Broche final de la temporada del Teatro Real, Plácido Domingo y mes de julio. Tres elementos que en la última década de ópera madrileña han venido uniendo fuerzas para dejar en el público del teatro de la Plaza de Oriente el mejor sabor de boca posible antes de marcharse de vacaciones. Este martes 12 de julio, además, los tres han contado con la "ayuda" de Giuseppe Verdi, aunque haya sido con una de sus óperas menos famosas o representadas. I due Foscari, con libreto de Francesco Maria Piave basado en una novela de Lord Byron que a su vez recogía un drama histórico acaecido en Venecia, está considerada como una ópera de juventud de Verdi que, en todo caso, ya anuncia el potente universo musical y psicológico que el gran compositor italiano iba a plasmar en cada una de sus óperas. Así, uno de esos dos Foscari es el eterno padre verdiano que sufrirá el trágico destino de sus hijos con el dolor de sentirse de una forma o de otra responsable del mismo. Foscari padre, o Francesco Foscari, peca en este caso de poner por delante de su condición de padre aquella que le corresponde como gobernante, hasta que es demasiado tarde para salvar a su hijo, Jacopo Foscari, de una sentencia injusta dictada por influencia directa del odio y la venganza de sus enemigos.
El sufrimiento de este padre verdiano – igual que los padres que Verdi sitúa en Luisa Miller, Rigoletto o La Traviata, y que hemos tenido la fortuna de ver interpretados por el mítico Leo Nucci – lo hace suyo Plácido Domingo, interpretando en su ya oficial condición de barítono al dux que pierde a su único hijo superviviente a causa de las intrigas de un vengativo rival a quien no sabe o cree no poder oponerse. Y, por supuesto, lo hace con la calidad que ha marcado su dilatada carrera ante un público que no dudaba en ponerse en pie para premiarlo, después de haber dedicado al otro Foscari, el tenor estadounidense Michael Fabiano, la ovación que se había ganado con su papel del hijo falsamente acusado y sentenciado al exilio ante la falta de acción de su padre. Lógico que Fabiano, a quien ya pudo escucharse en el Real en Cyrano de Bergerac durante la temporada 2011-2012, no haya dejado de consagrarse internacionalmente y sea considerado en la actualidad uno de los tenores más apreciados del mundo.
Junto a los dos protagonistas masculinos de esta ópera en tres actos que el teatro de La Fenice rechazó a Verdi por inapropiada – algunas de las familias que protagonizaron la trágica historia recogida en el libreto aún vivían en la ciudad de los canales -, la soprano norteamericana Angela Meade convence, y así se lo ha reconocido el público, en su rol de Lucrezia Contarini, la esposa de Jacopo que ruega incansable con su timbre poderoso que el corazón del dux lata primero como padre y, solo después, como máximo mandatario de Venecia. Muy aplaudido también, el bajo italiano Roberto Tagliavini en su interpretación del vengativo Loredano. Un villano también auténticamente verdiano, que no contento con la muerte de Jacopo Foscari cuando está a punto de partir al exilio al que ha sido condenado, prosigue su venganza convenciendo al Consejo de los Diez para que despojen al dux del poder que el anciano Foscari había conservado aun a costa de la vida de su hijo. Lo único que le queda. "Ha muerto de dolor", canta entonces el Coro Titular del Teatro Real, como epílogo de este conflicto trágico entre vida pública y privada. Como dramático ejemplo de que llevar al límite la máxima de que la justicia ha de ser igual para todos pueda, en ocasiones, convertirse, muy al contrario, en injusticia para quien es acusado y sentenciado precisamente por no ser igual que todos, sino el hijo de quien ostenta el máximo poder.