Del compositor Erich Wolfgang Korngold
"La ciudad muerta": fascinante viaje onírico en el Teatro Real
martes 15 de junio de 2010, 11:15h
En 1920 tuvo lugar su estreno simultáneo en las Óperas de Hamburgo y Colonia con un éxito de los que hacen presagiar larga vida al compositor y a sus futuras creaciones. Sin embargo, no fue así, o, por lo menos, no en el sentido que se podía imaginar. Korngold, el considerado niño prodigio de la música de la época, tuvo que dejar Austria a causa de la difícil situación política que atravesaba su país y emigrar a Los Ángeles, ciudad en la que, junto a Max Steiner, se convirtió en uno de los padres de la composición musical cinematográfica en Hollywood, llegando a ganar dos Oscars por las bandas sonoras de Robin de los bosques y de El caballero Adverse, a cambio de dejar de lado sus composiciones operísticas.
Han pasado 90 años desde que aquellos vibrantes aplausos apadrinaron las primeras representaciones de La Ciudad muerta y, aunque durante los últimos años la impactante obra ha ido incorporándose con creciente aceptación a las programaciones de los grandes teatros de todo el mundo, la bella e intensa ópera continúa siendo un título desconocido para la mayor parte del público. De modo que no resultó extraño que en una velada de estreno, como la de anoche en el Real, se vieran algunas butacas vacías justo antes de que se apagaran las luces, el director musical Pinchas Steinberg saludase desde el foso y el telón dejara al descubierto un escenario convertido para la ocasión en la fantasmal habitación de una casa de la ciudad de Brujas, en la que un viudo, desconsolado hasta perder la cabeza, sigue velando el recuerdo de su amadísima esposa, a la vez que abraza con delirio su resurrección en la piel de una joven, muy parecida a su mujer, a la que acaba de conocer.
El director de escena Willy Decker ha apostado por una escenografía sobria e inteligente que juega con los espacios para diferenciar la realidad de los momentos oníricos por los que se mueven, durante la mayor parte de la obra, sus personajes. Original en su mayor parte, Decker recurre a poderosas imágenes que transportan a la filmografía de Hitchcock, como en la forma de romper las líneas paralelas, con techos y paredes que se tuercen o se distorsionan durante el sueño del protagonista, igual que en Recuerda, el filme protagonizado por Gregory Peck en el que las escenas oníricas del amnésico doctor fueron creadas por Salvador Dalí. Y, salvo algunos elementos que más que ayudar acaban por recargar el escenario y resultan repetitivos por innecesarios, en su conjunto el director de escena alemán consigue transmitir la separación entre los dos mundos que conviven durante la obra y logra algo mucho más importante: que los intérpretes vivan en la piel de sus personajes y no dejen resquicio a la duda de que la intensidad del drama que se está viviendo en el consciente y el subconsciente del protagonista no está clavado muy hondo en los propios artistas.
El reparto resulta, además, muy compacto, a pesar de que sea la soprano Manuela Uhl quien destaque en su doble papel de Marie, la esposa muerta, y Marietta, la joven bailarina que representa la última oportunidad para Paul de volver a vivir. Su exquisita voz fue la que se llevó el aplauso unánime del público, que no lo fue tanto, en cambio, para su compañero, el tenor alemán Klaus Florian Vogt, quien, sin embargo, había demostrado una magnífica actuación en un papel extenuante. Hubo asimismo división a la hora de premiar al foso, en el que, durante las casi tres horas de representación, la Orquesta Titular del Teatro real, Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la batuta de Pinchas Steinberg, no había interpretado siempre con la sutileza que reclama la obra, algo que, por otra parte, ya había pronosticado el propio director musical días atrás durante la presentación de la ópera: “Hay que controlar cada compás de La ciudad muerta y estar muy atento. Si no sujetas todo el torrente de sonido, se puede desbocar”.
Esta genial producción del Festival de Salzburgo en coproducción con la Staatsoper de Viena, estrenada en 2004 y que ya ha viajado por los más importantes templos de la lírica del mundo, estará en la capital hasta el próximo 30 de junio, y la función del día 17 será retransmitida en directo por Radio Clásica, de Radio Nacional de España.