El coliseo madrileño ofrecerá, a partir del próximo 2 de diciembre, 14 funciones de la ópera de Gaetano Donizetti L’elisir d’amore en una coproducción con el Palau de les Arts de Valencia.

Este miércoles, el Teatro Real ha presentado la ópera de Donizetti con la que cerrará el año, una obra de las más queridas por el público madrileño desde el siglo XIX. La misma subió al escenario de la Plaza de Oriente por primera vez en 1851, un año después de que la reina Isabel II lo inaugurase, y desde entonces ha sido representada 67 veces. Con las que se ofrecerán durante este próximo mes de diciembre, sumarán más de 80 y no parece que el público vaya a cansarse de una de las óperas bufas más famosas y redondas de la historia. Aunque, por supuesto, el tiempo cambia las cosas y, sobre todo, las cambian los directores de escena con sus distintas adaptaciones. En esta ocasión, el joven director de escena
Damiano Michieletto ha decidido, por ejemplo, trasladar la trama de la campiña vasca a la animada costa mediterránea actual durante el mes de agosto, para, según ha asegurado esta mañana en la rueda de prensa, “potenciar la humanidad de los personajes originales”.
De modo que en la versión del director italiano, la rica terrateniente Adina se nos presenta como la dueña de un chiringuito playero en pleno apogeo veraniego, mientras que el inocente joven pueblerino enamorado de Adina es, ahora, el encargado de colocar las sombrillas o recoger los residuos abandonados sin cuidado en la arena. Y Dulcamara, el charlatán ambulante que tima con su elixir para enamorados no correspondidos, es, además, un “camello” que proporciona otros remedios más fuertes, mientras que el guapo sargento Belcore, acostumbrado a gustarle a todas – por supuesto, también a la en apariencia inasequible Adina – es un marino que solo dispone de unas pocas horas para desembarcar y divertirse en la playa con la primera que se rinda a sus encantos. Nada más.

Lo que está claro, no obstante, es que el mensaje pervive. O, más en concreto, el alma de esta obra permanece, igual que lo hace la perpetua incomprensión entre hombres y mujeres cuando surge el amor. Y, en este sentido, puede que el escenario donde se desarrolle el nacimiento de esa chispa a veces no correspondida - en ocasiones, simplemente, objeto de confusión - sea en esta ópera menos “trascendental” que en otro tipo de argumentos de corte más histórico. Lo sabremos a partir del próximo lunes. Otro reto al que se ha enfrentado el director de escena ha sido el de tener que trabajar con tres repartos distintos. Michieletto no ha dudado a la hora de responder a la pregunta de cómo se afronta este triple y complejo trabajo. “Con mucha paciencia”, ha asegurado rotundo, añadiendo que prefiere “tomar lo que me puede dar un cantante que obligarle a hacer lo que quiero yo”.
En todo caso, no es el único que ha tenido que enfrentarse al reto de los tres repartos. Por su parte, el francés
Marc Piollet, responsable de la dirección musical, ha declarado que, por ejemplo, los tenores que se alternan en esta producción tienen voces diferentes y su misión ha sido la de adaptarse a cada uno de ellos para que encontraran su espacio y que, al final, el resultado fuera el mismo.
Destaca en los citados tres repartos la presencia de los tenores españoles Celso Albelo e Ismael Jordi, que alternarán el papel de Nemorino con el joven italiano Antonio Poli. El personaje de Adina será encarnado por la soprano georgiana Nino Machaidze, que debutará en el Real, y por Camilla Tilling y Eleonora Buratto, quienes ya han pasado por el escenario madrileño con anterioridad. Regresan también al Real los barítonos Fabio Maria Capitanucci y José Carbó, que se alternarán en el papel de Belcore, y el mediático bajo-barítono Erwin Schrott, quien interpretará a Dulcamara con el italiano Paolo Bordogna.