Algunos jugadores renuncian a su país de origen para ganar trofeos
El central vasco Amorebieta y la federación venezolana de fútbol han coqueteado en las últimas semanas con la posibilidad de alejar al jugador de la selección española, con la que ha jugado en categorías inferiores. Tras mostrarse encantado con una posible convocatoria del país sudamericano -que finalmente se hizo efectiva-, el jugador del Athletic decidió rehusarla y guardarse la posibilidad de jugar con España. Este esperpéntico caso refleja el dilema que se presenta para los deportistas de doble nacionalidad. Luchar por ganar títulos para el Estado de “acogida” y el amor a los colores del país nativo se enfrentan en una batalla que condiciona la vida profesional de un futbolista. Evitar la lucha con compatriotas cualificados por un puesto en el combinado nacional desnivela, en ocasiones, la balanza patriótica. La polémica de los jugadores nacionalizados resurge.