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¿se normalizará la situación de los gays?

La homosexualidad, eterno tabú en el fútbol

sábado 13 de noviembre de 2010, 06:12h
La polvareda se alzó de manera involuntaria en boca de Mario Gómez, delantero de la selección alemana y origen español. El atacante expresó su deseo de que los futbolistas gays pudieran jugar “liberados”, mostrando la necesidad de superar el tabú que en el balompié representa la homosexualidad. Sin embargo, la realidad asestó un duro golpe al deseo de Gómez. El presidente de la Federación de Fútbol Croata (HNS), Vlatko Markovic, estableció la prohibición de jugar en la selección balcánica a jugadores gays. "Afortunadamente, el fútbol lo juega sólo la gente sana", declaró. Esta salida de tono refleja el atraso que el balompié lleva con otros deportes. La tenista Martina Navratilova o el jugador NBA Amaechi declararon abiertamente su condición hace décadas, al igual que un nadador australiano que alcanzó una medalla de oro en Pekín. Los antiguos engranajes del fútbol deberían modernizarse tecnológica y moralmente.
El deporte defiende y representa valores muy positivos para el ser humano. El concepto de trabajo en equipo, unidad, confianza y humildad se mezclan con el de igualdad, libertad y sacrificio. El símbolo de la actividad deportiva como impulso en actos solidarios o en procesos de paz ha representado un activo de validez demostrada históricamente. Conquistada la igualdad de posibilidades de competir en los estadios sin importar la raza o la clase social, el mundo deportivo parece también haber añadido a sus cualidades la igualdad de trato para heterosexuales y homosexuales. Sin embargo, el fútbol, uno de los deportes que entretienen a más millones de personas en todo el mundo, no ha conseguido evolucionar de la mano del tenis, el baloncesto, el atletismo o el rugby.

Mientras que en espectáculos tan relevantes como la NBA o los Juegos Olímpicos se ha normalizado la existencia de deportistas gays, en el balompié las contradicciones entre los profesionales resultan evidentes y la homosexualidad sigue representando un hándicap para la práctica de este deporte, en opinión de algunos de sus representantes. La discreta agilidad con la que la FIFA se adapta a las nuevas tecnologías y renueva sus estatutos parece ser una metáfora certera sobre las convicciones morales del colectivo futbolístico.

Mario Gómez, delantero titular del Bayern Munich y de la selección alemana, expresó la pasada semana en una entrevista a la revista Bunde, la idoneidad que supondría aportar frescura a los prototipos futbolísticos adoptando la normalidad en relación a la homosexualidad de algunos jugadores. “Podrían jugar liberados”, expresó el jugador de origen español. "Tenemos un ministro de exteriores (Guido Westerwelle) que es homosexual y el alcalde de Berlín (Klaus Wowereit) es también gay, por lo que los futbolistas profesionales que lo sean deberían confesarlo". Gómez, que ya se ha consagrado a nivel internacional, explicó además que “la homosexualidad ya no es ningún tema tabú” en el mundo del balompié. De hecho, el presidente del club más revolucionario de la Bundesliga, el Saint Pauli, es homosexual declarado y esta confesión no ha supuesto ningún escándalo en el deporte teutón.


Sin embargo esta visión optimista de la situación fue rebatida con la árida y afilada flecha de la vieja guardia. El presidente de la federación de fútbol de Croacia, Vlatko Markovic, declaró que la homosexualidad es un “hándicap” y una “perversión”, por lo que “ningún homosexual jugará en la selección croata”. La explosiva declaración fue aliñada con la siguiente frase: “afortunadamente el fútbol lo juegan personas sanas”. Markovic, que es el jefe máximo del balompié croata desde 1999, se ha apresurado a pedir disculpas y alegar una mala interpretación de sus palabras. La UEFA estudia la posibilidad de sancionar de manera ejemplar al cargo balcánico. Pero este no es el primer caso de homofobia en el seno croata: Otto Baric, ex seleccionador del combinado nacional declaró en 2004 que “no toleraría homosexuales en su equipo porque no son normales”.

Pero la imagen ofrecida por la federación de fútbol croata no es una excepción. El tabú de la homosexualidad en el fútbol está instalado como un elemento más del deporte. En las últimas décadas se ha especulado sobre la tendencia sexual de bastantes jugadores, pero con la misma velocidad con la que los rumores se hacían públicos, los futbolistas negaban haber conocido deportista gay alguno. Un ejemplo de esta concepción es el entrenador que hizo campeona del mundo a Italia en 2006, Marcello Lippi. El preparador explicó que “sería difícil que un jugador pueda vivir su homosexualidad de una manera natural por como estamos hechos los futbolistas”. El Balón de Oro del mismo año y ex defensor del Real Madrid, Fabio Cannavaro, avivó la polémica de la época respondiendo ante la pregunta sobre la validez de los matrimonios homosexuales de la siguiente manera: “En ese asunto soy más italiano que español”. Para cerrar el círculo transalpino se puede citar a Luciano Moggi, autor de la mayor estafa en la historia del Calcio: “un homosexual no puede ser futbolista, es un ambiente particular, se está desnudo en las duchas”.

La escasa flexibilidad que la estructura social del fútbol ofrece a la homosexualidad debido a los arquetipos tradicionales provocó un hecho traumático que se ha convertido en un punto de inflexión en cuanto a la libertad de confesión sexual en este deporte. El jugador inglés Justin Fashanu, el primer jugador negro que fue vendido por 1 millón de libras en la Premier League –su fichaje por el Nottingham Forest- decidió hacer pública su condición sexual en 1990 en una entrevista a The Sun. Tras declarar su homosexualidad, Fashanu sufrió el ostracismo en el Newcastle y vio como su carrera se truncaba debido a su declaración y al seguimiento morboso de la prensa amarilla. El jugador de origen nigeriano se suicidó en el año 1998 tras ser acusado de agresión sexual a un joven.


Por su parte, otras actividades deportivas ofrecen una aceptación mayor a la homosexualidad de profesionales. Un ejemplo clarificador es el tenis. El deporte de la raqueta cuenta en sus libros históricos con dos super estrellas homosexuales, en concreto lesbianas. Son Martina Navratilova y Amelie Mauresmo. La relevancia de la declaración de la checa radicó en la novedad y la salida pública del armario de la francesa supuso la normalización en el tenis. La figura de ambas tenistas será recordada sin embargo por sus victorias: Navratilova ganó dos Roland Garros, cuatro US Open, tres Abiertos de Australia y nueve Wimbledoms. Mauresmo consiguió ser número uno del ránking WTA ganando un Abierto de Australia y un torneo de Wimbledom.


El deporte que comparte más lugares comunes en cuanto a la teórica actitud del deportista con el fútbol, a priori, es el rugby. Si bien la normalidad en lo que respecta ala homosexualidad en el juego no está establecida de manera rotunda en el deporte oval, la tranquilidad con la que acogió la condición sexual del capitán de la selección de Gales, Gareth Thomas, representa un ejemplo diferenciador con el fútbol. El presidente de la federación de su país, Roger Lewis, declaró tras conocer la noticia que “Gareth es un líder dentro del rugby y un hombre con un gran sentido del humor. Probablemente, es uno de los jugadores más populares entre sus compañeros. Ha sido una inspiración para varias generaciones de aficionados al rugby". Por si fuera poco, el presidente de los Cardiff Blues, Robert Noster, demostró el apoyo absoluto al jugador: “su vida privada sólo le concierne a él y nosotros seguiremos considerándole por lo que aporta al equipo como jugador y como individuo, que ejemplifica los valores del compromiso, la valentía y el juego limpio que se espera de nuestro equipo".
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