Por "no haber sido capaz de garantizar el derecho a la vida y a la integridad física de la joven profesora, violada y asesinada en diciembre por Bernardo Montoya.
El autor confeso de la muerte de la joven ha abandonado su vivienda después de casi una hora y media, increpado por los vecinos que han saltado el cordón policial y le han gritado "asesino".
El asesino confeso era un "sospechoso con mayúsculas" desde el primer momento. La mató golpeándola contra el suelo en su casa y la agredió en el campo, según la investigación de la Guardia Civil.