Hay varias fechas, cada año, en las que los teatros venderían más localidades si más localidades tuvieran. Uno de esos días es el de San Valentín, celebrado la semana pasada que, además, cayó en sábado, el día de mayor afluencia a los teatros.
Otros días esperados por las gentes del teatro son: el de la Purísima, el de la madre, el del padre… Muchos de estos fueron inventados por Pepín Fernández y Ramón Areces, aquellos irrepetibles vendedores formados en la próspera Cuba, anterior a la del tirano, donde ambos aprendieron a vender en los almacenes “El Encanto” de La Habana. Formados ya, regresaron a España y, en Madrid, crearon el uno “Galerías Preciados” a partir de una vieja tienda de tejidos de la calle Carretas, “Sederías Carretas” y el otro, utilizando como punto de partida una modesta sastrería de la calle Preciados: “El Corte Inglés”. Los dos competitivos comerciantes conocían la importancia de crear entre el público –sus potenciales parroquianos- la irrefrenable necesidad de comprar y, en la misma ciudad donde fracasaron los primeros grandes almacenes: “Madrid-París” en la Gran Vía, en el edificio donde tiene su sede Prisa y la Ser, en la misma ciudad y en tiempos difíciles, Galerías y El Corte convulsionaron el comercio con esa suerte de revolución mercantil que extendieron luego por España.
El teatro, ayuno de estrategias comerciales, carente de eficaces políticas de venta, a pesar de campañas publicitarias institucionales y del establecimiento de precios con descuento para jóvenes, estudiantes, ancianos… A pesar de todos esos loables intentos, no ha encontrado aun un sistema eficaz para convencer al muy abundante público potencial, de que “sin teatro no merece la pena vivir”; es decir, parafraseando a los sabios Fernández y Areces, crear la “necesidad de comprar”. Mientras, bienvenidos sean esos días de los enamorados, de la madre, del padre y de cuantos acontecimientos ingenien los que saben vender. Bienvenidos porque esos días son positivos para el teatro; son días de “agotadas las localidades para la función de tarde” y si sábado, “agotadas las localidades para la función de noche”. Es preciso hacer algo con el teatro (Pilar Cernuda), porque aquello de “el buen paño en el arca se vende” hace tiempo que no funciona.
