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Novela

Jean Echenoz: Vida de Gérad Fulmard

domingo 17 de octubre de 2021, 20:42h
Jean Echenoz: Vida de Gérad Fulmard
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Traducción de Javier Albiñana. Anagrama. Barcelona, 2021. 176 páginas. 17,90 €. El gran escritor francés nos sirve una extraordinaria parodia, entendida a la manera Echenov, de la novela de detectives, en una suculenta y sorpresiva trama que no deja de sumergirnos en nuestro complicado presente. Por Adrián Sanmartín

“¿Quién no se ha imaginado resolviendo un enigma, solucionando un drama o deshaciendo entuertos, devolviendo sus derechos al huérfano y de paso beneficiándose a la viuda?”, nos pregunta el narrador en primera persona –con alguna incursión en la tercera a lo largo de la novela, y protagonista de la última novela de Jean Echenoz (Orange, 1948), que nos llega puntual, la obra se publicó en Francia el pasado año, en su traducción española de la mano de Anagrama, su editorial en nuestro país.

La voz que nos interpela es la de Gérard Fulmard, singular criatura creada por el escritor francés, uno de los más reputados de las actuales letras europeas, merecedor de numerosos galardones, entre otros el prestigioso Premio Goncourt, y que tiene en su haber títulos como Correr –biografía novelada del atleta checoslovaco Emil Zatopek-, Ravel-en torno a los últimos años del célebre compositor-, 14 –intrahistoria de la Primera Guerra Mundial-, y la colección de relatos Capricho de la reina, entre otras obras.

Gérard Fulmard, cuya madre ha fallecido recientemente, se describe a sí mismo, nos confiesa que va a la consulta de un psiquiatra, y nos cuenta que fue auxiliar de vuelo, pero ahora se encuentra en paro y ha de buscarse la vida, pues su situación económica está “frisando la nada”. Por ello, decide convertirse en emprendedor y montar su propia empresa en su casa parisina de la rue Erlanger. En esta iniciativa se gasta las “cuatro perras” que tenía ahorradas y se anuncia como Despacho Fulmard Asistencia. La idea es ofrecer todo tipo de servicios, desde la fontanería hasta la contabilidad, coaching, pero se da cuenta de que es mejor especializarse y así deviene en detective privado: “Desde que me despidieron, me ha dejado tiempo sobrado para leer y ver numerosas novelas y películas de género donde suele ser fundamental el papel de investigador, que me resulta ya familiar”, explica.

Pero, naturalmente, Gérard Fulmard poco tendrá que ver con los detectives clásicos, en la línea de un Philip Marlowe, al que dio vida Raymond Chandler, de un Sam Spade, “hijo” de Dashiell Hammett, o de nuestro Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán, ni mucho menos con los celebérrimos Sherlock Holmes o Hercules Poirot. Fulmard es un antihéroe, que transita por muchas andanzas, en las que pocas cosas le saldrán bien. En un principio, se dedica a buscar mujeres desaparecidas. Su primer cliente .presentado su encuentro con él en una delirante escena, es un viudo, cuya “protegida”, mucho más joven, se ha evaporado. Pero como la clientela no abunda, y de su primer cliente, tras darle un cheque sin fondos, no vuelve a tener noticias, se embarca en un caso que le lleva a relacionarse con un partido, la Federación Popular Independiente, de cuño populista, lo que da pie a suculentas consideraciones sobre el funcionamiento, no precisamente ejemplar, de algunas formaciones políticas, a la entrada de extravagantes personajes, miembros de ese partido, y a montar una trama con supuestos secuestros, venganzas, chantajes y corrupción, llena de giros sorpresivos. Hasta tiene cabida, en el comienzo de la novela, un extraño suceso: la caída de varios pernos gigante propulsados a gran velocidad, que impactan en distintos lugares de París, uno de ellos en el centro comercial donde Fulmard se abastece y provoca la muerte del dueño del piso de alquiler donde vive.

Junto a personajes ficticios hay referencias a algunos reales, como el cantante israelí afincado en Francia Mike Brant, quien con veintiocho años se suicida arrojándose desde el sexto piso de un edificio ubicado en la misma calle donde vive Fulmard, que parece maldita, pues allí también un estudiante japonés de una universidad parisina, asesina y devora a una compañera de clase.

En este mismo suplemento tuvimos ocasión de reseñar Enviada especial, donde Echenoz da una vuelta de tuerca a la novela de espías. En Vida de Gerard Fumard pulveriza la novela negra, ofreciendo una nueva muestra de su maestría en la subversión de los géneros, a través sobre todo de la parodia, entendida en unos términos muy personales, y de un empleo prodigioso de la ironía, siempre elegante, y si caer en el brutal sarcasmo. Pero los, podríamos decir, juguetes cómicos, que nos brinda Echenoz no dejan de encerrar un poso amargo y una aguda visión de nuestro presente, del aquí y ahora, presidido en buena medida por acontecimientos con no poco de enloquecidos.

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