Crítica de arte
La exposición que dedica el Museo Thyssen a Antonio López reivindica la obra de un artista que difiere del resto, pese a que sorprenda, en que está vivo. No lo hace en nada más. López es experimental, polifacético – maneja con soltura la escultura y con maestría el lápiz- y arriesgado como tantos otros maestros del pincel. Sus obras de los años 50, 60 y 70 lo encumbran y lo definen en el oficio mientras que sus vistas de Madrid lo encasillan en una temática que, en ocasiones, se hace repetitiva sin desmerecer la dificultad que entraña su ejecución.