Siempre ha sido importante la recepción, la atención y el servicio en la sala. Después del Coronavirus y en la situación actual, cada vez se le da más importancia al trato, a la relación personal.
Esa importancia de la Sala se ha puesto de manifiesto en los muchos Premios que se han ido creando a lo largo del tiempo y en los que junto a la cocina y la bodega se reconoce la importancia de la Sala.
Lo que ocurre, es que hasta ahora siempre el Premio recaía o se relacionaba con el Director de Sala.
Así, por ejemplo, cuando en los años 80 se crearon los Premios de la Academia Internacional de Gastronomía junto al del Arte de la Cocina, aparece el del Arte de la Sala.
También en los Premios de la Real Academia de Gastronomía figura siempre uno centrado en el Director de Sala.
Para mí, lo original de la decisión tomada por Hostelería de España, es que junto a todos esos Premios individuales, decidió crear, hace unas semanas, el Premio al Mejor Servicio de Sala de España.
Es decir, no se trata solo de que haya un gran Director, sino que la “Orquestra” en su conjunto tenga la máxima calidad.
En España ha habido Directores de Sala míticos como Félix en Jockey en los años 60 o Cristóbal en Horcher o Blas en Zalacaín.
También Monje en su Vía Veneto, en Barcelona.
O Diego Sandoval, en Coque.
De una forma muy destacada, sin duda Abel Valverde en la Santceloni de la época y ahora en, Desde 1911.
Quizás, el más singular, porque formando pareja con Ferran Adrià, y pusieron en el escenario gastronómico el mejor restaurante del mundo durante muchos años, Juli Soler, ya fallecido.
Y en Zalacaín, además de Blas, sin duda, Carmelo y, en la actualidad Roberto y Luismi, que recibieron el Premio Excelencias al Mejor Director de Sala. Y Roberto, el de la Comunidad de Madrid.

Zalacaín
Pues bien, Hostelería de España toma una decisión, que probablemente alza camino a que, no solo la sala, sino, también, en cocina y la bodega, se premien equipos, sé premien “orquestras”, se premien conjuntos. Zalacaín, Premio al mejor Servicio de Sala.
Por eso, quería iniciar este artículo con una foto que hizo Nacho Díaz en Zalacaín con su equipo de sala. Porque ha sido Zalacaín, quien ha recibido el Premio de Hostelería de España.
Un Premio que se debe, sin duda, a la iniciativa del Presidente de Hostelería de España, José Luis Yzuel y a su Secretario General, Emilio Gallego.
Naturalmente, el hecho de haber elegido Zalacaín se debe a que, junto a ese gran equipo de sala, tienen también un gran equipo de cocina (con una carta renovada) y un excelente equipo de Bodega.

Restaurantes “Familiares”
No quiero terminar este artículo, sin poner de relieve los restaurantes de la buena mesa, los restaurantes familiares, donde el servicio de sala suele ser inmejorable, familiar, afectivo, incluso, sentimental.
Son restaurantes, donde está la familia, los propietarios, que, como es natural, reciben a los clientes como en ningún otro sitio. Y esa relación amistosa y casi familiar, determina que este tipo de restaurantes estén permanentemente llenos de habituales, de gente que repite, que no quiera ir a otro lugar, aunque, quizás, se coma distinto, a veces mejor, porque quiere ir con sus amigos, quiere ir a su restaurante de siempre.
En todo caso, lo importante es que, a todos los niveles, con estrella o sin estrellas, con soles o sin soles, familiares o no, los clientes exigen, en la actualidad, que además de que el plato sea una maravilla y los vinos sean estupendos, tener un trato humano, singular, amistoso.

Atractivo para los turistas
Sin duda, ese es uno de los grandes éxitos de España y lo que más busca el turista.
En ese punto, nuestros bares y tabernas, nuestros lugares de tapas adquieren una extraordinaria importancia.
Son los elegidos por los turistas, porque son lugares donde se puede hablar con el que está detrás de la barra, pero también con los que tenemos al lado.
Yo he tenido la oportunidad de recorrer algunos de nuestros bares y tabernas y cuando veo algún extranjero sentado en una de ellas, le pregunto si allí son mejores las croquetas o el jamón. La respuesta habitual es “no, aquí un amigo”. Es decir, se ha parado, donde le dan conversación, donde le tratan como, un amigo.