A partir del próximo sábado 3 de diciembre, el Teatro Real ofrecerá 8 representaciones de la ópera Lady Macbeth de Mtsensk, compuesta por Dmitri Shostakóvich, en una producción que se estrenó en la Ópera de Ámsterdam en 2006 y representada con gran éxito en la Ópera de París en 2009.
Partiendo del folclore y de la tradición operística rusa,
Dmitri Shostakóvich compuso a principios de los años 30 una obra de música vigorosa y plagada de contrastes en la que se alterna un lenguaje rudo y salvaje con momentos de delicada expresividad. Por otra parte, en ella se distorsionan melodías y danzas típicas del país, a la vez que se satiriza con insolencia los personajes tipificados por la literatura rusa del siglo XIX. Se trata de un elogio a la libertad individual y un llamamiento a la insumisión, a través del personaje de Katerina, la mujer sometida y castigada por los hombres, en una visión que el director artístico del coliseo madrileño, Gerard Mortier, calificaba esta mañana durante la presentación de la obra de absolutamente actual.
No lo era tanto, por supuesto, en la época de su estreno o, en todo caso, su expresión constituía entonces un verdadero ejercicio de coraje. Aún así, su estreno en el Pequeño Teatro Académico de Leningrado el 22 de enero de 1934 tuvo un éxito excepcional en el público y la crítica colmó de elogios la obra, llegando a declarar que se trataba del
“primer clásico de la ópera soviética”. Fue representada en Moscú cerca de un centenar de veces hasta que el 26 de enero de 1936 se produjo el que fue, sin duda, el acontecimiento más grave no sólo en la historia de esta obra, considerada hoy una las óperas clave del siglo XX, sino también en la carrera y, en definitiva, en la vida de su compositor.

Aquella noche, Stalin acudió al palco acompañado por sus lugartenientes y lo que presenció, no le gustó nada. Dos días después, un editorial de Pravda titulado “Un caos musical” condenaba sin paliativos la obra de Shostakóvich, calificando su ópera de grosera dirigida a un público de gusto burgués. Y como recordaba esta mañana el director musical de la producción que está a punto de estrenarse en la capital, aquello supuso el final de la forma en la que el compositor expresaba sus
sentimientos y emociones a través de la música. Hartmunt Haenchen aseguraba, además, hablar por propia experiencia, ya que también él tuvo que vivir su juventud en un régimen totalitario, el de Alemania Oriental. Durante 30 años la ópera basada en el relato de Nikolái Leskov, con libreto de Alexander Preys y el propio Shostakóvich, quedó fuera de los escenarios. Hoy, sin embargo, está completamente recuperada, forma parte del principal repertorio de los más importantes teatros líricos del mundo y en Madrid ya tuvo ocasión de verse hace 10 años.
La producción que este mes de diciembre llega a la capital cuenta con la dirección de escena de
Martin Kusej y presenta un sobrio decorado diseñado por Martin Zehetgruber, con pocos elementos escénicos para construir el espacio idóneo en el que habrán de desarrollarse los cuatro actos y nueve capítulos separados por interludios orquestales que estructuran esta obra de gran intensidad y crudeza. La misma fue concebida inicialmente como la primera de una trilogía dedicada a la mujer rusa y su fragmentación se basa en la yuxtaposición de escenas articuladas como en el montaje de una película, no en vano el compositor era en aquella época autor de bandas sonoras y había trabajado durante años como pianista acompañante de películas mudas.

Por lo que se refiere a las voces, Mortier ha asegurado que esta obra exige poderosos intérpretes, confesando que cuando ve a la soprano holandesa
Eva-Maria Westbroek dando vida a Katerina siempre le viene a la cabeza el recuerdo de Elisabeth Taylor en alguna de las obras de Tenesse Williams. Ella encabeza el reparto interpretando a una víctima de esos hombres que elige como compañeros de vida y que acaba por convertirse en verdugo de quien la oprime impidiendo que encuentre el amor ideal busca desesperadamente. Junto a ella, el tenor germano-canadiense Michael König, que ya conoce el escenario madrileño representando Mahagonny y San Francisco de Asísi; Vladimir Vaneev, Ludovít Ludha, Carole Wilson y John Easterlin.
Asimismo, Mortier ha querido aprovechar su comparecencia ante los medios para lanzar un homenaje al Coro Titular del
Teatro Real, Coro Intermezzo, asegurando que se trata del mejor coro con el que ha tenido ocasión de trabajar, no sólo en referencia a sus voces sino a su magnífica capacidad para expresar y señalando el intenso trabajo que están desarrollando, lo mismo que la orquesta, para llevar a término las difíciles partituras que, como la de Shostakóvich, se están representando en la presente temporada de ópera en Madrid y que exigen largas temporadas de ensayo.