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Democracia Real YA : la indignación de los jóvenes

martes 17 de mayo de 2011, 12:43h
Si nos quedamos sólo en los efectos de la algarada y no vemos el fondo de indignación, enfado y justas reivindicaciones que hay detrás de movimientos como “Democracia Real YA”, estamos ciegos a la realidad en que vivimos. El manifiesto de este colectivo presenta algunas afirmaciones que contienen en sí profundos ecos del utopismo ilustrado, aunque en odres postmodernos. Lo he leído intentando sumergirme en el sentimiento con que supongo que algunas gentes de finales del siglo XVIII leían la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano en el París del verano de 1789, pero no es posible porque hay una enorme distancia entre ambos tiempos y no querría equiparar textos tan diferentes y circunstancias tan lejanas.

Me parece que el manifiesto “Democracia Real YA” refleja en gran medida la nueva sensibilidad del presente. Aunque lo hace de una forma demasiado circunscrita a la política y a la sociedad españolas, el fondo es común a otros movimientos que dentro y fuera de Europa están surgiendo. En el manifiesto puede leerse: “Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas”.

Habría que entrar en cada uno de estos conceptos para ver en qué medida uno podría estar de acuerdo con tales afirmaciones, pero aquí es posible que pese en mí demasiado mi condición de historiador del pensamiento político frente a la de ciudadano común. Desde luego echo en falta que la libertad no esté en primer plano, aunque más tarde aparezca como un derecho básico el “libre desarrollo personal”. Por otro lado, pienso que un cierto grado de igualdad es necesario para el verdadero ejercicio de la libertad. Esta igualdad no puede quedarse sólo en lo que los liberales del XIX llamaban igualdad jurídica o ante la ley o lo que Isaiah Berlin llamaba “libertad negativa”, sino que debe garantizar la “igualdad de oportunidades”, por lo que soy partidario de que el Estado garantice unos mínimos en educación y en seguridad social, pero también temo el exceso de igualitarismo que en nada contribuye al progreso social ni a otros fines que el propio manifiesto persigue.

Avancemos en el texto pasando por alto temas sobre los que habría mucho que decir. Podríamos fijar unos parámetros para medir el grado de bienestar mínimo en una sociedad contemporánea, pero dudo mucho que consiguiéramos alcanzar una definición común de felicidad que pudiese expresarse en términos materiales, ni siquiera espirituales, y me preocupa que del manifiesto pudiera desprenderse una definición de felicidad impuesta, pues nada me parece más personal que hacerse uno mismo el concepto de felicidad que sienta necesario para el cumplimiento de la propia vocación.
Aquí es donde veo en el manifiesto ciertos tintes de utopismo ilustrado entreverados con planteamientos postmodernos. Afirma el manifiesto que “existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz”.

Reconozco que “mis grasas burguesas”, que decía don Antonio Machado en el Juan de Mairena, y un cierto sibaritismo quizá me hagan tener un concepto de lo que es “una vida sana y feliz” demasiado caro y alejado de lo que un Estado podría garantizar con los impuestos de todos, aunque también he de decir que no me cuesta mucho prescindir de la mayoría de las cosas con que la vida puede regalarnos y uno puede ser feliz contemplando un paisaje, leyendo un libro y charlando con buenos amigos, mas me parece ciertamente complicado poner negro sobre blanco cuáles son “los bienes necesarios” para tal fin si pienso en términos no de mi propia felicidad sino de la da todos. Siguiendo con Machado, y cito de memoria: por más que lo pienso no haya manera de agregar individuos.

Para terminar, volvamos al principio. Movimientos como “Democracia Real YA” son un reflejo de la indignación que muchos ciudadanos, especialmente jóvenes, sienten ante la sociedad en la que viven. En sus reivindicaciones hay un fondo de justicia más allá de las precisiones que he querido mostrar aquí, y hay que estar atentos a él. Una generación a la que se le ha mandado el mensaje de que el camino era estudiar, aprender idiomas, saber utilizar las nuevas tecnologías, se encuentra que quienes forman parte de ella no tienen trabajo o que, cuando lo tienen, cobran infinitamente menos que compañeros de más edad que hacen, a veces mucho peor, lo mismo, y que además tienen muy difícil acceso a una vivienda, y por ambos motivos complicado plantearse un proyecto vital a medio y largo plazo.

La austeridad y la eficacia en los servicios públicos debe ser una primera respuesta.
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