Era las treinta y ocho por ciento del escrutinio, el partido Z alcanzaba ciento sesenta y tantos escaños y el partido R se quedaba en ciento cincuenta y pico. A medida que aumentaba el porcentaje de los votos escrutados –el recuento de los del Senado seguía sin comenzar-, aumentaba también el cabreo de los currantes sin derecho a fiesta y sorprendidos de los porcentajes que se hacían públicos, cuando aún había papeletas sin extraer de las urnas correspondientes al Congreso.
El cava catalán corría en Ferraz cuando el reloj marcaba más del ochenta por ciento de los votos escrutados, el partido Z sumaba escaños y el partido R disminuía la distancia. Los Senadores, supuestamente electos, celebraban el ya seguro subsidio de parados que percibirán durante los próximos cuatro años cuasi sabáticos. Artistas e intelectuales canturreaban loas a los señores del canon, de los teatros públicos, de las películas y de subvenciones y canonjías varias. Ya daba el reloj electoral las noventa y nueve por ciento, cuando los curritos cabreados daban por terminado el complejo escrutinio de las papeletas del Senado. La fiesta de los pretendientes a preboste y sus apoyos artístico-intelectuales, colmaba el aforo de Ferraz; no cabía un solo currante cabreado de los pocos que decidieron acercarse a recibir algún reconocimiento. Hubieron de conformarse con recorrer algunas calles céntricas. Los del partido R, muy tristes ellos, se consideraban también ninguneados y, además ni siquiera podían brindar con cava, aunque fuera valenciano. Los artistas y los intelectuales se aplaudían a sí mismos y ya proponían sus nombres para denominar los nuevos teatros que construyan sus apoyados.
Mariano Torralba