Crónica de Rafael Anson sobre las famosas pizzas napolitanas en el restaurante 50 Kalò, di Ciro Salvo.
En mi último viaje a Positano, he tenido la oportunidad de parar un día en Nápoles para visitar Pompeya y, de paso, para probar las famosas pizzas napolitanas.
Según me dijo todo el mundo, el restaurante 50 Kalò, di Ciro Salvo, es el de más calidad y variedad a la hora de tomar las pizzas.
En primer lugar, tuve la posibilidad de aprender que además de las pizzas al horno hay también pizzas fritas.
Como éramos 6, pude probar 4 de las normales y dos preparadas de una manera distinta a través de la fritura.
Para beber, diferentes cervezas, suaves e intensas y con más o menos intensidad y amargor. En total, 6 diferentes cervezas con 6 pizzas, aparentemente iguales pero totalmente distintas.
Para mí, la mejor es la que lleva el nombre del local, 50 Kalò marinara, con aglio dell’ Ufita. En segundo lugar, me encantó la margarita, la de siempre. Sus ingredientes, fior di latte, albahaca y parmesano de 36 meses de curación.
Entre las fritas, las dos que probamos fueron la montanara (con salsa de tomate y parmesano) y la ripieno fritto classico, con ricotta de buffala y embutido de cerdo.
En total, más de 20 variedades de pizzas, todas hechas en el momento, incluyendo la masa, que se prepara a diario. Perfecta la armonía con la bebida que, en este caso, no era vino sino cervezas, todas italianas. De postre, 3 helados y 3 sorbetes. Para mí, lo mejor el sorbete de melón, un cantaloupe de los que, actualmente, se producen en Italia, perfectamente comparables con los franceses.
Con el postre, una copa de Limoncello de Sorrento, admirable, lo que no es de extrañar, teniendo en cuenta que, después de nuestro levante-mediterráneo, los mejores limones están precisamente en el golfo de Nápoles y el golfo de Sorrento. Sin duda, el mejor, el que elabora Alfonso Iaccarino en su hacienda y restaurante Don Alfonso 1990 en Sant’ Agata sui due Golfi donde tuve la oportunidad de cenar al día siguiente.