www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JUECES EN ELTRIBUNAL DE LA RISA

La fiesta de los jueces: una hilarante reelaboración de El cántaro roto, adaptada a la justicia española de hoy

viernes 08 de julio de 2011, 20:42h
La fiesta de los jueces, de Ernesto Caballero, basada en
El cántaro roto, de Kleist
Director de escena: Ernesto Caballero
Adaptación: Ernesto Caballero
Espacio escénico: Curt Allen Wilmer
Intérpretes: Santiago Ramos, Juan Carlos Talavera, Silvia Espigado, Jorge Martín, Karina Garantivá, Jorge Mayor, Rosa Savoini y Paco Torres
Lugar de representación: Teatro Marquina. Madrid

Por RAFAEL FUENTES


“La fiesta de los jueces” es una afortunadísima reelaboración de Ernesto Caballero de la célebre comedia de Heinrich von Kleist “El cántaro roto”. Quien haya tenido la oportunidad de ver el filme de Helma Sanders-Brahms: “Heinrich”, sobre la vida y la personalidad de Kleist, no dejará de sorprenderse al ver que un espíritu tan profundamente atormentado y trágico pudiera escribir una comedia tan festiva, risueña y grácil como es esta sátira contra la manipulación de la justicia, situada en un remoto tribunal perdido en cualquier aldea de la Europa campesina de principios del siglo XIX. En su penetrante esbozo biográfico, Stefan Zweig nos desvela cómo ese enérgico prusiano que fue Heinrich von Kleist estaba poseído por un furioso impulso de huida, que le convirtió en un compulsivo peregrino sin hogar ni sosiego, espoleado por “el terrible látigo de la inquietud”, y cuya tumba, tras suicidarse con un pistoletazo en la cabeza, se halla significativamente en la cuneta de una carretera. Por su parte, Christa Wolf, en su novela “En ningún lugar, en ninguna parte” atribuye esa excentricidad errante a la desarticulación política alemana y a la ausencia de una patria en la que pudiera arraigar.

El dramaturgo y director de escena Ernesto Caballero ha atrapado al fugitivo Kleist, peregrino de ningún lugar a ninguna parte, y lo ha traído a un sitio concreto y una época específica: la España de hoy. Los magistrados del Consejo General del Poder Judicial deciden concluir la tradicional ceremonia de clausura del Año judicial representando “El cántaro roto”, de Kleist, ante las más altas autoridades del Estado. Caballero demuestra así que, sin duda, lo único que podía salvar a aquel trágico vagabundo prusiano era enraizar en un momento y lugar concretos: desde la ironía inicial de “El cántaro roto” pasamos con éxito a la hilaridad de una mordaz comedia: “La fiesta de los jueces”, que provoca crecientes e irreprimibles carcajadas en el público. Carcajadas obviamente críticas, pues ya sabemos desde Aristófanes o Molière que la risa es un látigo contra costumbres censurables, en este caso contra las conductas de algunos jueces mediáticos que buscan a toda costa celebridad, magistrados que se navajean por egolatría o altos funcionarios de la justicia que reinterpretan torticeramente las leyes según sus prejuicios y sus obediencias políticas. La diversión de los espectadores no decae en ningún instante, es franca y a la vez consciente, porque pueden poner mentalmente nombres propios y titulares concretos a la pelea entre magistrados mientras tratan de representar a Kleist.

PIE DE FOTO

Lo jocoso, lo histriónico, lo ridículo de las situaciones cómicas así creadas no apuntan contra las instituciones de justicia en sí mismas, pues en Ernesto Caballero más bien se percibe la intención de censurar no su existencia, sino su uso prepotente e indebido, con un propósito regenerador y no destructivo, conectando así plenamente con los sentimientos del auditorio. El texto de la querella entre los magistrados añadido por Caballero posee la misma calidad que el de la obra de Kleist, aunque escrito en otro registro estilístico más próximo a la línea de la farsa esperpéntica de Valle-Inclán, lo que contribuye a la definitiva hispanización estética de la pieza germánica.

Ernesto Caballero juega, a su vez, con un elenco de actores, encabezado por Santiago Ramos, que pasa con absoluta naturalidad de un registro a otro tantas veces como la peripecia lo exige, sin que la acción se resienta por ello. Una naturalidad en la alternancia de un estilo a otro a la que contribuyen eficazmente Jorge Machín, Paco Torres, Jorge Mayor, Silvia Espigado… Aunque aparentemente discreto, es imprescindible subrayar la efectividad de Curt Allen Wilmer, quién trabajó tanto tiempo y tan intensamente en “La Abadía” con José Luis Gómez, y que desgraciadamente vuelve con cuentagotas a nuestros escenarios. Wilmer no crea decorados, sino que diseña espacios escénicos simbólicos de gran sencillez y eficacia teatral. En este caso, cabe resaltar el enorme espejo inclinado que ocupa el fondo del escenario, proporcionándonos una constante visión de la espalda de los actores, de su reverso, del lado oculto que esconden los protagonistas y que el teatro nos revela. Un espejo que cae como un carpetazo, necesario para acabar con las disputas inadmisibles de los magistrados, un formidable espejo, que, en definitiva nos recuerda a los espejos cóncavos y convexos del teatro esperpéntico de Valle-Inclán, porque los héroes clásicos de “El cántaro roto”, o, mejor dicho, los protagonistas mediáticos de la judicatura que representan “El cántaro roto” se han ido a pasear por el valleinclaniano Callejón del Gato en esta “Fiesta de los jueces” para someterse al tribunal de la risa.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.