ETA: ¿El fin de la pesadilla totalitaria?
viernes 21 de octubre de 2011, 02:23h
En la declaración emitida ayer por la organización terrorista ETA destaca un compromiso central donde textualmente se dice: “ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada.” Un “cese definitivo” implica –lo quieran o no sus propios autores- un compromiso del que es mucho más complicado zafarse que de las múltiples declaraciones de “alto el fuego” o “treguas” que han jalonado la trayectoria etarra. De modo tal que, el cese definitivo, debe entenderse como una decisión difícil de revertir. Aunque los “milis” se reserven las armas como “escoltas” o vigilantes del proceso político y piensen en que siempre pueden volver a empuñar las pistolas, si el panorama político de sus marcas, sean “Bildu” o “Sortu”, hoy tan prometedor, se les tuerce en el futuro, el regreso a la violencia no es tan sencillo. Es ya difícil hoy, incluso para su entorno, y lo será cada día que pase sin tiros. La política de la libertad y de la democracia –decía Hayek- está hecha de enfrentamientos que desarrollan planes maquiavélicos pero que pueden terminar en consecuencias no planeadas, aunque, a veces, sean celebradas. Y este puede ser uno de esos casos. Y, si al final, el cese –con truco o sin él, con trampa electoral o sin ella- acaba por convertirse de verdad en definitivo, bienvenido sea.
Sin embargo, no puede descartarse que grupos escindidos se desvinculen de este cese de la actividad armada y realicen acciones terroristas puntuales. Pero de ser así –la obcecación y el mesianismo criminal son a veces difíciles de conjurar en todas las mentes- esos actos de terror marginales estarán condenados al fracaso. En todo caso, el hecho es que la tenacidad democrática de la sociedad española ha ido socavando el mito de la imbatibilidad de ETA –como se derrumbaron idénticos mitos vinculados al IRA irlandés, las Brigadas Rojas italianas o la banda Baader-Meinhof germana, por señalar los casos más próximos geográficamente-, todos ellos batidos tanto por la presión judicial, política, policial e internacional, como por el firme y absoluto rechazo de la ciudadanía.
El repudio de una mayoría aplastante de la sociedad vasca -incluido incluso el entorno de ETA- contra el uso de la violencia es un importante factor más para este desenlace, que cada día debe expresarse de un modo más patente y rotundo. El conjunto de la sociedad vasca está ahora en condiciones de vencer definitivamente cualquier miedo a la libertad y hacer uso de ella sin complejos ni recelos por el terror impuesto en el pasado. Un objetivo inmediato es interiorizar esa libertad y ejercerla liberada de cualquier coacción. La democracia debe escenificar su victoria ocupando la calle en libertad y con normalidad.
El trayecto, pues, no se ha completado. A un cese definitivo de la actividad terrorista sin marcha atrás, debe sucederle una disolución de la banda y una entrega de las armas, recorrido que debería culminarse en el más breve tiempo posible. Un recorrido que ha de estar acompañado de una catarsis moral que condene métodos totalitarios execrables y que conjure, de una vez por todas, la creencia en un mesianismo nacional-socialista que siempre ha sido origen de espantosas tragedias.
Frente a ese mesianismo totalitario es urgente escenificar la victoria de las fuerzas democráticas y del estado de derecho a quienes se debe íntegramente la recuperación de la verdadera paz. Una victoria que debe rendir inequívocos honores al sufrimiento y la entereza de las víctimas del terror, con las que siempre estaremos en deuda.
La declaración de ETA incluye un largo preámbulo donde la organización realiza un relato que falsifica la trayectoria que ha desembocado en este desenlace, donde la propia ETA se atribuye el protagonismo del final de la violencia y recurre a los consabidos eufemismos que hablan de “confrontación armada” o estereotipos similares, así como lleva a cabo una fraudulenta narración según la cual “la lucha de largos años ha creado esta oportunidada” Quizá sea una forma de salvar la cara para consumo interno. En realidad, la violencia de largos años solo ha ocasionado sufrimiento y destrucción inútiles, y la verdadera “oportunidad” solo es producto de la acción decidida de las fuerzas democráticas. Por ello no será una cuestión menor que esas mismas fuerzas democráticas sepan construir el verdadero relato de la victoria de la libertad, muy distinto a la comedia internacional organizada por los etarras, o sus compañeros de viaje, en connivencia con otras fuerzas políticas y no sólo nacionalistas.