Desde hace más de tres meses, 120 000 armenios de Nagorno-Karabaj viven asediados por Azerbaiyán, cuyos agentes han bloqueado el acceso por tierra. En la capital, Stepanakert, escasean los alimentos, los medicamentos y el combustible. Hay constantes cortes de electricidad e interrupciones en la conexión a internet. De nada ha servido que el pasado 22 de febrero la Corte Internacional de Justicia requiriese a Azerbaiyán para que asegurase el libre tránsito de personas, vehículos y carga a lo largo del corredor de Lachin en ambas direcciones. Esta semana el Parlamento Europeo aprobó una resolución relativa a las relaciones UE-Azerbaiyán cuyo tenor no deja lugar a dudas.
En efecto, la Eurocámara “condena enérgicamente la última agresión militar a gran escala cometida por Azerbaiyán en septiembre de 2022 contra múltiples objetivos en territorio soberano de Armenia, que constituye un incumplimiento grave de la declaración de alto el fuego de noviembre de 2020 y contradice compromisos previos, en particular los asumidos en el marco de las conversaciones mediadas por la Unión; condena las incursiones militares realizadas a través de la frontera no delimitada desde mayo de 2021” y “destaca las obligaciones de Azerbaiyán en virtud de la orden de la Corte Internacional de Justicia de 22 de febrero de 2023, que exige a Azerbaiyán que adopte todas las medidas a su disposición para garantizar la circulación sin trabas de personas, vehículos y mercancías a lo largo del corredor de Lachin en ambas direcciones” al tiempo que “pide al Consejo que, si no se aplica inmediatamente la orden de la Corte Internacional de Justicia de 22 de febrero de 2023, imponga sanciones específicas contra los correspondientes funcionarios del Gobierno azerbaiyano”. Esta condena se suma a resoluciones de parlamentos nacionales como la aprobada por el Congreso de los Diputados el pasado mes de diciembre.
Sin embargo, los motivos para la preocupación se intensifican. Ante la presión internacional, Azerbaiyán está optando por la escalada política y militar de esta operación de guerra híbrida que viene desplegando contra los armenios. El Mili Majlis, denominación oficial del Parlamento de Azerbaiyán, condenó la resolución del Parlamento Europeo y la atribuyó a “Armenia y a la diáspora armenia, que viene siendo desde hace mucho tiempo un tumor canceroso en Europa”. Así, no importa mucho lo que diga la Eurocámara. Mientras la Unión dependa de Azerbaiyán para satisfacer sus necesidades energéticas, Bakú aprovechará esta posición de fuerza para intensificar la propaganda contra los armenios.
No todo son operaciones militares a gran escala. Continúa el hostigamiento a los civiles y a funcionarios de Nagorno-Karabaj. El domingo se informó de un tiroteo desde posiciones azerbaiyanas contra un agricultor que trabajaba con su tractor en el pueblo de Tagavard. Pocos días antes habían abierto fuego contra tres campesinos que iban a unas viñas en el distrito de Martuni. El pasado 5 de marzo tres policías armenios murieron en una emboscada tendida por efectivos azerbaiyanos.
En realidad, el momento parece propicio para que Azerbaiyán ponga toda la carne en el asador e intente un asalto definitivo a Nagorno-Karabaj. La Unión Europea depende del gas azerbaiyano. Los gobiernos occidentales están muy ocupados con la guerra en Ucrania, pero empieza a haber signos de cansancio. Armenia y Turquía están en proceso de normalizar sus relaciones diplomáticas. Las críticas a Bakú empiezan a extenderse mientras Ereván refuerza sus relaciones de defensa con la India. Tal vez en el futuro la coyuntura no le resulte tan favorable para reanudar los ataques contra Armenia además de prolongar la operación híbrida contra Nagorno-Karabaj. En octubre de 2022 Hossein Amir-Abdollahian, ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, recordó en Armenia que la modificación de las fronteras en la región es una línea roja. Teherán, que ha alcanzado un acuerdo de normalización con Arabia Saudí gracias a la mediación china, desconfía de los intentos de crear un espacio túrquico continuo desde el Mediterráneo hasta las fronteras con China. Así, la escalada del conflicto que Azerbaiyán parece preparar amenazaría con desestabilizar la región entera.