Entre los días 13 y 19 de mayo
Riccardo Muti: "Hay una cultura mediterránea que tenemos que defender"
viernes 10 de mayo de 2013, 18:10h
Entre los días 13 y 19 de mayo, el Teatro Real ofrecerá cuatro funciones de la ópera Don Pasquale, de Gaetano Donizetti, bajo la dirección musical de Riccardo Muti.
Entre el ensayo de la mañana y el de la tarde este viernes, Riccardo Muti ha atendido a los medios a la hora del café – el maestro en realidad aún no había comido – para hablar de Don Pasquale, la ópera de Donizetti que se estrena el próximo lunes en el coliseo madrileño en sustitución de la que inicialmente estaba prevista, La Rappresaglia de Saverio Mercadante, cuya partitura fue encontrada en España igual que ocurrió con I due Figari, que pudo verse en Madrid durante la pasada temporada. Dos han sido las razones, según ha explicado el maestro napolitano, que han provocado el cambio en la ópera prevista: el retraso en la llegada de la partitura y una operación quirúrgica a la que tuvo que someterse y que le obligó a estar en reposo durante un mes. “Y yo no soy un director de orquesta que prepara una ópera en una semana”, ha concluido el carismático director de orquesta.
Por lo que se refiere a Donizetti, Muti ha asegurado que se trata de uno de los compositores más difíciles y, en concreto, Don Pasquale es una ópera que supone la continuación del concepto dramático de Mozart. Es, ha dicho, la ópera de la vida de cada día, donde hay situaciones paradójicas pero, aún así, igual que en Così fan tutte, totalmente reales. “Porque la vida de todos los días no es tan divertida”, aseguraba el maestro, para quien la moraleja de la obra es de tipo práctico: “un viejo debe de comportarse como un viejo y no enamorarse de jovencitas, porque eso sólo le traerá problemas”. Donizetti tiene siempre una vena melancólica y la gran dificultad para el director de orquesta está en encontrar un equilibrio entre la risa y el llanto, entre la alegría y la tristeza. El libreto, por otra parte, es de una gran belleza y, por eso, el maestro ha querido insistir en que quien diga que Don Pasquale es una ópera menor es que no ha entendido nada. Eso sí, advertía, “no se trata de una obra de grandes carcajadas y, por eso, es importante que el director de escena entienda la melancolía que subyace en la obra, un rasgo tan marcado del espíritu napolitano y del mediterráneo en general, que Muti duda que puedan llegar a captar los directores que procedan de otra parte. “Hay una cultura mediterránea que tenemos que defender. Nosotros somos pueblos que no hacemos reír, sino sonreír”.
Para Muti, por lo tanto, no se trata de hablar de direcciones escénicas modernas o antiguas, sino que, a su juicio, “existe una dirección inteligente y otra, estúpida”. Porque el punto no está en la modernidad de la puesta en escena, sino en que la misma sea capaz de ayudar a comprender la obra. “Ahora hay cosas que no tienen ningún sentido y que suponen ir en contra de lo que dice la música, porque lo peor es cuando un director no sabe lo que quiere decir la música. Yo sólo pido para la música italiana – y también la española – el mismo respeto que para la alemana”.
La producción de este Don Pasquale procede del Festival de Ravenna, donde se estrenó en 2006, y en Madrid, encabeza el reparto el barítono Nicola Alaimo, que actuará con Eleonora Buratto (Norina), Dmitry Korchak (Ernesto), Alessandro Luongo (Doctor Malatesta) y Davide Luciano (notario). Y como ya hizo en la temporada pasada, Riccardo Muti volverá a dirigir la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, agrupación que fundó en 2004 y con la que mantiene un vínculo especial para la divulgación de la música italiana. A ella se unirá, en estas funciones, el Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo). Por lo que se refiere a la escena, Andrea De Rosa se ha inspirado en el trasfondo de las historias del Decamerón, de Giovanni Boccaccio, para la dirección escénica de la ópera, cuya escenografía es de Italo Grassi y figurines de Gabriella Pescucci.
Esta obra de Gaetano Donizetti encierra, sin duda, una doble y melancólica despedida: fue la última obra maestra de la ópera bufa italiana, que culminaba su camino con la síntesis perfecta de todo su prolífico recorrido; y también el glorioso adiós de su compositor, cuya enfermedad se agudizó al término de esta partitura. Las dos óperas que aún escribiría antes de su definitivo internamiento en el sanatorio de la ciudad francesa de Ivry, fueron creadas entre los desvaríos y las crisis de alienación que golpearon el final de su trágica vida de trabajo frenético, que nos dejaría más de 70 óperas. Don Pasquale, como tantas otras partituras del compositor de Bérgamo, fue escrita con gran presión y urgencia para poder estrenarse en el Théâtre-Italien de París el 3 de enero de 1843. Su composición no superó los dos meses, aunque algunas crónicas hablen, exageradamente, de dos semanas. Donizetti, tal como solía hacer, aprovechó melodías, estructuras, soportes armónicos y fragmentos de obras anteriores, pero el ensamblaje de todo el material está realizado con tal maestría, coherencia interna, riqueza melódica, espontaneidad e ingenio, que en ningún momento se adivina la premura con la que fue creada.