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Una minoría visible que aún sufre discriminación

La educación de la juventud gitana, clave en la integración de este pueblo

sábado 09 de abril de 2011, 15:25h
Al hablar de discriminación del pueblo gitano, Europa cita el modelo español como una referencia. Los programas sociales universales, junto al trabajo específico con esta minoría, han conseguido mejorar las condiciones de vida del pueblo gitano en los último 30 años. Sin embargo, su tasa de participación social es aún baja y el colectivo sufre los mayores índices de paro y analfabetismo del conjunto español. En este contexto es clave la normalización educativa de la población gitana para poder hablar, en unos años, de un auténtico modelo de integración social.
“En el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, dice Humberto García, miembro de la Fundación Secretariado Gitano (FSG), cuando se le menciona el “modelo español” de integración del pueblo gitano. “Es cierto que desde la transición las condiciones de vida de la población gitana han mejorado, y que en España se han dado una serie de pasos que pueden guiar las estrategias de la Unión Europea, pero ello no quiere decir que los problemas aquí se hayan solucionado”, matiza.

Miembros de la comunidad gitana en un acto en Madrid (Foto: Manuel Engo)


García explica que en el diseño de las políticas sociales durante la transición “hubo una voluntad de incorporar a todo el mundo”. Gracias a, por ejemplo, leyes de universalización de la educación se ha conseguido que el cien por cien de los niños gitanos estén hoy escolarizados. Así mismo, con los planes de vivienda desarrollados en áreas desfavorecidas, se ha pasado del 31 por ciento de familias residentes en infraviviendas en el 93 al 12 por ciento en 2008.

Estas políticas de integración sí pueden ser una referencia para países como Francia, que el pasado año expulsó a cerca de 15.000 “gentes de viaje”, o como Hungría, donde el líder del Movimiento por una Hungría Mejor propuso encerrar a los “gitanos peligrosos” en campamentos. “Es esencial incorporar a las minorías en las políticas generales. Las políticas se deben impulsar en los propios estados donde vive esta población, y no tratar de cambiar el problema de sitio con una gran violencia”, afirma Humberto García.

A fin de luchar contra esta persecución, la Comisión Europea presentó el pasado día 5 una estrategia que, de ser aprobada en el Parlamanto, obligará a los Veintisiete a desarrollar políticas nacionales para luchar contra la discriminación que, en pleno siglo XXI, sufre gran parte de los doce millones de gitanos que viven en el continente.

La FSG have una valoración “muy positiva” de esta iniciativa "fundamental", aunque también critican “carencias” en el documento. “No propone líneas claras para paliar la discriminación contra los gitanos y corre el riesgo de quedarse en papel mojado”, dice Humberto García. "Veremos si se ponen en marcha medidas especiales y recursos que ahora, en tiempos de crisis, son más necesarios que nunca".

Las integración en España pasa por la normalización educativa

En España, aunque las necesidades partan de una mejor situación que en otros países de la Unión, no por ello son menos urgentes. Dos áreas muy vinculadas en las que trabajar son educación y empleo. Pedro Puente, presidente de FSG, recuerda que aunque en la etapa de Educación Primaria "se ha avanzado mucho", el problema llega en la Educación Secundaria, a la que sólo accede el 60 por ciento de los alumnos gitanos y que, posteriormente, abandona el 80 por ciento ellos.

Miembros de la comunidad gitana en un acto en Madrid (Foto: Manuel Engo)


Esta falta de formación provoca problemas entre los gitanos a la hora de incorporarse en el mercado laboral. La Unión Europea calcula que en 2020 la población sin estudios de secundaria sólo podrá acceder al 15 por ciento de los empleos, por lo que, como insiste Puente, "Hay que acabar con el abandono prematuro para evitar la exclusión en el futuro”.

En ese sentido, Rocío García, adjunta a la dirección territorial de la FSG, habla con orgullo del programa “Promociona”, que funciona desde hace tres años y que persigue la positiva evolución de los alumnos en el ámbito escolar. “La colaboración entre gitanos y payos, así como instituciones y familias es fundamental para el éxito de estos programas. Este es un proyecto muy costoso porque es dificil cambiar determinados hábitos de absentismo o de incorporación temprana al trabajo, pero a medio y largo plazo sabemos que será un éxito”.

La idea de este esquema, que ofrece programas de concienciación dirigidos a la familia, becas y apoyo extraescolar entre otras ayudas, es que los alumnos que se graduen creen referentes ditintos en los barrios y así, poco a poco, modificar las tendencias. “El ejemplo es siempre más fuerte que la palabra, y si los chavales comprueban entre su gente los beneficios de la educación, tendremos gran parte del trabajo hecho”, exclama García.

Otro punto clave en el que trabajar es la educación de las mujeres. “Ellas sufren una triple discriminación: por ser mujeres, por ser gitanas y porque no han tenido acceso a la educación”, dice Rosalía Vázquez, presidenta de la Asociación Romaní Andújar (Aroa). “La mujer necesita estudiar porque ella es la principal promotora del cambio del pueblo gitano. Nosotras, las gitanas, somos las educadoras de nuestros hijos; hay que tener en mente que cuando se educa a una mujer, se educa a una familia y sólo con una adecuada formación, que pase de las madres a los hijos, se logra cambiar las mentalidades”.

Pilar Clavería Mendoza, “histórica” en los movimientos sociales gitanos, coincide con Váquez. Desde la Federación de Gitanas de Aragón (Faga) ha conseguido grandes avances a la hora de igualar a las mujeres y hombres en su comunidad. “Hemos dado carnet de conducir a muchas chicas, conseguido que sean dueñas de los puestos ambulantes y titulares de las cuentas bancarias. Todo ello se ha logrado gracias a la participación de la comunidad. Los hombres van entendiendo que la mujer es el sosten de la familia y educadora de sus hijos y que es positivo para todos que tenga más capacidad de decisión”.

Miembros de la comunidad gitana en un acto en Madrid (Foto: Manuel Engo)


El camino por recorrer es aún largo. Como afirma Juan de Dios Ramírez Heredia, primer gitano en las filas de UCD y posteriormente del PSOE, “más de 500 años de marginación y de olvido no se superan de la noche a la mañana (…) el trabajo para que este pueblo disfrute de sus derechos atañe y beneficia al conjunto de la sociedad. Payos y gitanos deben luchar contra la indiferencia para que toda minoría ocupe el lugar que le corresponde".

8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano

El pasado viernes, los 14 millones de personas que componen la población gitana mundial celebraron el Día Internacional del Pueblo Gitano. Hace 40 años, en 1971, se organizó el primer Congreso Internacional Romaní en Londres, donde se diseño una bandera y se compuso el Gelem, gelem, el himno gitano que habla del largo camino y la persecución que ha vivido este pueblo desde que partiera de la India hace más de mil años.

En Madrid se celebró un acto institucional al que acudieron diversas personalidades políticas como el alcalde Ruiz Gallardón, la ministra de Sanidad Leire Pajín o el candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky.

Tras un emotivo discurso en el que Diego Luis Fernández, director del Instituto de la Cultura Gitana, animó al pueblo gitano a hacerse “visible en los colegios, facultades, instituciones y partidos políticos hasta conseguir ser guías y dueños de su propio destino", Laura Abadía procedió a cantar el Gelem, gelem acompañada por los compases de una guitarra española.

Después, se repartieron pétalos de rosas entre las mujeres para que los lanzaran al río Manzanares, donde tuvo lugar la celebración, y también se dieron velas a un un grupo de niños para que las depositaran en el río madrileño, que luce caudal después de varios años de obras en la zona. Con este acto se recordó al medio millón de gitanos que perecieron en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y se quiso, a la vez que celebrar la identidad gitana, reivindicar los derechos que aún quedan por conquistar para este pueblo.

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