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La medida hace frente a una férrea oposición

Obama de "manos atadas" ante la reforma migratoria

martes 06 de julio de 2010, 12:16h
El pasado 1 de julio el presidente de EEUU, Barack Obama, abordó sin tapujos el tema de la reforma migratoria. Ante las casi 250 personas que asistieron a una conferencia en la Universidad Americana de Washington D.C., el mandatario estadounidense mostró su firme apoyo a una medida que según sus palabras, desvela la ruptura, los vacíos y las deficiencias del sistema de inmigración estadounidense. Pese a ello, la iniciativa le han salido más detractores que aliados dejando en el limbo el destino de 11 millones de indocumentados.
Era la primera vez que Obama dedicaba un discurso íntegramente a la reforma migratoria y el mensaje, aunque repetido, fue claro: “El sistema esta roto, y todo el mundo lo sabe, pero sin el apoyo republicano no podemos resolver este problema, esta es la realidad política y  matemática”, insistió.

Tal y como está la situación parece que la reforma no se moverá hasta después de las elecciones de noviembre. Sin embargo, su presencia parece ir en aumento en los medios de comunicación y en la opinión publica del país, sobre todo por la controvertida Ley de Arizona que empezará a aplicarse a finales de julio. Una legislación que ha sido objeto de numerosas críticas en los últimos meses por parte de la Casa Blanca y organizaciones civiles, pero defendida por figuras como el Senador de Arizona, Jon Kyl, quien sostiene que es "una respuesta" para "resolver el problema" de la inmigración.

El debate público desencadenado por la normativa SB1070 ha activado un movimiento hispano que empieza a hacerse notar y que puede ser decisivo en las elecciones de noviembre sobre todo en algunos estados, lo que podría jugar en contra de la actual Gobierno norteamericano. Todo apunta a que Barack Obama tiene las manos atadas frente al tema migratorio.

El mandatario no cuenta con el apoyo de ningún republicano, ni siquiera con los que ya votaron a favor de la última propuesta de reforma que tuvo lugar 2007, la cual fracasó por no disponer de los votos suficientes debido los desacuerdos originados por la legalización de los inmigrantes que se encuentran en el país. 

De nuevo los extremos y las posturas encontradas parecen alejar la posibilidad de un acuerdo que permita el saneamiento sistema migratorio estadounidense. En un intento por lograr el consenso, el mandatario ha intentado aplicar la lógica argumentando que "no se pueden deportar a 11 millones de personas".

PIE DE FOTONo obstante, parece que sus reformas anteriores, sobre todo la de sanidad, han levantado ampollas en los miembros del Partido Republicano  que no van a ponérselo fácil.

A pesar de que la Administración Obama ha hecho los deberes en cuanto a seguridad fronteriza, aumentando el numero de efectivos a la par que el de las deportaciones, esto no satisface al bloque republicano que con el ex candidato presidencial John McCain a la cabeza, exige a Washington que solucione el problema de la violencia en la frontera antes de poner sobre la mesa una reforma migratoria integral.

"El senador (Jon Kyl) y yo invitamos al presidente a que venga a la frontera entre Arizona y Sonora. La violencia es increíblemente alta. En la zona y se ha cobrado la vida de 23.000 mexicanos en los últimos años", señaló el ex McCain en un programa de la cadena televisiva ABC.

Entre tanto, los partidarios de la reforma migratoria comienzan a ejercer presión sobre Obama para que trasforme sus palabras en acciones. Pero la empresa de modificar el sistema de inmigración de EEUU presenta más obstáculos que alternativas, debido a que no cuenta con la aprobación suficiente para su puesta en marcha, dejando en suspenso una de las principales promesas electorales del actual mandatario estadounidense.

Lo único que le queda a Barack Obama intentar paralizar de alguna manera la polémica ley de SB1070 antes de que finalice el mes o aprobar la DreamAct (ley que permite acudir a la universidad a estudiantes indocumentados) a fin de mantener la esperanzas de millones de inmigrantes, en su mayoría provenientes de países latinoamericanos, que esperan que el mandatario cumpla su palabra.