Un camino con doce siglos de historia. Una ruta de cientos de kilómetros y decenas de ramales. Un destino en el “final del mundo” al que han llegado reyes, papas, caballeros, monjes, hospitalarios y pastores procedentes de diversos puntos de Europa e incluso de otros continentes. Y un itinerario con etapas en múltiples regiones, reinos y países cuenta con leyendas, curiosidades y milagros que lo hacen único y merecen ser contadas y recordadas. He aquí unas cuantas.
Tras decenas de kilómetros y días caminando son muchos los peregrinos que se emocionan al abrazar al apóstol. Las motivaciones que les han llevado a emprender el camino pueden ser muy distintas: unos buscan aventuras, otros hacer deporte, otros encontrarse con la naturaleza, otros con la soledad y otros peregrinan para hablar con Dios. Sin embargo, al llegar a Santiago casi todos se definen como verdaderos peregrinos y afirman que el Camino marca y transforma. ¿Pero qué ha pasado en esos días? ¿Qué se han encontrado?
Los que acuden en bici, a caballo o a pie a la Compostela este año jubilar son los últimos de una lista infinita de peregrinos que a lo largo de los siglos han vivido la experiencia del Camino. La tradición jacobea está impregnada de curiosidades, leyendas y milagros que ha sido recogidas por códices como el Codex Calixtinus de Aymeric Picaud o que se han difundido entre peregrinos de forma oral.

El milagro más famoso del Camino tuvo lugar en
Santo Domingo de la Calzada donde, como indica el dicho, "cantó la gallina después de asada". Fue a principios del siglo XV cuando una familia alemana paró en la localidad riojana para orar frente a la tumba del santo. Se hospedaron en una posada donde la hija del patrón se enamoró del hijo de los alemanes. Este rechazó su amor y la joven vengativa colocó en su valija una taza de plata para que lo acusaran de ladrón. El joven fue ahorcado y los padres, a su regreso de Santiago, lo encontraron aún colgado pero vivo por intercesión del apóstol. Acuden al juez y éste, incrédulo, a punto de comerse un gallo y una gallina les espetó: "Vuestro hijo está vivo lo mismo que estas aves que aquí veis en el plato". En ese momento el gallo y la gallina saltaron del plato y cantaron y el joven fue liberado de la horca. En su recuerdo, un gallo y una gallina permanecen en un corral en el interior de la iglesia de Santo Domingo.

Todo peregrino lleva una
viera colgada al cuello, en el bordón o en la mochila. La concha es desde hace siglos un emblema de Camino pues, según cuenta la leyenda, un peregrino que se encontraba exhausto en el Alto del Perdón, a pocos kilómetros de Pamplona, se vio tentado por el diablo que le ofreció agua de una fuente oculta si renegaba a Dios. Tras negarse a la tentación del demonio y a punto de perecer, se le apareció el apóstol quien le dio de beber con su viera.
Obanos, localidad navarra cercana a Eunate, conocida por el misterio de
San Guillén y Santa Felicia, hijos de los Duques de Aquitania. La historia del siglo XIV acontece en el Camino de Santiago después de que Felicia decidiera servir a los pobres y dejar su vida anterior. Su hermano fue en su búsqueda. Pretendía convencerla para que regresara a su tierra pues le aguardaba una vida mejor y un buen matrimonio. Felicia se niega y Guillén, furioso, la degüella. Arrepentido, Guillén peregrina a Santiago para purgar sus pecados y pedir perdón por su crimen. A su regreso construye la Ermita de Arnotegui, donde mantendrá una vida contemplativa y al servicio a los demás. Así alcanzó la santidad. Cuenta la leyenda que el "cielo hizo florecer el sepulcro de Felicia" de Labiano, venerado por peregrinos y lugareños. El auto sacramental del
misterio de Obanos sigue siendo representado en la actualidad.

El puerto de
Piedrafita del Cebreiro es el pórtico de entrada a Galicia. Llegar hasta este puerto, situado a 1.109 metros de altitud, implica esfuerzo, pero para el peregrino la recompensa es grande: puede sentirse más cerca de su destino. En la cima, un monasterio, escenario de un milagro eucarístico del siglo XIV con dos protagonistas: un monje y un labriego. Llueva, nieve, haga calor o truene, el labrador subía al puerto para oír misa mientras el sacerdote, incrédulo, se mofaba de su fe. Cuando un día de frío y de tormentas el campesino arribó empapado y tiritando al monasterio el monje le dijo que la misa no valía tanto esfuerzo. Minutos después, en el momento de la consagración, la Hostia se convirtió en carne y del Cáliz comenzó a rebosar sangre que tiñó el altar. El milagro se difundió a gran velocidad y los Reyes Católicos regalaron el relicario que sigue expuesto en la capilla del monasterio con motivo de su visita. El escudo de Galicia contiene un cáliz en recuerdo de este milagro.
El Parador de Santiago, el
Hostal de los Reyes Católicos, obedece a día de hoy al mandato de los reyes de acoger y recibir a los peregrinos a su llegada a la ciudad del apóstol. Siguiendo con una tradición que data de 1511, Paradores ofrece gratis a los diez primeros peregrinos que acrediten su Compostela (certificado de hacer cumplido el camino) desayuno, comida y cena durante tres días. Es importante precisar que el Parador ofrece el mismo menú que a sus empleados y que el peregrino tiene la obligación de comportarse como ellos y de recoger el salón en el que comerán en bandejas.
