desde la ventana superior. La imponente sala de madera está coronada por los "spellatti", unas llamativas estatuas anatómicas, y el Dios Apolo, rodeado de figuras astrológicas, en el techo. El teatro fue reconstruido fielmente tras los bombardeos de 1944 que causaron importantes destrozos en este ala del Palacio del Archigimnasio, repleta también de escudos heráldicos e inscripciones de antiguos estudiantes y lectores.

Otro imponente teatro, éste urbano y exterior, se encuentra en la Piazza Maggiore, el corazón de Bolonia. Lo preside la Basílica de San Petronio, que se eleva sobre su fachada de mármol incompleta. Construida con el dinero de los propios boloñeses, es el templo donde se celebran las misas más importantes, por delante de la Catedral levantada en Via Independenza, y llama la atención por su reloj solar interior construido por Gian Domenico Cassini. Se trata de una meridiana de 67 metros que se proyecta desde la entrada hasta la octava capilla. En la parte superior de esa capilla brilla un sol dibujado con un agujero central por el que se cuelan los rayos del sol que se reflejan con total precisión en la línea. Tal fue la importancia de San Petronio, la iglesia del santo patrón boloñés adornada con sus capillas aristocráticas y de comerciantes, que en este templo fue coronado como emperador Carlos V.



Junto a la iglesia, la plaza está cerrada por varios palacios vistosos - el Palacio de los Notarios, el Palacio Comunal con su Torre del Reloj, el Palacio del Rey Enzo, el Palacio de Podesta y el Palacio de los Banqueros-, pero el monumento más visitado por los turistas es la fuente de Neptuno (s. XVI), obra del escultor flamenco Giambulogna. La fuente, de mármol y bronce, se erigió para celebrar la llegada del Papa a Bolonia. Al ser un símbolo del poder pontificio, la estatua de Neptuno estuvo tapada durante muchos años con un calzón de bronce que escondía sus partes más íntimas, pero Napoleón Bonaparte le devolvería su aspecto original después de la toma de la ciudad.

Sólo a unos pasos de la bellísima fuente se conecta con Via Rizzoli desde la que divisamos la Torre Asinelli (97 metros de altura), la más alta de la actual Bolonia. A su lado, la Torre Garisenda (47 m.), mencionada por Dante en La Divina Comedia, es una más de la veintena que existen en la ciudad (en la Edad Media se levantaron más de cien y la altura de los edificios representaba el poder económico de cada familia), pero asombra su inclinación, mayor que la de la Torre de Pisa. Desde Asinelli hay una fantástica panorámica de Bolonia y sus colinas verdes, siempre que se suban los 500 escalones que conducen al mirador. Desde esta posición la vista alcanza a dos templos emblemáticos de Bolonia situados en las montañas próximas: San Michelle in Bosco y el Santuario de San Luca. En este último, convertido en un centro de peregrinación muy popular, hay una gran devoción hacia la imagen de la Beata Virgen de San Luca. Muchos boloñeses cubren el trayecto a pie entre la ciudad vieja y el templo a través de un pórtico formado por 666 arcos seguidos. Un tramo único en el mundo por su longitud de casi 4 kilómetros.

En realidad, la historia de Bolonia es la de sus pórticos. Severos, románticos, seductores o acogedores surgieron para poder alojar a los numerosos estudiantes que llegaban a la ciudad para ingresar en la Universidad y se convirtieron en un símbolo original y encantador de sus calles. Como lo son sus iglesias. Hay muchísimas y todas repletas de encanto y obras de arte, pero hay que destacar tres: San Stefano, también llamada la Gran Jerusalén de Bolonia, está formada por cuatro de los siete templos levantados aquí por los benedictinos en una coqueta plaza medieval con varios palacetes; San Doménico, con la impresionante tumba del fundador de la Orden en un arca embellecido con tres obras de Miguel Angel joven, y Santa María del Servi, la más hermosa para los boloñeses con un llamativo pórtico y frescos conservados en sus muros exteriores.

El paseo por la vetusta Bolonia no puede terminar sin acercarse al Colegio de España, el único de los 21 colegios internacionales abiertos en la Edad Media que ha sobrevivido casi milagrosamente en la ciudad. Fundado en 1364 por el cardenal español Gil de Albornoz, es hoy como lo fue en sus orígenes "el colegio de una nación en otra" para los universitarios españoles que pueden conseguir aquí el Doctorado Europeo de Titulaciones "y no solo en Derecho -nos remarca el rector José Guillermo García de Valdecasas, quien ejerce esta función desde hace 32 años- sino en todas las disciplinas que se cursan en Bolonia".

Fue en estos muros históricos y sus calles anexas, donde fue servido el chocolate por primera vez para festejar la coronación de Carlos V y sigue siendo en la actualidad la residencia de la Familia Real española cuando alguno de sus miembros se desplaza a Bolonia.


Recomendaciones gastronómicas para saborear Bolonia:

Restaurantes: Trattoria Gianni. Via Clavature 18. Tel 39 051 229434; Al Voltone. Situado en el Palazzo Re Enzo Palazzo Re Enzo 1/A. Tel 051 236743; Círcolo Manzini. Via E. Levante 6. Tel 051 309326.

Embutidos: Tamburini. Via Caprarie 1. Tel: 051 234726. La mejor mortadela y queso parmesano. Desde 1932.

Pasta Fresca: Paolo Atti & Figli. Via Drapperie, 6 y Via Caprarie 7. Fundada en 1880. Especializada en tortellini, zuppas, torta di riso, pane bologneses.

Cómo llegar: La compañía Air Nostrum dispone de dos vuelos diarios desde Madrid a Bologna ida y vuelta y otro desde Barcelona. Información: www.iberia.com

Para dormir: Hotel Al Cappello Rosso. Via De' Fusari 9. Tel 39 051 261891. Perfectamente situado al lado de la Piazza Maggiore. http://www.alcappellorosso.it

Más información: www.bolognaturismo.info