Análisis
Jugar a la guerra es divertido, sobre todo si se trata de un videojuego de última generación, en que con tan sólo un gesto del dedo pulgar, se puede escoger uno de los tantos escenarios, héroes y armas que el jugador puede utilizar durante el “combate”, el cual disputa sentado cómodamente al frente de la pantalla del televisor. No obstante miles de niños, niñas y adolescentes en Colombia y Haití desconocen lo que es jugar con una videoconsola, quizá no habrán visto una jamás en su vida, pero estos jóvenes, sin entender mucho de figurines digitales, saben cómo manipular un fusil, empuñar un revolver e infestar en tiempo récord, un campo entero de minas antipersonal. Tres destrezas que no se aprenden precisamente apretando los botones del mando de la Play o del Wii.