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el italia-serbia recordó a la catástrofe de Heysel

Manual para desatar el pánico en un estadio y provocar un conflicto diplomático

viernes 15 de octubre de 2010, 20:25h
Los ultras de la selección serbia acudieron a Génova para perturbar el transcurso del Italia-Serbia, partido valedero para la clasificación de la próxima Eurocopa. Eso figuraba en el guión. Lo que no se esperaba fue la escasa seguridad que permitió acceder a los hooligans con bengalas, navajas e incluso alicates. Tampoco se contaba con la agresión al portero balcánico Stojkovic, que se refugió en el vestuario italiano pidiendo protección al seleccionador transalpino. Tras la “batalla” se ha desatado otra guerra, en este caso dialéctica, entre las federaciones de fútbol de ambos países y la UEFA. La relevancia de lo sucedido en el estadio Luigi Ferraris ha provocado que el Ministro de Interior italiano acusara a su homólogo serbio de no avisar de la llegada de los “Tigres de Arkan”. La UEFA delibera que sanción poner a la federación ex yugoslava. La violencia ha regresado al fútbol y la escasa unificación en cuanto a la seguridad en los países continentales ha vuelto a dejar en evidencia a las instituciones del balompié europeo.

Pasé miedo y vergüenza ante Serbia”. Esta sincera declaración del delantero italiano del Villarreal Giusseppe Rossi refleja de manera gráfica la sensación que dejó la lamentable actuación de los ultras balcánicos, que obligaron a suspender el encuentro de clasificación de la Eurocopa 2012 en Génova. Lejos de crear una atmósfera en la grada que embellezca el espectáculo del terreno de juego, los 1.500 aficionados serbios sembraron el caos en la ciudad del norte italiano en las horas previas al encuentro y atacaron a futbolistas y tifossi ya dentro del estadio Luigi Ferraris. Si de algo ha servido el bochornoso espectáculo de la pasada semana es para recuperar la concentración en cuanto a la seguridad en los estadios de fútbol.

Si bien la UEFA y la FIFA, en cooperación con las distintas federaciones nacionales de fútbol, han conseguido erradicar el grave problema de los “hooligans” que aterrorizó a la gran masa de seguidores del balompié hasta mediados de los 90, la relajación en los controles y la falta de directrices comunes entre las competiciones regionales e internacionales ha provocado una cierta vuelta a la etapa oscura del fenómeno ultra. Tras el pánico desatado en Mazzarri, a buena parte de los profesionales que acudieron al estadio y a los que lo vieron por televisión les sobrevino la imagen de Heysel. La sensación de descontrol absoluto, de dominio de la acción por parte de los ultras que lanzan bengalas, manejan cuchillos y alicates sin ningún complejo desde un fondo del estadio, recordó al fatal suceso de 1985. La sensación es que se pudo repetir aquella terrible desagracia.

El origen del caos se encuentra en la prematura derrota mundialista de Serbia, que si bien no era favorita para lograr el cetro en Sudáfrica, si se esperaba mucho más del equipo dirigido por Antic. Tras este fiasco arrancó la fase de clasificación para la Eurocopa y con la dolorosa derrota en casa ante Estonia por 1-3, los ultra eligieron Italia para protestar ante el “ridículo serbio”. El elemento diferenciador de lo ocurrido en Génova no fue la extrema violencia o los tintes racistas de los actos de los fanáticos, que se definen como afines al nacionalismo serbio. Lo peculiar de este caso es que los ultra viajaron a otro país para cargar contra su propia selección. Amén de realizar la procesión clásica de todo grupo ultra que se precie en las horas previas al partido-, los llamados “Tigres de Arkán” protagonizaron una reyerta en los aledaños del estadio con lanzamiento de piedras y petardos contra comercios e incluso el autobús del equipo, donde permanecía atemorizado el portero Vladimir Stojkovic.


El ex portero del Getafe focalizó la ira de los violentos antes del encuentro por jugar en el eterno rival del Estrella Roja de Belgrado, el Partizan. Con este débil argumento, los ultras serbios lanzaron su ira contra el meta balcánico, que fue alcanzado por un petardo cuando permanecía parapetado en el autobús de la selección. A partir de ese momento se desencadena el caos. Los radicales serbios se hacen con el control del partido y Stojkovic, atemorizado, muestra el drama que aconteció en Génova y el aviso que representa para los organismos rectores de la seguridad en el fútbol.

Fue una experiencia como nunca he vivido. Su portero, Stojkovic, entró en nuestro vestuario, temblando de miedo, pero no sólo por lo que pasó esta noche, también por el regreso a Serbia”. Este es el sorprendente testimonio de Cesare Prandelli, seleccionador transalpino. Stojkovic, después de recibir un petardazo, acudió a sus colegas italianos para buscar protección. Un gesto humano en los vestuarios dentro de la barbarie. En las gradas del estadio Luigi Ferraris la realidad era distinta. Ivan Bogdanov, líder de los “Tigres de Arkán”, se encaramó a una valla protectora para dirigir a su grupo de descerebrados. Con un cuchillo y una bengala en la mano interpretó la sinfonía del terror. Dos bengalas estuvieron muy cerca de alcanzar al meta italiano Viviano que, tras el partido, explicó su visión del conflicto: “era imposible jugar en esa portería, tendría que haber estado siempre de espaldas para evitar que me alcanzase una bengala”.

Con ambos equipos de vuelta a los vestuarios y siendo sustituidos en el césped por un pelotón de carabinieri, se cerró el telón del espectáculo en el estadio. En los aledaños, la policía transalpina encontró a Bogdanov escondido en el capó del autobús de los aficionados serbios, tratando de escapar de Italia. Junto a él, que se declaró horas después de ser capturado amante del país italiano, fueron detenidos otros 17 ultras serbios. Con los malos de la película identificados y un paisaje desolador para el deporte, queda afrontar las consecuencias de este lamentable episodio, que dejó 16 heridos.


Tras la “guerra” de los ultras contra la ciudad de Génova, parece haberse iniciado una batalla posterior por encontrar los culpables del vacío absoluto de control en el estadio Luigi Ferraris. Los serbios introdujeron en el recinto deportivo bengalas, petardos, cuchillos, navajas e incluso alicates. En el cuadrilátero de las acusaciones se han enfrentado la federación italiana de fútbol y su homóloga serbia. Tras un tanteo inicial se sube al ring el Ministro de Interior de Italia, Roberto Maroni, que focalizó su ataque a la escasa información enviada desde el país balcánicos sobre el número y perfil de los aficionados que viajaban a Italia. “El 8 de octubre nos comunicaron que vendrían un centenar de radicales, divididos en dos grupos, aunque si nos hubieran dicho que venían bandas de criminales habríamos actuado de otra forma”, explicó Maroni.

Además apuntó hacia la falta de unidad en las directrices de seguridad en el balompié. Argumentó que si la UEFA adoptara las medidas que el calcio italiano ha decretado no se habría producido ningún conflicto, obviando la permisividad de los controles de acceso al estadio genovés. El ministro explicó que en su país se cancela la posibilidad de viajar a aficionados para ver a su equipo en partidos de alto riesgo. Además indicó la validez del carnet del aficionado, identificativos necesario para acudir como visitante a otras ciudades en el fútbol transalpino.

La Federación de Fútbol Serbia eludió responsabilidades al argumentar que envió un fax a su homólogo italiano detallando el carácter del riesgo que sus aficionados entrañarían en Génova. Además, su presidente ha comentado que "ahora es obligación del Gobierno serbio el lanzar una rápida investigación y establecer quien agrupó a estos jóvenes para venir a Génova y provocar disturbios porque es un acto de agresión que va más allá del fútbol".

La guerra diplomática quizá continúe pero la sanción deportiva corre a cargo de la UEFA. La federación serbia ya ha anunciado que se pondrá en contacto con Michel Platini para que el partido Italia-Serbia se repita en otra fecha. La gravedad de los hechos hacen pensar a los transalpinos que el organismo rector del fútbol europeo entregará la victoria a los pupilos de Prandelli por un resultado de tres goles a cero. Las sanciones a la federación balcánica pueden apuntar a la expulsión de las competiciones internacionales por un determinado periodo de tiempo o a la imposibilidad de disputar encuentros con sus aficionados presentes. La pelota se encuentra en el tejado de la UEFA, aunque la defensiva táctica del ministro Maroni ha puesto el dedo en la llaga: ¿es necesaria una política común de seguridad en el balompié?


Este fue el desarrollo del terror en Génova
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