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ORIENT EXPRESS

La primera mujer en el espacio

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de julio de 2023, 19:20h

Sucedió un 16 de junio, pero en 1963, es decir, hace ahora sesenta años. La Unión Soviética y los Estados Unidos competían en la carrera espacial. Moscú había comenzado ganando. En octubre de 1957, los soviéticos pusieron en órbita el Sputnik, primer satélite artificial. Un mes después, en el Sputnik 2, enviaron al espacio a la perrita Laika, cuya supervivencia se consideró imposible y a la que hoy recuerda un monumento en Moscú, no lejos del centro de investigación militar en que se preparó su viaje. En estricto secreto, bajo control militar y protegido por el Comité para la Seguridad del Estado, que es como se llamaba en realidad el KGB, el programa espacial soviético, denominado Vostok, avanzaba imparable. En Washington no podían competir con él ni detenerlo. El golpe definitivo llegaría el 12 de abril de 1961, cuando el teniente Yuri Gagarin (1934-1968) cruzó la atmósfera, se puso en órbita a bordo del Vostok 1 y giró alrededor de la Tierra durante 89 minutos. La URSS cosechó un éxito científico, tecnológico y político clamoroso. En todo el mundo se aplaudió el progreso soviético. En el marco de la Guerra Fría, los Estados Unidos acaban de recibir un golpe muy duro.

La reacción de la Casa Blanca es conocida. En una sesión conjunta del Congreso y el Senado, el 25 de mayo de 1961, el presidente Kennedy anunció su intención de enviar un hombre a la luna antes de que terminase la década. El 12 de septiembre de 1962 insistió en el proyecto ante el auditorio congregado para escucharlo en la Universidad Rice. Los Estados Unidos no podían soportar que la URSS les llevase la delantera. No se trataba tanto del avance de la ciencia y la tecnología como de demostrar que el sistema capitalista era superior al comunista y que el bloque occidental podía derrotar al soviético. Ya en mayo de 1961 lograron enviar a un astronauta estadounidense al espacio. Se llamaba Alan Shephard (1923-1998) y fue el segundo hombre en llegar al espacio. Esto no empaña en nada su logro, pero, a efectos de propaganda, ser el segundo no es como ser el primero. Gagarin había ganado.

En realidad, la URSS seguía llevando ventaja y aquel 16 de junio volvió a demostrarse. Los soviéticos enviaron al espacio dos cápsulas Vostok simultáneamente y, a bordo de una de ellas, viajaba Valentina Tereshkova (1937), la primera mujer cosmonauta y actual diputada en la Duma. También en materia de igualdad, la Unión Soviética parecía aventajar a los Estados Unidos. Aquel mismo año, Betty Friedan había publicado “La mística de la feminidad”, uno de los libros más importantes del llamado “feminismo de segunda ola”, que la llevó a ganar el premio Pulitzer al año siguiente. Mientras las mujeres estadounidenses reivindicaban la igualdad, a las soviéticas se les abrían las puertas del espacio. En agosto del año anterior, Marilyn Monroe (1926-1962) había muerto intoxicada por barbitúricos. Seis meses después, Sylvia Plath (1932-1963) se suicidó en Londres asfixiándose con gas. La lectura propagandística podía ser despiadada.

En realidad, la popularidad de la URSS se prolongó a lo largo de toda la década. En Europa Occidental, esto se notaba menos porque, en general, el anticomunismo formaba parte del espíritu de la época. Sin embargo, en África, en Asia y en buena parte de las Américas, la Unión Soviética representaba la modernidad y el progreso. En este contexto, supuso un verdadero hito la fundación de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos, a cuyo nombre se añadió después el del líder congoleño Patrice Lumumba (1925-1961), asesinado por agentes de Katanga apoyados por los servicios secretos belgas y estadounidense. A Moscú acudirían jóvenes de todos los Estados descolonizados o en vías de serlo y muchachos de los países que habían ganado la libertad con las armas en la mano o que combatían contra el imperialismo, el colonialismo y la dominación extranjera. De ahí saldrían ingenieros, médicos, químicos, físicos y, en fin, licenciados y doctores que nutrirían los cuadros dirigentes y técnicos de los nuevos Estados. La URSS de los 60 estaba representada por Gagarin y Tereshkova, que llevaban a la vanguardia de la revolución hasta las estrellas. Sólo en 1969 lograron los Estados Unidos una hazaña semejante: la llegada a la luna, que no se ha repetido.

Sería un error olvidar esta faceta de la Guerra Fría. La Unión Soviética despertó grandes simpatías en buena parte del mundo. La Federación de Rusia prosiguió esa política de acción exterior centrada en la ciencia y la tecnología. La experiencia de la Estación Espacial Mir, operativa entre 1986 y 2001 y que acogió a astronautas estadounidenses, simboliza el espíritu de una cooperación que hoy parece muy lejana. La Estación Espacial Internacional es, de algún modo, su heredera. Fruto de la colaboración entre la NASA, la agencia espacial rusa Roscosmos, la japonesa JAXA (Japón), la europea ESA (Europa) y la canadiense CSA/ASC (Canadá) sirve como laboratorio científico en diversas disciplinas como la medicina y la física y sigue simbolizando, a pesar de todo, el espíritu de cooperación en aras del conocimiento y el avance de la humanidad.

A sus 86 años, la cosmonauta Valentina Tereshkova, primera mujer en llegar al espacio hace ahora sesenta años, ha manifestado su interés por los viajes a Marte aun asumiendo que el retorno pueda no ser posible. En Rusia, sigue siendo una heroína hasta hoy.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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