
Lo cierto es que el tema económico ha protagonizado en buena parte la presentación, este jueves, de
la primera gran ópera de la presente temporada madrileña. El director artístico del teatro de la Plaza de Oriente no ha eludido hablar de cifras, sino, más bien, todo lo contrario. Así, Mortier ha relatado que, cuando hace tres años, nada más ser nombrado en el cargo, decidió incluir este título, el Real contaba con muchas más subvenciones de las que ahora cuenta. Y este hecho ha marcado en profundidad la puesta en marcha de esta nueva producción de una obra que Mortier ha calificado como una de las más importantes del repertorio. Pero que nadie se asuste, aunque Mortier ha afirmado asimismo que, en estos momentos, el Real es uno de los teatros de ópera más pobres de Europa – al nivel de teatros locales como los austriacos de Linz o Graz –, también ha querido despejar cualquier duda sobre la calidad de la obra que
estará en Madrid hasta el 18 de octubre, con un total de 9 representaciones.
La calidad musical, ha insistido, en ningún caso se ha visto afectada. En este sentido, la dificultad económica con la que han tenido que enfrentarse ha servido, a su juicio, para confirmar que en la ópera, la columna vertebral está formada por el coro y por la orquesta. Y está fuera de duda que ambas formaciones madrileñas se encuentran entre las grandes de Europa.
El ahorro, por tanto, ha tenido que realizarse en otras aéreas, como la correspondiente al vestuario, para el que Mortier ha contado que han acudido a una tienda de la madrileña calle de Atocha, donde se pueden adquirir todo tipo de prendas a un precio único de 5 euros.

En cuanto a la obra, Mortier ha querido incidir en dos aspectos fundamentales a la hora de “enfrentarse” a esta
grandiosa ópera de cuatro horas de duración. En primer lugar, ha explicado las diferencias entre las dos versiones existentes de
Boris Gudonov, así como los motivos para haber elegido la segunda, la de 1872, a la que se ha añadido, además, la escena de la catedral de San Basilio (correspondiente a la de 1869) y que se basan fundamentalmente en un relato más completo y, por lo tanto, más comprensible, ya que incluye la parte correspondiente a la lucha de Dimitri para convertirse en zar. El segundo punto en el que Mortier ha querido incidir ha sido en el relativo a la infinidad de clichés que desde siempre han rodeado a esta obra que, a su juicio, no sólo narra la historia de Gudonov, sino la del pueblo ruso hasta la actualidad.
La obra que Musorsgki escribió por las noches, esas horas en las que no tenía que trabajar en su puesto de funcionario,
se basa en la obra homónima de Aleksandr Pushkin, que narra el inquietante drama interior de su protagonista, torturado por la culpa hasta su muerte, y que se desarrolla en la Rusia zarista del siglo XIX, una época minada por las luchas de poder palaciegas y el hambre del pueblo, cuya miseria y esperanza son manipuladas por predicadores, demagogos y falsos profetas.
La dirección musical de la ópera está a cargo del alemán Hartmut Haenchen, que vuelve a dirigir el Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real después de haberlo hecho la pasada temporada en la ópera Lady Macbeth de Mtsensk. En el reparto destaca la participación de Günter Groissböck, uno de los bajo-barítonos más interesantes de su generación, que estará a cargo del papel protagonista. Junto a él: el tenor germanocanadiense Michael König, que interpreta el papel de Grigori (el falso Dimitri), el bajo ruso Dmitry Ulyanov y el tenor eslovaco Stefan Margita.
Coincidiendo con el estreno de
Boris Gudonov, el 28 de septiembre se inaugurará la exposición “Los otros artistas del Real”, con la que se conmemora el 15 aniversario.