de san sebastián a américa
Amaya no era una niña cuando decidió que lo suyo era el mundo del canto. Aunque desde pequeñita la música ha sido su pasión, no fue hasta los 24 años cuando decidió seguir sus instintos y dedicarse en cuerpo y alma a trabajar en su carrera de cantante de ópera. Una vez tomada la decisión, el primer paso estaba claro: Amaya hizo las maletas y se marchó a Nueva York para aprender con los mejores profesores. Allí tuvo que empezar de cero y asumir que lograr su sueño conllevaba muchos sacrificios que, hoy, casi siete años después, han merecido la pena.