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ORIENT EXPRESS

“Cartas desde Járkov”

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 21 de noviembre de 2021, 19:28h

Leamos una carta del 15 de marzo de 1933: “El lento avance de la siembra en numerosas regiones muestra que la hambruna no ha hecho entrar en razón todavía a muchos de los koljosianos”. Quien escribía estas líneas era Stanislav Kossior (1889-1939), secretario general del Partido Comunista de Ucrania y responsable de la colectivización forzosa del campo ucraniano. Kossior informaba a Moscú de la resistencia que los campesinos seguían oponiendo a la política agraria soviética. Desde 1932, los comunistas venían sometiéndolos al hambre y, aún así, no lograban doblegar por completo su oposición. Ese “todavía”, no obstante, delataba la confianza de Kossior en que, al final, los díscolos ucranianos entrarían “en razón” o morirían de inanición.

En efecto, entre 1932 y 1933, el campesinado de Ucrania sufrió la hambruna inducida y planificada por las autoridades soviéticas para quebrantar su resistencia. Fue el Holodomor. Se calcula que los comunistas mataron de hambre entre 7 y 10 millones de personas.

El Holodomor se conmemora cada cuarto sábado del mes de noviembre. En Ucrania y en las comunidades ucranianas de la diáspora, es un día de memoria y exigencia de justicia. De esto no se habla mucho: este crimen quedó impune. No sólo nadie sufrió castigo alguno por él, sino que se levantó un muro de silencio. Del Holodomor no se hablaba ni se escribía. Existían, desde luego, documentos oficiales, cartas, diarios y otras muchas fuentes que probaban la minuciosidad con que los comunistas habían exterminado a aquellos campesinos que se oponían a la colectivización. No es, pues, un problema de pruebas, sino de libertad; mejor dicho, de falta de libertad.

La madrileña Unión Editorial ha publicado, con el título “Cartas de Járkov. Testimonios sobre la hambruna ucraniana”, un interesantísimo libro de Andrea Graziosi (Roma, 1954) que reúne los textos que este historiador ha recopilado a partir de la correspondencia diplomática italiana que él mismo descubrió en 1987. La obra reúne despachos e informes remitidos a Roma por los embajadores en la URSS Vittorio Cerruti y Bernardo Attolico y por los cónsules y vicecónsules Sergio Gradenigo, Leone Sircana y Francesco Zasso. Como señala Guillermo Cedrez en el estudio introductorio, Cerruti y Attolico “finalizaron abruptamente su servicio debido a desacuerdos con la política exterior llevada a cabo por Mussolini y por su acercamiento a los nazis”.

En 2008, el Parlamento Europeo reconoció “el Holodomor (la hambruna artificial de 1932-1933 en Ucrania) como un crimen atroz contra el pueblo ucraniano y contra la humanidad” y pidió “a los países que surgieron a raíz de la disolución de la Unión Soviética que abran sus archivos sobre el Holodomor de 1932-1933 en Ucrania para permitir un examen exhaustivo de los mismos, de manera que pueda salir a la luz el conjunto de las causas y las consecuencias y ser plenamente investigado”.

En España, que tanto ha sufrido a manos de los comunistas, el Holodomor debería ser motivo de conmemoración. Nuestro país comparte, con otros tantos de Europa y del resto del mundo, la terrible experiencia del comunismo: la persecución religiosa, las matanzas, las checas y otros tantos símbolos de la tiranía que los comunistas imponen allí donde pueden. Esta columna, una vez más, se une a ese recuerdo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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