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SUBASTA

La extraña riña de eruditos que salpicó a Beethoven en Sotheby’s

La extraña riña de eruditos que salpicó a Beethoven en Sotheby’s
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domingo 04 de diciembre de 2016, 10:55h

Al record alcanzado por la venta de un manuscrito de Mahler en la subasta de Sotheby’s de este martes, le robó protagonismo la agria pelea de expertos a cuenta de la autenticidad de un manuscrito atribuido a Beethoven que también salía ese día a subasta y que no se vendió

Como se preveía, la subasta del pasado martes en Sotheby’s de la partitura autógrafa de la Segunda Sinfonía, «Resurrección», de Mahler se saldó con record. Un comprador anónimo, que pujó por teléfono, pagó finalmente 5,3 millones de euros por las 232 páginas autógrafas de la obra, cuyo precio de salida iba de los 4 a los 5 millones de euros. Mahler “derrotaba” así a Mozart en el exclusivo mundo de las subastas, superando los 2,9 millones de euros que se habían llegado a pagar en 1987 por un manuscrito de nueve sinfonías del genial compositor de Salzburgo. Lo que nadie esperaba, ni siquiera la prestigiosa casa de subastas, era que al espectacular record le robara protagonismo una desabrida pelea entre dos expertos a cuenta de la autenticidad de un manuscrito de Ludwig van Beethoven fechado en 1817, «Allegretto in Si Menor para Cuarteto de Cuerda», que también salía ese mismo día a subasta. Sotheby's esperaba obtener por él la modesta cifra de aproximadamente 235.000 euros, pero no se vendió. Quizás, a causa de la polémica que días antes había generado Barry Cooper, profesor de la Universidad de Manchester, que aseguró que el documento era una copia y no se debía a la mano de Beethoven. Para argumentarlo, mantenía que los signos con los que cerraba las notas agudas y graves no eran representativos de su mano.

Cooper llegó incluso a enfrentarse en la BBC con Simon Maguire, director de libros y manuscritos de Sotheby's, quien por supuesto mantenía la autenticidad del documento, alegando que el mismo había sido autentificado por expertos. «Hay varios aspectos que prueban absolutamente que la mano del compositor no esté detrás de este manuscrito», dijo Cooper en antena, asegurando que, además de en los signos, había notables diferencias en las curvas que aparecían en este documento y en otras partituras manuscritas de Beethoven, concluyendo que se trataba de «una copia realizada poco después de que la obra se compusiera». Simon Maguire, por su parte, continuó insistiendo en la autenticidad del manuscrito certificada por los dos expertos de clase mundial, quienes consideraban que Cooper habría malinterpretado la partitura, e insinuaban que «no está capacitado para estudiar a Beethoven».

La disputa, ya de por sí desagradable, no quedó sin embargo en este cruce televisivo de acusaciones entre Cooper y Maguire, sino que fue enredándose a medida que se acercaba el día de la puja. Porque, según desveló inesperadamente «The Telegraph», Michael Ladenburger, otro experto que sostenía la tesis de Cooper, es decir que se trataba de una copia, en realidad había intentado comprar el manuscrito a su dueño por un precio bastante inferior a la cifra de salida en la subasta. La pregunta era tan obvia como ponzoñosa ¿Por qué iba a querer pagar Ladenburger por un manuscrito atribuido al puño y letra de Beethoven si él mismo aseguraba que no salió de la mano del compositor? Sobre todo, teniendo en cuenta el dato fundamental de que Landenburger, el experto que se aliaba con el profesor negacionista de Manchester, es nada menos que el director de la Casa-Museo Beethoven en Bonn.

Ahora, como parece lógico, a Ladenburger se le acusa de conflicto de intereses y de una violación de ética académica, a pesar de que se apresurase a negar las informaciones publicadas por el periódico británico. Otto Biba – sumemos otro experto a la ecuación -, director de colecciones del Gesellschaft der Musikfreunde (Sociedad de amigos de la música) de Viena, aseguraba a su vez que «cualquiera que actúe de esta manera lo hace en contra de la ética de nuestra comunidad académica; no tengo palabras». Por cierto, Otto Biba sí cree que el manuscrito es auténtico, aliándose de esta forma con la tesis mantenida por la casa de subastas londinense, y ya ha asegurado públicamente que va a tratar de persuadir a los benefactores de la institución que dirige para conseguir el precio de salida de la partitura y adquirirla.

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