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ÓPERA

El público de Madrid aplaude la ópera de Mozart Idomeneo en el Teatro Real

El público de Madrid aplaude la ópera de Mozart Idomeneo en el Teatro Real
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(Foto: Javier del Real)
miércoles 20 de febrero de 2019, 17:42h

El martes 19 de febrero el público de la capital española aplaudió la ópera Idomeneo, de Mozart, una obra que pone de manifiesto la vigencia de la obra del genio salzsburgués, no solo como músico, sino también como profundo conocedor de la psicología humana.

Primer reparto


Idomeneo: Eric Cutler

Idamante: David Postillo

Ilia: Atett Fritsch

Elettra: Eleonora Buratto

Arbace: Benjamin Hulett

El gran sacerdote de Neptuno: Oliver Johnston

La voz: Alexander Tsymbalyuk

Idomeneo se representará en el Teatro Real hasta el próximo 1 de marzo.

Se trata de una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Canadian Opera Company de Toronto, el Teatro dell’Opera di Roma y la Ópera Real Danesa de Copenhague, todo bajo la batuta del director y clavecinista inglés, Ivor Bolton, haciendo una de las cosas que mejor saber hacer, dirigir el repertorio mozartiano, en este caso al frente de la orquesta y del coro del Teatro Real.

De hecho, en opinión de este diario, Ivor Bolton fue, junto con la soprano Eleonora Buratto en el papel de Elettra, el principal protagonista de la velada: Bolton dirigió apasionadamente esta obra de un repertorio que domina a la perfección, yendo hasta el extremo de cantar para sí, mientras dirigía, los papeles de los cantantes, al tiempo hacía multitud de expresivas indicaciones, de ritmo, de intención, de musicalidad.., tanto al foso como al escenario, incluidos solistas, en un alarde de conducción magistral que impresionó a los que, por su posición dentro del teatro, tuvieron oportunidad de observarlo. En cuanto a Buratto, la referida soprano italiana, que integra el primer repertorio de esta nueva producción del Teatro Real en el papel de Elettra, conmovió por su siempre expresiva y bellísima voz, actualmente de soprano lírica llena y algo lejos ya de los papeles más ligeros con los que comenzó su carrera. Su actuación dramática, ayudada por un físico generoso y de bastante presencia escénica, estuvo a la altura de su calidad vocal.

La escena de Idomeneo corre a cargo de Robert Carsen. Este canadiense nos propone un ambiente bélico contemporáneo, poco amable, pero que tiene la virtud de acercar la trama de Idomeneo a conocidos problemas actuales: refugiados que naufragan, desarraigo, guerra… La presentación escénica es simple, pero eficaz: casi todo el tiempo la escena trascurre en las playas de Creta. En el horizonte, un mar y un cielo en permanente cambio van anunciado el argumento mientras los personajes visten ropa militar. Otras veces el fondo de escena es una ciudad asolada por los bombardeos, lo que recuerda tristes campañas bélicas más o menos recientes, como la de Los Balcanes o la de Iraq. El cuadro final transcurre en el templo de Creta. Esta vez Carsen opta por un ambiente subterráneo, también propio de un conflicto bélico, donde bidones de metal albergan hogueras que iluminan supuestamente el templo. La crudeza de la imagen contrasta con la belleza de la disposición, muy pictórica, que recuerda vagamente algunos lienzos de gran formato de importantes maestros de la Pintura.

Idomeneo, re di Creta es una de las consideradas óperas serias de Mozart, en línea de otras composiciones del maestro, como Mitrídates, Lucio Sila o La Clemencia de Tito. El libreto es obra de Giambattista Varesco, que lo escribió a partir de la obra Idoménée, de Antoine Danchet. Fue un encargo del príncipe Karl Theodor, duque de Baviera, a Mozart en el verano de 1789. La virtud de esta ópera es, como reconoce Joan Matabosh, Director Artístico del Teatro Real, que constituye un intento de fusionar, en un nuevo modelo híbrido, la flexibilidad de la tragedia lírica francesa y el lirismo de la ópera seria italiana.

Mozart estrenó Idomeneo en Múnich en 1781. En total, el maestro austríaco compuso más de una veintena de óperas, cantidad similar de misas (incluido el Réquiem), una decena de cantatas, unas ciento treinta obras de música profana (romances, canciones, cánones), con o sin acompañamiento, de piano o de orquesta, unas veinte sonatas para piano, una cincuentena de fantasías, variaciones y piezas diversas (a dos o a cuatro manos), y más de cincuenta y cinco sonatas para piano y violín, así como para violines o instrumentos de viento, sin acompañamiento de piano. Compuso más de cien obras entre sinfonías y conciertos, así como multitud de piezas para orquesta, como marchas o serenatas (alrededor de cien). Lo citado suma una producción que supera las seiscientas obras compuestas antes de estrenar en 1791, año en que murió apenas cumplidos los treinta y seis años de edad, La Flauta Mágica.

Si hubiera que resumir el genio de Mozart en unas pocas palabras, habría que decir que su lenguaje musical es claro, de gran finura y pureza de líneas, y de una engañosa y aparente simplicidad, cuya perfecta ejecución exige, en cambio, una gran maestría técnica y un notable talento musical. Sobre la música de Mozart ha dicho Barenboim que tiene, a la vez, “profundidad y ligereza” y que eso es lo que la hace tan difícil de interpretar, dirigir o cantar (Cfr. BARENBOIM, Daniel, El sonido es vida, sine loco, BELACQVA, 2008).

Además existe, entre las distintas partes de las composiciones de mozartianas, una magistral ponderación, un sabio equilibrio, sólo atribuible a un gran maestro. Quizás, lo más digno de destacar respecto de las óperas de Mozart sea su tremenda capacidad para conocer la psicología del ser humano, lo que hace que sus obras maestras sean creíbles y que los problemas que relatan estén, aún hoy, increíblemente vigentes. Esto es indiscutible en todas las obras escritas por Da Ponte, pero también en Idomeneo. Resulta indudable que Mozart, más allá de la palabra, supo infundir a sus óperas la emoción necesaria, de modo que las mismas, además de ser verdaderos retratos sicológicos desde el punto de vista literario, lo son, aún más, en el terreno musical, lo que determina que Mozart siga estando, quizás más que nunca, vigente.

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