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Entre los días 6 y 13 de julio

El Teatro Real sale de la Plaza de Oriente para presentar una ópera sobre San Francisco de Asís

lunes 04 de julio de 2011, 16:31h
Entre los días 6 y 13 de julio el Teatro Real ofrece por primera vez en nuestro país la versión escenificada de una de las obras más espirituales de la historia de la ópera, San Francisco de Asís.
La penúltima ópera de la presente temporada del Teatro Real, San Francisco de Asís, ha convocado este lunes a numerosos medios de comunicación para la que ha sido su presentación oficial, que arroja algo más de luz sobre los comentarios que durante las últimas semanas circulan entre los aficionados a la lírica de la capital. Y si numerosa era la presencia de periodistas, también lo era la de los responsables de esta obra, que acompañaban al director general del coliseo madrileño, Miguel Muñiz, y al director artístico, Gerard Mortier. Junto a ellos, el barítono germano español Alejandro Marco-Buhrmester, que interpreta al santo protagonista de la obra; los artistas rusos que firman la escena, Emilia e Ilya Kavakov, el director musical Sylvain Cambreling y el encargado de la disposición escénica, Giuseppe Frigeni.

Pero es que todo en esta ópera compuesta por Olivier Messiaen entre 1976 y 1983 es colosal. En primer lugar lo es su duración de cuatro horas y media, que unidas a los dos entreactos – media hora para el primero y una hora para el segundo – suponen una tarde entera dedicada a la lírica.

En estos tiempos caracterizados por las prisas, ya es toda una apuesta. De hecho, el propio Mortier pedía este lunes que la gente acudiera a ver la representación con calma y un espíritu de meditación. “No es una ópera a la que se deba ir corriendo”, ha afirmado, porque, en su opinión, se trata de una música que transfigura a la gente, de modo que cuando alguien se acerca a esta obra con el corazón abierto, al final sale con una energía completamente nueva. “Es un símbolo de los valores que hemos perdido”, asegura quien es, sin duda, uno de los mejores conocedores de la única ópera compuesta por Messiaen, y que parece acompañarle a los distintos escenarios en los que trabaja.



Y asimismo grandioso es su escenario, que alberga una gigantesca cúpula de 22 toneladas, 13 metros de diámetro, 14 metros de altura y 1400 fluorescentes que juegan con los colores que simbolizan los estados de ánimo de los personajes, razón por la cual el Teatro Real ha abandonado la Plaza de Oriente para encontrar en el recinto de la Casa de Campo, Madrid Arena, el lugar adecuado para montar un espectáculo de tan soberbias dimensiones.

Otras cifras que dan una idea de la enormidad del ambicioso proyecto que ha afrontado el Real son las correspondientes al capítulo musical: 9 solistas, 120 cantantes del Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo) y del Coro de la Generalitat Valenciana, 3 intérpretes de ondas Martenot y 111 músicos de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baden-Baden – Friburgo. Y también su partitura es monumental, de gran riqueza instrumental, en la que destacan los cinco elementos de teclado y una enorme sección de percusión a cargo de cinco intérpretes que tocan instrumentos procedentes de Europa, Extremo Oriente y Latinoamérica.

Además de la espiritualidad que domina la obra, cuyo libreto escribió el propio compositor, fascinando desde niño con la figura de San Francisco, Messiaen tuvo por fin la ocasión de unir su obra musical con la otra “misión” de su vida,, recoger por todo el mundo los sonidos de los pájaros. Y la mágica inclusión del lenguaje musical de los pájaros no podía encontrar mejor lugar que al lado de San Francisco, quien no sólo gustaba de escuchar a los pájaros, si no que hablaba también con ellos.





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