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acusaciones de fraude

Cómo organizar un Mundial: la novela negra del siglo XXI

viernes 29 de octubre de 2010, 20:36h
La carrera por la gestión del Mundial 2018 ha experimentado un giro preocupante desde que la prensa británica filtrara la supuesta compra de votos de dos comisionados de la FIFA que formaban parte del jurado. La acusación salpicó también a la candidatura ibérica formada por España y Portugal, que permanece a la espera de una decisión del máximo organismo gestor del balompié que podría eliminarla por fraudulenta. Este caso ha provocado el retorno de las sospechas sobre el proceso de selección de una candidatura. La polvareda incluye además las sospechas que acusan a la UEFA de haber recibido unos 9,15 millones de euros para que la Eurocopa de 2012 se dispute en Polonia y Ucrania. Todo un nubarrón de difícil solución en las altas instancias del deporte internacional.


Acoger un evento deportivo de primer orden se ha convertido en un objetivo primordial para las federaciones deportivas y, por extensión, los estados candidatos. Las retransmisiones globalizadas de acontecimientos deportivos han multiplicado exponencialmente la repercusión económica, turística y social de estos eventos. En concreto, el Mundial de fútbol se ha colocado en primera línea en la lista de objetivos en relación a la trascendencia de su organización. El pasado torneo sudafricano, amén de transformar el país para el acontecimiento y otorgar una inyección financiera y en instalaciones espectacular, permitió conectar con más de 800 millones de personas tan solo en la final disputada entre España y Holanda.

Por ello, el campeonato del mundo de fútbol es una de las joyas más codiciadas por países de cualquier latitud y condición. La batalla por alcanzar la organización de un torneo del género se convierte en una guerra en sentido literal entre las federaciones y los representantes de cada nación por conseguir un voto más para la causa. La lucha por ganarle un milímetro a los rivales ha provocado actitudes e tácticas que se alejan de los valores deportivos y muestran el lado oscuro de este tipo de elecciones.

Tras la decisión de la FIFA de otorgar a la candidatura brasileña la organización del Mundial 2014, la lógica de la rotación de continentes señala que en 2018 o 2022 el torneo internacional ha de recalar en Europa. Deducida esta inercia, los países del “viejo continente” se han apresurado a elaborar sus candidaturas, elección de representantes, cálculo de posibilidades e, incluso, acciones destinadas a derribar y desacreditar a los rivales sin recalar en la escasa ética de algunas de ellas. El pistoletazo de salida de la carrera por la organización de los próximos mundiales se dio hace meses pero la verdadera lucha se está dirimiendo en estas semanas y ha tomado forma de una espectacular guerra de guerrillas.

Los candidatos son Inglaterra, Rusia, la candidatura conjunta de España y Portugal y la propia de Holanda y Bélgica. La potente competencia entre los protagonistas de la elección ha provocado que ya se hayan puesto en marcha tácticas de derribo. La primera notable llegó desde Rusia. El director general de su candidatura, Alexei Sorokin abrió la veda: “no es un secreto que Londres tiene la mayor tasa de delincuencia comparada con otras ciudades europeas, y el más alto nivel de consumo de alcohol entre los jóvenes”. La reacción ante esta lindeza fue una queja formal de la candidatura inglesa a la FIFA. La candidatura ruso pidió disculpas seguidamente y solventado el malentendido ambos países retoman la batalla.



El siguiente movimiento vino de las islas británicas y mostró un enfoque inesperado: el Sunday Times grabó a dos miembros del comité ejecutivo pidiendo dinero a cambio de sus votos. El reportaje mostró a Amos Adamu y Reynald Temariri pidiendo 500.000 libras por su voto y avisando que habían recibido ofertas de hasta 9,5 millones de euros por el sufragio, respectivamente. Además, el documento audiovisual señaló que partidarios de dos países que optan a la organización del Mundial de 2018 ofrecen en torno a 850.000 euros por voto.

La candidatura ibérica formada por España y Portugal no se salva de las sospechas de actuaciones poco éticas para lograr el jugoso objetivo. La FIFA decidió expedientar a la candidatura conjunta por un presunto acuerdo con la candidatura de Qatar, que competirá por acoger el Mundial de 2022. Las sospechas se centran en un posible cambio de votos entre ambas federaciones para lograr el triunfo en 2018 -España y Portugal- y en 2022 –Qatar-. La reacción inmediata por parte de Ángel María Villar y Jaime Lissavetzky fue sorpresa y firme negación a las acusaciones. “La candidatura ibérica está trabajando de una forma limpia y creo que este tema de las acusaciones no trasciende del ámbito federativo”, declaró el secretario de Estado para el Deporte. Fernando Hierro, director deportivo de la Real Federación Española de Fútbol explicó que “la culpa es de la prensa sensacionalista, que habla de otras candidaturas, pero no de la propia”.

Pero esta guerra sucia que también ha salpicado a la candidatura española se ha complicado un tanto en la relación ruso-inglesa. La candidatura del país ex soviético amenazó al "Sunday Times" con acciones legales durante un tenso intercambio de correos electrónicos. El diario afirmó que uno de los miembros del comité acusados de fraude comentó que los rusos le habían ofrecido apoyo a jugadores y ayuda en la construcción de instalaciones en nigeria a cambio de votos.

El periódico británica ha adquirido un protagonismo absoluto en esta batalla por ensuciar –o aportar luz- el proceso de elección del organizador del Mundial 2018. En una entrevista con el ex secretario general de la FIFA, Michel Zen-Ruffinen, se registró la explicación del ex mandatario de cómo se puede sobornar a miembros del comité. La cámara oculta grabó cómo Ruffinen se ofreció a intermediar entre las candidaturas y los miembros sobornables. Tras reconocer como propias las palabras filmadas declaró que “si se quiere eliminar la corrupción en la FIFA, como hizo el Comité Olímpico Internacional cuando hubo un problema con la organización de los Juegos Olímpicos, el asunto tiene que llevarlo un organismo exterior”. Ruffinen pide una investigación exterior al organismo para asegurar la efectividad de las pesquisas.



Ante un panorama tan turbio, una competencia lejana a la nobleza que se relaciona al deporte, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, confirmó que el Comité Ejecutivo votará el próximo 2 de diciembre y se niega a responder a preguntas sobre el intercambio de acusaciones entre candidaturas y la campaña desplegada por el Sunday Times. Blatter delegó en el Comité de Ética, que se reunirá el 17 de noviembre, para la toma de decisiones sobre posibles sanciones. De momento se suspendió con carácter provisional a los dos miembros del comité fraudulentos.

La ya enrarecida situación se ha completado con la portada de la Gazzetta dello Sport titulada “Así nos han robado el Europeo”, en la que acusan a la candidatura de Ucrania y Polonia de fraude para conseguir finalmente la organización de la Eurocopa de 2012. El ex tesorero de la Federación de Fútbol de Chipre, Spyros Marangos, acusa a las federaciones de ambos países de comprar el voto de cuatro miembros del comité a razón de 9,15 millones de euros en total: "una persona recibió 3,15 millones de euros y las otras tres recibieron dos millones cada una, lo que supone 9,15 millones de euros en total. Esta terrible acusación entierra casi definitivamente la buena lid presupuesta en este tipo de elecciones. Lo que debería ser una lucha de méritos se convierte en una fea pelea agresiva en la que el fin justifica los medios de la manera más miserable y sobre todo, antideportiva.
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