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CON GUIÓN DE ELVIRA LINDO Y DIRECCIÓN DE JORGE TORREGROSSA

La vida inesperada de Javier Cámara y Raúl Arévalo "no es como la sueñas si no como te viene"

viernes 25 de abril de 2014, 09:09h
Este viernes se estrena La vida inesperada, una comedia dramática sobre los sueños y lo que el paso del tiempo hace con ellos, protagonizada por Javier Cámara y Raúl Arévalo junto a las actrices Carmen Ruiz, Tammy Blanchard, Sarah Sokolovic, con guion de Elvira Lindo y dirigida por Jorge Torregrossa en un deseado rodaje en Nueva York. El Imparcial ha charlado con los dos actores protagonistas.
“Bienvenido a Nueva York, bienvenido a la vida”. Javier Cámara ni disimula su idolatría por la ciudad de los rascacielos, la nocturnidad y los taxis amarillos. No importa que sus calles hayan servido de escenario a un inabarcable número de historias de la gran pantalla, Nueva York respira cine y huele a cine, y por eso tanto Cámara como su compañero de reparto, Raúl Arévalo, no escatiman en halagos para la ciudad en la que, tras años de empeño, han rodado su último trabajo, La vida inesperada. La cinta, una comedia dramática preñada de sentimiento, llega a las salas este viernes y sus protagonistas reconocen en un encuentro con la prensa que removerá algo en el público.

Javier Cámara se mete en la piel de Juan, que se marchó de su Rioja para dejar de ser Juanito y convertirse en el actor que, sabe, es. Lleva diez años en Nueva York y trabaja en un pequeño teatro, con obras en castellano y papeles de todo pelaje y protagonismo. Eso, por la tarde. Por la mañana da clases de algo parecido a la cocina y por las noches sirve copas en un bar frecuentado por gente de su mundillo. Pluriempleado, puede pagarse un piso claustrofóbico al que llega, de visita, su Primo. Y vuelve a ser Juanito. El personaje al que interpreta Raúl Arévalo parece nadar en algodón. Algo más joven que Juan y, de lejos, más atractivo, el Primo trabaja en una entidad bancaria en Alicante con un sueldo cómodo y está ultimando los preparativos de su boda. Eso sí, no ha dicho a nadie que en Nueva York, aparte de Juanillo, le espera una entrevista de trabajo, ni que a veces prefiere no contestar a las llamadas de su novia desde el otro lado del charco.

Para Javier Cámara, no ha sido difícil meterse en su papel porque ‘Juanes’ hay por todos lados. “No hace falta hablar con nadie para hacer de un actor que las está pasando canutas en una ciudad que no es la suya, la única duda es el idioma, pero los conflictos son muy reconocibles, todos conocemos las frustraciones en las que a veces se convierten los sueños”, opina el actor y asegura que él mismo fue 'un Juan' cuando se marchó a vivir a Madrid con una carrera interpretativa nonata.

Lo que sí recuerda el último ganador el Goya al mejor actor, que recibió por su genial protagonista en Vivir es fácil con los ojos cerrados, es el momento en el que terminó de conectar con su personaje y empezó a andar con él hasta su, de nuevo, magistral interpretación en La vida inesperada. “Rodando la primera escena en el teatro, nos dimos cuenta de que uno de los chicos de la figuración estaba mal, como afligido. El chico dijo que es que estábamos contando su vida y ahí fue donde yo caí. Este tío estaba realmente triste y entonces me vino el síndrome del impostor: Juanito empezó a estar dentro de mí”. Como dice Raúl Arévalo durante la película, “el mejor público es que se reconoce en las historias que le cuentan”.

Reconocerse en el personaje de El Primo –que tendrá un nombre, pero no nos lo dicen- es más difícil. En realidad, lo difícil es decir en voz alta que en esa persona indecisa y renqueante hay algo de uno mismo. “Hay quien me ha dicho que mi personaje es un cobarde. Haciendo de psicólogo barato, creo que esas personas son las que se han visto reflejadas en él y, por eso, les duelen con sus decisiones”, intuye Arévalo. “Eso es lo maravilloso del cine”, sigue, “que quieres que los personajes hagan las cosas que quizás tú nunca harías. Supongo que nunca te pondrías a reventar cabezas con una katana, pero cuando ves a Uma Thurman haciéndolo en Kill Bill te encanta agarrarte a la butaca y soltar adrenalina”.

Para el actor madrileño, también ganador de un Goya –al mejor actor de reparto por Gordos-, esta no es “una peli de moralejas, pero sí de preguntas”. Eso sí, liga esos interrogantes “a tus propias vivencias o el momento en que te pille” y cree que “si juntáramos a veinte personas de distintas edades después de ver la película, cada una diría una cosa sobre el final”. O Raúl Arévalo no se puede quejar de vivencias o está pasando por un muy buen momento –eso seguro-, porque si él fuera una de esas veinte personas su diagnosis de La vida inesperada sería claro: “ganas de vivir”.

Para Cámara, el personaje de su compañero es “valentísimo” y “el más difícil de defender”. Sobre un desenlace que probablemente divida al público, el intérprete prefiere pensar que “la gente lo va a ver como un final valiente”.

La vida inesperada habla de sueños y de metas, del amor a la familia y a la profesión, de esperanzas y desesperanzas, de las oportunidades y de los planes B. Para Cámara, “es muy difícil tomar decisiones y la vida te ofrece pocos días para tomarlas”. El actor piensa que “la vida no es como la has soñado, sino como te viene”.

“Hay gente que es muy previsora y muy pragmática y siempre tiene un plan B, por miedo a quedarse con el culo al aire. Aun así, creo que el plan B llega cuando llega, si es que lo hace”, opina Arévalo.

Cámara recoge el testigo: “Abres un día la puerta y el plan B está ahí. De ti depende cerrar la puerta o traspasarla de verdad”. En esa disyuntiva el actor lo tiene claro. “El mundo es de los valientes, de los que se atreven. Las historias cambian o por Abraham Lincoln, o por un tío que va en un coche a conocer a John Lennon, o por otro que se atreve a irse a Nueva York a buscarse la vida como actor sin tener ni idea de inglés. A veces dejas a un lado otras cosas, como la familia o el hogar, pero es necesario cortar los hilos para poder vivir el sueño en todo su esplendor. Hace falta esa mezcla de idealismo y de tozudez que tienen los héroes que cambian el mundo”.


Nueva York

Para idealismo y tozudez los de Elvira Lindo. La escritora, además de firmar el guion de La vida inesperada, es una de las dos personas que han conseguido levantar el proyecto después de de una década. La otra es Javier Cámara. Fue en 2003, tras coincidir en el estreno en Nueva York de Hable con ella, cuando empezaron a “soñar” con esta película, según cuenta Cámara. “Nos fascinaba la idea de rodar en Nueva York, pero yo nunca imaginé que lo íbamos a hacer realmente porque es carísimo”, recuerda el actor.

En colaboración con una productora americana y bajo las órdenes del cineasta Jorge Torregrossa (un “erudito de Nueva York”, según Arévalo) durante seis semanas en la ansiada ciudad y algunos días más en Madrid (la casa de Juan es un decorado), el sueño se materializó.

Para Arévalo, trabajar en Nueva York también ha sido “fascinante”, después de haberse "criado viendo películas e Scorsese y Woody Allen”. Y de otros tantos. Nueva York es un set de rodaje en sí mismo, retratada tantas veces, en miles de formas y colores. “Este es un Nueva York pintado por españoles, un punto de vista muy nuestro”, dice el actor.

Se trata del primer trabajo para ambos intérpretes en el que tienen que defenderse con el inglés. “Desde luego, el tema del idioma era el mayor reto para mí”, confiesa Arévalo, “pero me sentí muy arropado por Jorge (Torregrossa), por Javier (Cámara) y por un profesor que tuve, así que tampoco fue algo que me quitara el sueño”.

Ante uno de los complejos más extendidos en España, Cámara hace gala de su optimismo natural: “Somos nosotros los que nos agobiamos porque tenemos malos acentos, pero ellos nos entienden. Allí están acostumbrados a tener acentos de todos los tipos, incluso en televisión o en cine nadie intenta que los actores cambien su acento porque es muy creíble. Los prejuicios parten de nosotros y, aunque es cierto que tenemos un acento como el culo, nos entienden perfectamente”.

Precisamente, una de las aristas de Nueva York que el actor ama profundamente es “su crisol de culturas y su riqueza étnica”. Para Cámara, la ciudad norteamericana es “como un laboratorio del resto del mundo”. En este sentido, el último ganador del Goya califica de “terrorífico lo que está pasando con la inmigración en España o con la extrema derecha en Europa”. El alto índice de inmigración que registraba nuestro país en sus años de bonanza “ha enriquecido muchísimo la cultura española”, según Cámara, que dice apreciarlo especialmente en las influencias interculturales del cine y la televisión patrias.

El riojano toma prestado aquello de “el nacionalismo se cura viajando” y aboga por “derrumbar ciertos estándares turísticos que hemos generado” y que, en su opinión “nos hacen un mal bastante grande” a la hora de abrirnos a otras culturas. “Hay sitios en los que se vive de puta madre y, sí, también se come que te cagas”, zanja.

Esta es la “tercera vez y media” que Cámara y Arévalo coinciden en la gran pantalla. “La primera no existe para Javi”, bromea Arévalo. Fue en Los abajo firmantes(Joaquín Oristrell, 2003), donde Arévalo tenía un pequeño papel de camarero que supuso sus primeras tres frases en cine. Desde entonces han pasado Los girasoles ciegos, Los amantes pasajeros y dos Goyas. El de Cámara, por cierto, está encima del piano en su salón, con un gorro que le ha hecho su hermana, nos cuenta. “Nos ha tocado hacer de primos en un momento en el que tenemos una relación casi familiar, así que es un trabajo que ya teníamos hecho”, dice Arévalo. “Imagino que algún día nos cansaremos, pero por ahora estamos en el ‘top of the roof’”, bromea su ‘primo’.

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