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entrevista

José María Merino a EL IMPARCIAL: "Me encanta el lenguaje y trabajar con las palabras"

viernes 14 de marzo de 2008, 22:07h
-¿Qué es lo que usted puede aportar a la institución?

-Mi curiosidad. Desde niño me atraen los diccionarios. Tengo muchos, y como empiece con uno puedo estar una tarde entera porque una palabra me lleva a otra y a otra... Es un mundo apasionante en el que me sumerjo y entrar en la Real Academia Española sería como entrar en el Diccionario. Me encanta el lenguaje, trabajar con las palabras, sería el regalo de mi vida...

-¿El relato breve, el que usted cultiva, puede ser un buen elemento con el que experimentar allí?

-La Real Academia Española podría ser el lugar ideal porque se está trabajando muy bien este género en la lengua española, tanto aquí como en Suramérica. Nuestro idioma está innovando y aunque los autores americanos le han dedicado más esfuerzo que nosotros durante más años, en España ha habido y hay muy bueno cuentistas, lo era Max Aub, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, con poca obra pero ahí está, Ana María Matute...

-Es un género que se está revitalizando en los últimos años...

-Debería ser otra de las esencias de la literatura, como la poesía. Creo que se están abriendo nuevos espacios a los que llegar pero sin relegar a otros géneros, pueden convivir todos. Y tal vez, su característica mayor está en la condensación, si hablamos del mini o nano relato porque un hay cuentos que tienen que tener un número determinado de páginas para que sean lo que son.

-El hecho de que el Premio Salambó se haya fijado en su libro, una antología de sus relatos más breves, ¿qué le ha parecido?

-Ha sido una sorpresa divertida porque no me lo esperaba en absoluto. Cuando me lo comunicaron estaba en Andorra y recibí la llamada, yo esperaba encontrarme la voz de mi mujer y me encontré con esa noticia. Primero, es muy importante que los colegas te valoren y es fundamental porque tengo muy en cuenta la opinión de un autor y segundo, creo que premiar este género es una apuesta, un reto, porque se está volviendo a fundar, es una nota de modernidad apostar por él y es muy interesante. Mi valoración es muy positiva. Además, los premios te aportan seguridad y te reconfortan y estimulan. Significa que el trabajo que estoy realizando tiene un eco, porque nunca he escrito un libro para un premio y casi nunca me he presentado, me los he encontrado. Todo, excepto el Torrente Ballester, al que mandé la obra de forma intencionada porque siempre me ha parecido un galardón muy especial.

-¿Y qué cree que piensa el lector cuando entra en una librería y se encuentra con una mesa de novedades plagada de premios que ya casi no se distinguen?


-Hay dos tipos de premio, el que tiene un marchamo más comercial que tiene un lector seguro porque busca eso y el resto. De todas formas te dan curriculum. Aunque también, a veces, pueden ser peligrosos... cuando me dieron el de la Crítica Juan García Hortelano me dijo: "Esto es como el beso de la mujer araña porque la gente puede pensar si los críticos lo han premiado ¡veremos cómo es! (dice entre risas)". De todas formas, mis libros tampoco se encuentran en ciertas librerías por las que pasa mucho público y que son las que están copadas por las novedades de best-seller. Esto es un poco perverso porque hay escaparates y espacios que se compran, aunque... lo veo con deportividad.

-¿Qué le ha aportado cada uno de los géneros que cultiva, narrativa, poesía y relato?

-La novela tiene el encanto de la aventura, del descubrimiento, el cuento como la poesía tiene un punto de iluminación, un cuento lo veo o no lo veo y eso, a veces, puede llegar a ser desesperante. El cuento breve tiene también el elemento de la experimentación y puedes homenajear cualquier cosa y eso me atrae mucho. Además me permite cambiar de registro. Ya no escribo poesía porque la poesía me ha abandonado pero sí sigo con la novela y con el relato. Cuando termino una empiezo con el otro, es casi una cuestión de higiene mental porque en una novela invierto tres años, es un plazo largo y penoso. Aunque un género no es más importante que el otro, los alterno.

-¿Cómo define el cuento breve?

-Es un género de llegada y no de partida. Necesita un lector bastante refinado, en muchas ocasiones es como si se leyera un haiku que necesita una preparación lírica, el lector también tiene que participar a lo que se añade, la brevedad que no es más que complejidad, en absoluto sencillez, y es labor del lector descifrarla. Lo breve hay que llevarlo al máximo y además tiene que contar con un final sorpresa. Ahora estamos inmersos en un proceso de construcción de este género porque parece que en él cabe todo, no todo lo breve es bueno, tiene que tener movimiento, tiene que narrar y ahí estriba su dificultad.





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